A Sandro Castro, el nieto influencer de Fidel que maneja varios clubes nocturnos de La Habana, le hicieron hace unos días una pregunta ante sus más de 165.000 seguidores de Instagram. “¿Para cuándo el cambio en Cuba?” El joven Castro posteó una foto suya con una bandera cubana cubriéndole la espalda, mientras miraba de lejos la silueta agrietada de La Habana: “Cuba ya está cambiando, ¿o acaso no lo notan?”, respondió. Ciertamente, el país que era en enero no es el mismo nueve meses después: la mayoría de su gente sigue observando la vida escurrirse entre la escasez y los largos cortes de electricidad, pero una nueva clase privada se encarga de lo que corresponde al Estado, o sea, abastecer farmacias, importar y distribuir el diésel, garantizar la venta de alimentos.

Seguir leyendo