La democracia fue amenazada en tiempos modernos por ideologías totalitarias. Sin embargo, ella no solo sobrevivió, sino que a pesar de todas sus limitaciones consiguió ser respetada por ser la garante de la dignidad humana, tanto en sus necesidades materiales como espirituales.
Actualmente, la postmodernidad, en gran medida causa y efecto de la globalización financiera, se ha caracterizado por la voluntad subjetiva de los individuos, lo que está consiguiendo desraizar la razón de la democracia.
En ese sentido, una constelación de blogueros, como Curtis Yarvin, Nick Land, el empresario Peter Thiel, entre muchos otros, están reaccionando contra la democracia, ya que entienden que el orden político centralizado es primordial para el progreso. Creen en una sociedad en que se respete la jerarquía natural, y así permitir a los más aptos gobernar al objeto de ensanchar el camino hacia el transhumanismo. De hecho, varios de sus seguidores promueven la eugenesia para acelerar el proceso de crear generaciones con rasgos físicos, intelectuales y biológicos superiores.
La promesa de futuro está en vaciar la estructura política de principios y ordenar las relaciones humanas (e internacionales) piramidalmente. La igualdad ante la ley, la justicia social, el debido proceso, el Estado de Derecho, la ética, entre otros, son principios o nociones abyectas que han errado la concepción de libertad.
Los neoreaccionarios exigen desprejuiciarnos y crear un orden deslocalizado en que se respete la supremacía de los más evolucionados o fuertes. Les parece absurdo perseguir a través de caminos institucionales a criminales que más bien son una expresión de fortaleza sobre sociedades débiles. Los asesinatos extrajudiciales en alta mar, la situación de los gazatíes (Palestina en general), kurdos, rohingas, uigures, entre otros, son asuntos que sólo pueden tener una solución en base a la fuerza. Los procesos judiciales solo levantan narrativas que nos exponen a mayores conflictos.
Centrar parte de la agenda internacional en buscar caminos que permitan evitar los crímenes internacionales, la concentración de la riqueza, o simplemente pretender regular el desarrollo de la IA para evitar consecuencias adversas, serían acciones que lesionan la “libertad” reaccionaria. Por lo tanto, la concepción democrática en sí misma la identifican como el obstáculo al desarrollo.
La autenticidad y proclamación del proceso reaccionario lo observamos en los tres actores que están disputando el reparto de poder mundial, quienes no hablan de derechos humanos, ni menos de justicia. Estados Unidos, China y Rusia han sincerado sus estrategias de concentración de poder para administrar el sistema internacional.
Ello sucede mientras algunos gobernantes siguen sin comprender las consecuencias que traerá al pueblo que representan el ser absorbidos o subordinados a la dinámica reaccionaria.
Por Jaime Abedrapo, director Centro de Derecho Público y Sociedad USS





