Cristóbal González Lorca (Santiago, 1976), es músico, productor y desde hace diez años escritor sobre música latinoamericana. El también integrante de Santo Barrio cuenta entre sus libros historias sobre Los Prisioneros, Virus y Santa Feria, por nombrar alguno de sus proyectos.

Tras haber forjado una carrera en editoriales independientes, la editorial Planeta se interesó en el último de sus escritos Lo que hay que soñar hay que vivirlo, una serie de textos reunidos sobre la figura y la carrera de Aldo “Macha” Asenjo.

Macha y el Bloque Depresivo en el Estadio Nacional. Foto: Pedro Rodríguez -  Copesa.

La mente tras proyectos como Chico Trujillo, La Floripondio y el Bloque Depresivo ha cultivado una trayectoria alejada de los medios y la vida más pública para centrarse en su obra, su música y las giras que lo mantienen tocando en América y Europa durante gran parte del año.

En esta nueva edición del libro, publicado originalmente el año pasado, se incorporan hitos como el primer concierto de El Bloque Depresivo en el Estadio Nacional, realizado en diciembre —a fin de año ofrecerán otros dos—, y la participación de La Floripondio en el Rockódromo de Valparaíso. La edición también incluye una nueva portada y, según su autor, es un relato “más depurado”.

En conversación con La Cuarta, González Lorca detalla el trabajo detrás de los textos, la reacción del propio Macha y la popularidad que han alcanzado sus proyectos después de más de treinta años en la escena.

“Me alegra mucho que estén teniendo este poder de convocatoria, sobre todo en un contexto tan difícil. Este año, el alza de los combustibles y la inflación han afectado bastante. A mucha gente le está costando”.

Cristóbal González Lorca

Foto: Criss Escobar

—¿Cómo nació la idea de escribir este libro? Es la primera vez que se escribe sobre la figura del Macha…

El impulso venía de hace un tiempo. Tengo otros textos escritos y me he especializado un poco en la escritura sobre música popular chilena y latinoamericana. Además, tengo la suerte de conocer al Macha desde hace muchos años. Pensé que podía ser interesante para quienes lo han seguido y también para quienes quizás no comprenden del todo cómo se ha desarrollado este fenómeno.

El primer tiraje fue independiente, con la editorial Santiago Under. Luego surgió la posibilidad de publicar con Planeta, que se interesó en la obra y ayudó a que llegara a más público, incluidas personas de regiones. Llevo diez años publicando libros, así que lo veo como un reconocimiento y una oportunidad. Lo agradezco.

—¿Cómo se tomó el Macha la idea? ¿Ha podido comentarle algo sobre el libro?

Le conté que tenía este proyecto y le pareció interesante. Leyó un borrador, porque me interesaba que también se sintiera interpretado. Me dijo que se había reconocido mucho y que le había gustado. Me hizo un par de observaciones muy puntuales sobre algunos detalles de fechas y nombres en los que me había equivocado. Por lo demás, lo encontró muy bien y dijo: “Está muy bien escrito, con harta precisión y con mucho cariño”. Le encantó la aproximación. A partir de ahí, fui avanzando.

—En el libro se documentan los 30 años de carrera del Macha. Usted fue testigo privilegiado, en sus roles de músico, productor e incluso tour manager. ¿Cuánto influyó su cercanía al retratarlo?

Claro, utilicé esa cercanía como una plusvalía. Haber estado en distintos lugares, conocer al Macha y haber tenido diferentes grados de cercanía con él me permitió contar y perfilar aspectos interesantes, elementos que me dieron la posibilidad de humanizar un poco más al personaje. Por otro lado, tampoco es exactamente un libro de revelaciones, aunque quizás para algunas personas pueda resultar así. De alguna manera, el Macha ha estado muy vigente y presente en la escena. Lo que ocurre es que hay un trayecto que fue menos visible, y muchas cosas a las que la gente no prestaba tanta atención hoy pueden resultar relativamente sorprendentes.

En mi opinión, bastaba con observar un poco su tránsito y su trayectoria para comprender su obra, que está ahí. Creo que esta aproximación más personal ocupa un 20 o 25 por ciento del libro.

—El libro reúne una treintena de crónicas musicales que abarcan gran parte de la vida musical y personal del Macha. ¿Qué anécdota cree que representa mejor su personalidad?

Por ejemplo, cuando organiza un festival en Villa Alemana, donde tocan bandas de allá, y nosotros vamos con mi banda —Santo Barrio, desde Santiago—, aunque ni siquiera tocamos en el festival. Creo que ese tipo de relato lo muestra como conceptualizador y productor. También está su gesto provocador. Que haya llamado a un recital conmemorativo “La Floripondio 15 años tenía un brillo” muestra un humor muy representativo de la identidad del grupo. En el fondo, el Macha es un artista que, consciente o inconscientemente, en algún momento cruza las líneas de la provocación.

Eso es parte de una escuela ácida y contracultural de Villa Alemana. Al mismo tiempo, está todo ese trabajo de autogestión, que es menos visible: la organización de festivales o el apoyo a la banda de Gustavo Gatica. Creo que esas escenas muestran una faceta más crítica y, por otro lado, un compromiso cultural muy profundo, que va mucho más allá de la imagen de la persona que está arriba del escenario cantando.

—¿Qué cree que fue más difícil: investigar la historia del Macha o lograr que él se involucrara en el proyecto?

Para mí era importante que participara lo más posible y que apoyara el proyecto, porque nos conocemos desde hace mucho tiempo y lo respeto mucho. De alguna manera, no habría seguido adelante si el proyecto le hubiese generado mucho ruido o él no hubiese estado de acuerdo. Para mí era muy importante mantener ese respeto.

No es que se oponga a que la gente escriba; lo que pasa es que es una persona más reservada, a quien no le gusta exponerse demasiado. Es de bajo perfil y no le gusta hablar mucho de sí mismo. Al mismo tiempo, conversamos y colaboró en algunos aspectos, como en el capítulo sobre la influencia de Sumo, en el que aportó bastante.

Quizás más adelante otras personas escribirán y aparecerán nuevas lecturas. Él agradeció este primer ejercicio porque, de alguna manera, el trabajo colectivo de sus amigos merece estos acercamientos: está hecho con conocimiento y cariño. Para mí, con los aportes que me entregó, su visto bueno y los gestos que ha tenido hacia el libro, me basta y me sobra.

Macha y el Bloque Depresivo en el Estadio Nacional. Foto: Pedro Rodríguez -  Copesa.

—Su relato termina con el primer Estadio Nacional de El Bloque Depresivo. ¿Cómo explica este éxito masivo?

No deja de ser impactante. En el libro incluyo una reseña de mi amigo Jordi Berenguer sobre un show que hicieron en La Peña de Nano Parra hace unos doce años, con entradas a dos lucas y alrededor de cien personas. Son impresionantes las dimensiones que alcanzó el proyecto.

Para quienes los hemos seguido, tampoco es tan impactante, porque hace dos o tres años ya habían realizado, por ejemplo, cinco fechas seguidas en el Caupolicán, con 25.000 personas en total. Así que, cuando se planteó el proceso del Nacional, pensé: “¡Wow, qué ambicioso!”. Pero, al mismo tiempo, sabía que les iba a ir bien.

—Este es su sexto libro, después de textos sobre Los Prisioneros y Santa Feria, siempre desde un relato personal. ¿Quiere seguir explorando las historias de otras bandas con las que ha tenido cercanía?

La verdad es que hay harto que contar. Viví varios años en Venezuela, así que tengo algunos borradores sobre el rock venezolano y muchas cosas escritas sobre rock latinoamericano en general. Tendré que ver cuáles serán mis próximos derroteros. Por ahora, estoy muy contento con esta edición y con la recepción que ha tenido.

A veces se confunde la especialización con adueñarse de las temáticas, pero creo que es muy bueno que cada vez haya más voces y distintas perspectivas que expliquen mejor y actualicen el registro cariñoso sobre estos artistas que han tenido tanta llegada.

Lo que hay que soñar, hay que vivirlo - Una crónica sobre El Macha, de Cristóbal González Lorca (Planeta, 2026), puede encontrarse en las principales librerias del país y en sitios como Buscalibre.