Hay un tema que nos toca a todos y todas, sin excepción. Una conversación que se repite en las mesas, en el transporte, en las fondas, en el trabajo, en el día a día. Me refiero, por supuesto, a la seguridad. Es ese hilo invisible que define cómo vivimos, cómo trabajamos y qué tanto disfrutamos de nuestro país.
Aunque los debates públicos suelen centrarse en el despliegue de fuerzas o en las cifras delictivas, la seguridad tiene un componente mucho más profundo y humano: la prevención. Evitar que el delito ocurra siempre será más efectivo, más económico y más sano para el tejido social que reaccionar cuando el daño ya está hecho. La prevención y una policía verdaderamente cercana, confiable y con estrategia, son los cimientos reales de una paz duradera.
Hace unos días estuve en Colima y, si algo disfruto de verdad cada vez que viajo, es platicar con la gente, desde niña soy de las que va haciendo plática con quien se encuentre en el camino. En estos tiempos, donde a veces parece que estamos bombardeados por puras malas noticias, me gusta compartir las buenas noticias, no se imaginan el enorme gusto que me dio escuchar, de viva voz de las y los colimenses, que hoy se sienten mucho más seguros y seguras.
Fue tanta mi sorpresa que me puse a investigar y esa percepción ciudadana no es una coincidencia, está sólidamente respaldada por las cifras oficiales más recientes del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP). En septiembre de 2026, el estado alcanzó su promedio diario más bajo de homicidios dolosos en años, registrando una reducción del 85% al pasar de 2.2 casos diarios en 2024 a solo 0.3 en la actualidad. Este año se ha consolidado como el de menor incidencia en este delito de los últimos cinco años en la entidad, reflejando que el trabajo en materia de seguridad empieza a dar frutos medibles.
La palabra, percepción, no es un dato menor. La seguridad también se mide en la tranquilidad de una madre que ve a sus hijos e hijas jugar libres en el parque, en la valentía de la y el comerciante que abren su negocio sin miedo, y en el caminar diario de las mujeres y hombres por su colonia. Se mide también en la sonrisa de las y los turistas que, junto a la gente local, pueden recorrer y disfrutar con paz cada rincón de este maravilloso estado que tiene tanto para mostrar. Cuando la percepción mejora porque las cifras reales a la baja lo respaldan, la comunidad se apropia nuevamente de sus calles y la economía local vuelve a latir con fuerza.
Por supuesto, el camino nunca está completamente terminado. Mantener y mejorar esa sensación de tranquilidad exige un esfuerzo diario donde la seguridad siga siendo el eje central. El testimonio de las y los colimenses es un recordatorio de que, cuando se trabaja con enfoque, los resultados se sienten y los transmite la misma gente.
Al final del día, el mayor indicador de éxito de cualquier estrategia de gobierno es, y siempre será, la felicidad y la paz mental de sus habitantes.
Juntas y juntos impulsemos un entorno donde la prevención sea nuestra mejor herramienta para proteger la tranquilidad de cada familia, demostrando, tal como lo hemos visto este año en Colima, que la paz sí se puede construir con una gran estrategia de seguridad y cercanía.
Jennifer Islas. Política y conferencista.






