
Josué Rivera camina con Tommy, un labrador negro de dos años, en un trecho aproximado de medio kilómetro. Su ruta es de cinco cuadras, aproximadamente, entre la avenida Canal Nacional y la calzada Del Hueso, en la zona de Coapa, al sur de Ciudad de México. El perro lleva sobre su arnés un letrero amarillo que se ve a la distancia: “¡No distraer! Por favor, perro guía trabajando”. Rivera es su instructor y simula una rutina de trabajo. En apenas 500 metros, Tommy tiene que lidiar con baches en la acera, desniveles, puestos callejeros extendidos a sus anchas, coches que cierran los accesos a las rampas peatonales. Ante cada obstáculo, se frena y da un pequeño golpe con su hocico a la rodilla de su adiestrador como para señalarle que se detenga. Es parte de un riguroso adiestramiento especializado que enseña a los animales la desobediencia inteligente ante los obstáculos urbanos.






