Durante décadas, la educación infantil alternativa en Chile estuvo asociada casi de forma exclusiva al método Montessori.
Sin embargo, en los últimos años la filosofía italiana Reggio Emilia ha comenzado a ganar visibilidad en jardines infantiles y proyectos de educación parvularia del país, proponiendo un modelo centrado en la construcción colectiva del conocimiento y la investigación a partir de los intereses de los propios niños.
A diferencia del enfoque Montessori (orientado principalmente al desarrollo de la autonomía mediante un ambiente preparado y materiales estructurados), Reggio Emilia promueve el aprendizaje a través de las relaciones, el diálogo y el ensayo de hipótesis formuladas por los párvulos.
Fabiola Acuña, directora educativa de Casa Colmena Preschool en Las Condes y formada en la experiencia reggiana en Italia, explica que la principal diferencia radica en cómo el equipo docente aborda las ideas de los niños.
“Si un niño de cuatro años dice que la sombra se guarda en la noche, acá esa hipótesis se toma en serio: se usan linternas, se sale al patio a distintas horas y se registra lo que ocurre. El niño aprende cómo se produce la sombra, pero también que sus ideas importan lo suficiente como para ser investigadas”, sostiene Acuña.
En este modelo, el educador asume un rol de observador y facilitador, utilizando la documentación pedagógica (registros de preguntas, imágenes y procesos) para visibilizar la evolución del aprendizaje.
Público acotado y riesgos de implementación
Pese a su crecimiento, la presencia de esta filosofía en Chile aún es reducida y se concentra en el sector privado. Acuña advierte que la aplicación del método exige tiempo para la observación, capacitación continua y estabilidad en los equipos pedagógicos.
“Sin eso sobrevive la forma y no el fondo. El riesgo es que ‘Reggio’ se vuelva una etiqueta de marketing asociada a madera clara y buenas fotos. Eso es decoración, no inspiración reggiana”, enfatiza la especialista.
Para las familias que buscan proyectos inspirados en esta filosofía, la educadora sugiere evaluar tres aspectos clave en los establecimientos: la forma en que documentan el proceso de los niños, la frecuencia con que el equipo analiza dicha documentación y la manera en que se comparte con la comunidad familiar.





