Hace prácticamente una semana, a través de sus redes sociales, la presidenta publicó algunos fragmentos en alusión al segundo año de labores de lo que es, sin duda, el segundo piso de la transformación. A la par de ello, también por los canales de sus cuentas personales, reapareció Andrés Manuel López Obrador. Eso, por un lado, desató una espiral de comentarios de parte de la oposición. Lo que realmente causó más algarabía, en efecto, fueron las muestras de respaldo de AMLO hacia la figura de Claudia Sheinbaum. Digo que fue así porque la narrativa que trascendió de su última obra literaria hace referencia al apoyo irrestricto a la jefa de Estado. Desde luego, eso no concluye allí. En el trasfondo existe una aparición, una muestra de solidaridad frente a la andanada que articula el contrapeso, al igual que los medios conservadores que manipulan la información.

Todos ellos, en conjunto con el PRIAN, tienen claro que sus intereses no son el progreso del país, sino el entreguismo y la subordinación a otras potencias mundiales. Proveniente de distintos frentes, por ejemplo, la andanada ha salido a flote con manipulaciones y un entramado de mentiras que, por supuesto, hemos definido como mecanismos coercitivos para tratar de persuadir a la ciudadanía que, en su inmensa mayoría, apoyó la labor de Sheinbaum. Eso, precisamente en la antesala de cumplir dos años de tomar protesta, se reveló con datos actualizados. Esos datos pormenorizados, calificados como muy representativos, indican que siete de cada diez mexicanos apoyan incondicionalmente a Claudia.

Consciente de todo lo que ha ocurrido en este entorno, palpablemente, es imposible cuestionarle algo a la presidenta. Desde luego, Sheinbaum sabe a la perfección cuáles son los desafíos que deben profundizarse y, con ello, fortalecerse para que las cosas sigan caminando en la dirección correcta. Sobra decir que nos referimos al tema de la seguridad y al interés preponderante del gobierno federal por continuar pacificando cada una de las regiones del país. El valor de esas acciones, en gran medida, se debe a la atención personalizada de quienes se encargan de esas instituciones. Primero que nada, haciendo un estudio minucioso, nos guiamos por los datos e indicadores que califican esta labor. Algunos de los que participan activamente en este ejercicio, evidentemente, son las encuestas nacionales, tanto de desempeño como de constancia de quehaceres.

Ya con los datos probatorios, entonces sí, lo que sigue es realizar una lectura política e institucional. Eso, tan eficaz y crucial, se debe al buen manejo que le ha dado Omar García Harfuch a la labor que le encomendó la presidenta Sheinbaum. Lo que quiero decir es que Claudia no se equivocó al echar mano de los servicios de uno de sus hombres de mayor confianza. Con él, con mucha claridad, existe una relación fortalecida de trabajo que data de los tiempos en que Sheinbaum fue jefa de Gobierno de la Ciudad de México. Precisamente allí quedó plasmada esa habilidad, que siempre fue un instrumento funcional, mayormente para establecer buenas comunicaciones con los alcaldes. Eso, en su momento, garantizó —pero sobre todo manifestó— que las estrategias siempre han buscado alcanzar estándares muy elevados de efectividad.

Demostrando esa capacidad, con una maniobra cantada, Sheinbaum puso a Harfuch al frente de los trabajos de seguridad e inteligencia de una de las instituciones clave de la administración federal. Con los gobernadores, por ejemplo, hay canales de coordinación permanente. Hoy por hoy, mientras las administraciones realizan un corte de caja por el informe de labores, sale a flote el desempeño de Omar en la SSP. Incluso, lo que también ha permitido alcanzar un auge de pacificación es el cruce de información. Hace un par de días, en una difusión por redes sociales, García Harfuch posteó la detención de una banda de delincuentes que operaba en San Luis Potosí al margen de la ley. Él mismo, entendiendo este contexto de reciprocidad, elogió la labor del gobernador Ricardo Gallardo. Por lo pronto, se asestó este enorme operativo ahora que existe correspondencia territorial.

Ese mismo acercamiento, con trabajo constante y perseverante, se da en entidades como Michoacán, Morelos, Puebla, Sonora, Veracruz, Tabasco, Yucatán, Nayarit, Chiapas y la Ciudad de México. Está muy claro que tanto Alfredo Ramírez Bedolla como Margarita González Saravia, Alfonso Durazo, Miguel Ángel Navarro, Alejandro Armenta, Rocío Nahle, Javier May, Eduardo Ramírez Aguilar, Clara Brugada y Joaquín Díaz Mena están haciendo un excelente trabajo. Los enclaves, a propósito de ello, son los que más promedian una disminución de los delitos de alto impacto.

De hecho, ese listado de mandatarios es lo que más publican: reuniones con Omar García Harfuch para tratar asuntos de paz y, por supuesto, mecanismos que coadyuven a seguir garantizando la pacificación. Por eso el impacto es tan mediático.