
En el camino de vuelta, Jonathan Meléndez empezó a sentirse nervioso. Llamaba a su casa y nadie le contestaba. Inquieto, marcó a la caseta de seguridad del fraccionamiento y pidió que llamasen al departamento por el interfón, a ver si alguien daba señales de vida. En su teléfono, abrió la app que daba acceso a “su Alexa”, un dispositivo domótico que le permitía ver lo que recogía la cámara, hablar por el celular y que se escuchara en el altavoz del artefacto… Pero nada. Pasaba de las siete de la tarde. El amigo que iba con Meléndez en el carro dice que ya entonces se preocupó. Algo pasó en los minutos siguientes, algo que vio en las imágenes de su Alexa, o quizá que, finalmente, alguien le contestó al teléfono, porque a las 19.20, marcó alarmado al supervisor de seguridad y le pidió que llamara a la policía: “Me dijo que su socio estaba armado”.




