Los esfuerzos que realizan los países en la protección de la naturaleza, se traducen en mayores salvaguardas para enfrentar los efectos del cambio climático y garantizar el desarrollo. Así lo escuchamos sistemáticamente en los grandes foros climáticos globales, y así lo constatamos recientemente en Chile, donde FSC Chile, la Asociación Parque Cordillera, y junto a una diversidad de actores, nos dimos cita en la Cámara de Comercio de Santiago (CCS) en torno a un propósito común: proteger nuestra montaña y sus ecosistemas naturales, reconociéndola como un verdadero socio estratégico para las empresas y la sociedad.
Esta convicción parte de una premisa básica; los bosques y ecosistemas de montaña constituyen una infraestructura natural y estratégica que hace viable el desarrollo económico y la calidad de vida de las personas. Son la fuente vital de servicios ecosistémicos críticos como la provisión de agua, la protección del suelo, la biodiversidad, el almacenamiento de carbono y calidad del aire. Ninguna actividad productiva, industrial, urbana o social sobrevive a su colapso.
Sin embargo, para que esta infraestructura natural perdure, debemos entender una realidad que la Directora Global de FSC, Subhra Bathacharjee, advirtió recientemente durante la Semana del Clima en Nueva York: aquellos bosques que no generan un retorno económico para sus gestores son, lamentablemente, bosques más vulnerables. Sin un apoyo financiero adecuado y mecanismos de retribución justos, es imposible mantener ecosistemas sanos y resilientes.
Aquí es donde el compromiso de FSC Chile se expande hacia nuevos y ambiciosos desafíos. Recientemente, dimos un paso clave al consolidar una Alianza Hídrica junto al Fondo de Agua Santiago-Maipo y la Asociación Parque Cordillera. Nuestro propósito es llevar las soluciones de FSC directamente a la Cuenca del Maipo, un territorio que alberga un valioso bosque esclerófilo, un ecosistema mediterráneo que, a nivel global, tiene apenas un 2% de su superficie bajo conservación, pero que refugia al 20% de las plantas vasculares del planeta. Esta alianza busca mitigar los procesos de degradación de una cobertura vegetal crítica para regular el ciclo hidrológico y controlar la erosión, protegiendo a la cuenca que abastece a casi 8 millones de habitantes en la Región Metropolitana.
Para que iniciativas de esta magnitud se multipliquen, la articulación entre el sector público y privado es fundamental. Existe una creciente conciencia en el mundo empresarial sobre la dependencia de sus operaciones respecto al capital natural. Fenómenos como el estrés hídrico, la degradación de suelos o la pérdida de cobertura forestal impactan de lleno en la continuidad operacional.
El sector financiero ya lo está integrando con normas internacionales cada vez más estrictas como las NIIF S1 y S2 (son normas internacionales creadas para que las empresas informen sobre sostenibilidad y cambio climático con la misma seriedad que usan en sus reportes financieros), exigiendo que la información sobre sostenibilidad y riesgos socioambientales se reporte con el mismo rigor técnico y trazabilidad que los estados financieros tradicionales. En nuestro encuentro, la representante de la CMF (Comisión para el Mercado Financiero) anticipó que Chile está a la vanguardia global en la implementación de normativas. Para cumplir con estos estándares, las empresas requieren métricas robustas que respalden el impacto de sus operaciones sobre los servicios ecosistémicos de regulación y demuestren una gestión de riesgos eficaz.
Gestionar exige medir, y, entregar resultados confiables con integridad ecológica y social requiere verificar la trazabilidad de los datos, esto está al centro del FSC. En esta cadena, la academia y los investigadores se perfilan como actores muy relevantes. Asimismo, para movilizar inversión hacia los servicios ecosistémicos que deseamos conservar, debemos avanzar en su valorización económica, traduciendo el impacto que ellos generan en nuestras vidas, en propuestas de valor transparentes que conecten con el lenguaje de los inversionistas. Como bien se señaló en el seminario: “las decisiones cambian cuando el valor se hace visible”.
Por último, las políticas de Estado también juegan un rol fundamental en impulsar incentivos claros para transformar este reconocimiento del capital natural en decisiones concretas que nos permitan alcanzar nuestras metas climáticas. Las alianzas público-privadas aparecen como la gran oportunidad para potenciar este cumplimiento.
Queremos que la naturaleza entre de lleno en el ciclo de la toma de decisiones. La propuesta de FSC para lograrlo es clara: la conservación de los ecosistemas estratégicos y amenazados debe ser medible y trazable. Por ello, aplicamos metodologías estandarizadas, como nuestro Procedimiento de Verificación de Impacto de Servicios Ecosistémicos, que permite levantar líneas base, implementar acciones de mejora, monitorear indicadores clave (agua, biodiversidad, salud del suelo, entre otros) y verificar de forma independiente los impactos positivos a mediano y largo plazo.
FSC ha evolucionado más allá de la certificación tradicional, aplicando estas herramientas a escala de cuenca para servir como un puente de confianza transparente entre los gestores del territorio, las empresas y quienes financian. La montaña no es un recurso inagotable ni un telón de fondo decorativo, señalaron con fuerza muchos invitados; es el cimiento sobre el cual descansa nuestro futuro económico y social. Integrarla en la estrategia corporativa y empresarial no es una opción filantrópica y muy pronto será una necesidad de supervivencia.
Necesitamos actuar hoy con visión de futuro, ya que la montaña y su perenne y serena inmensidad, es también una promesa de futuro, permanencia y sustentabilidad.
Columna escrita por Regina Massai, directora ejecutiva de FSC Chile.






