Más que un informe de Gobierno, parecía un mitin del partido. Cuando la jefa de Gobierno de Ciudad de México, Clara Brugada, entró al recinto de Donceles, sede del Congreso local, sonaba la canción Querida de Juan Gabriel, interpretada por un mariachi de música mixteca. Los integrantes de su gabinete se empujaban entre sí para abrirse paso a lado de ella en el vestíbulo y, en el salón de sesiones, ya la esperaban cinco gobernadores, cinco secretarios de Estado, nueve embajadores, los 16 alcaldes de la ciudad y todos los cuadros políticos de Morena en la capital del país. “Es un honor estar con Clara hoy”, fue el grito que se escuchó en cuanto la jefa de Gobierno puso un pie entre las curules, rompiendo la formalidad de la sesión solemne.

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