
Fue gracias a un tornillo, un microtornillo de ortodoncia que José Antonio Jiménez traía instalado en las encías. Su esposa, Priscila Murrieta, aguardaba en los pasillos de la sede de la Fiscalía en Mazatlán, en el sur de Sinaloa. Y mientras, el dentista forense entraba y salía. De los cuerpos rescatados de las fosas de El Verde, Jiménez podía ser uno de varios. Descartados lunares y tatuajes, quedaban dos con características parecidas, los dos con brackets. Entonces salió el dentista, le preguntó si traía un tornillo incrustado en la encía. “Cuando me dijo eso, fue como, ¡diablos, sí es!“, explica la mujer. Después entró ya a reconocerlo, a ver su boca, el tornillo, las dos muelas que le faltaban... El horror.





