Hablar de límites dentro de una relación, no significa decirle al otro qué hacer, cómo comportarse o qué debería cambiar. De acuerdo con la psicoterapeuta, conferencista y escritora argentina Nilda Chiaraviglio, especializada en relaciones de pareja, sexología y diversidad, los límites comienzan en uno mismo y están relacionados con la responsabilidad que cada persona asume sobre sus propias decisiones y conductas.
Durante su participación en el podcast de Marco Antonio Regil, la especialista explicó que una de las principales confusiones al hablar de límites consiste en intentar imponerlos a la pareja.
A poner los límites. Primero, nunca al otro. Nunca es que ‘tú me…’ o ‘tú tienes que…’ o ‘tú deberías’. Nunca. ¿Por? Porque no te hace caso. Así de fácil, ¿no?”
¿Los límites se ponen a la pareja?
La idea, explicó Chiaraviglio, no consiste en controlar las acciones de otra persona, sino en reconocer hasta dónde estamos dispuestos a llegar nosotros y actuar en consecuencia.
En ese sentido, Marco Antonio Regil retomó durante la conversación la importancia de entender que los límites parten de uno mismo:
Entonces, los límites de aquí, a uno. Los límites empiezan conmigo.
¿sí? Nos ponemos límites. Nos limitamos nuestra conducta para respetar nuestros valores, ¿sí? Para honrar quiénes somos y nuestros valores, ¿sí?”
La especialista coincidió con esta perspectiva y señaló que los límites no pueden colocarse sobre la conducta de otra persona, porque cada individuo tiene derecho a tomar sus propias decisiones.
Sí. Entonces, el límite nunca al otro, porque no hace caso. ¿Sí? ¿Y por qué no hace caso? Porque tiene derecho a hacer su vida como se le dé la gana. Pero yo también, ¿sí?”
Desde esta perspectiva, una relación equilibrada no se construye a partir de intentar modificar constantemente a la pareja, sino de que cada persona pueda reconocer su propio espacio, hacerse responsable de sus decisiones y actuar de acuerdo con sus valores.
¿Qué pasa cuando no ponemos límites?
Cuando una persona no establece límites desde el principio, puede terminar acumulando situaciones que le generan enojo, frustración o malestar. Con el tiempo, aquello que no se habló o que se permitió puede convertirse en un conflicto mucho mayor.
La acumulación puede llevar a que una persona termine reaccionando de manera abrupta después de haber tolerado durante mucho tiempo situaciones que le incomodaban.
Acumulas atropellos, acumulas maltrato, acumulas injusticias, acumulas frustraciones. Tanto acumulas que un día, ¡pum!, revientas y se va todo al diablo.”
Por eso, aprender a poner límites también puede ser una forma de cuidarse y evitar que el malestar se acumule hasta llegar a un punto de quiebre.
Y a lo mejor no era necesario. A lo mejor, si aprendes a ponerte límites desde el inicio, no acumulas, tampoco revientas y te cuidas: te cuidas a ti y al vínculo.” Poner límites también implica mirar hacia dentro
Muchas veces, cuando una persona pierde contacto con sus propias necesidades, puede comenzar a invadir el espacio del otro o exigirle que se adapte constantemente a lo que necesita. También pueden aparecer miedos, lealtades inconscientes y patrones aprendidos dentro de la propia historia familiar que influyen en la manera de relacionarse.
Reconocer estos patrones permite observar qué corresponde a cada persona y qué situaciones no deberían cargarse sobre la pareja.
Cuando alguien consigue ordenarse internamente, identificar sus límites y actuar de acuerdo con ellos, puede dejar de desbordarse y de asumir responsabilidades que no le corresponden.
Esto no necesariamente significa alejarse de la pareja. Por el contrario, establecer límites puede ayudar a ordenar el vínculo, ya que cada persona comienza a hacerse cargo de sí misma y de sus decisiones.
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De esta manera, la relación puede convertirse en un espacio donde ambos se encuentren desde un lugar más consciente, respetando la individualidad del otro sin dejar de cuidar el vínculo.
Los límites, entonces, no comienzan diciéndole al otro qué debe hacer. Comienzan cuando una persona reconoce qué necesita, qué está dispuesta a aceptar y qué hará para cuidarse cuando esos límites sean rebasados.




