¿Deberán poner la medalla en un cohete para que deje atrás la estratósfera? ¿Hay bancos en el espacio para depositar el premio? Este año, entre los candidatos al Premio Nobel de la Paz, se encuentra la Estación Espacial Internacional, que en tanto esfuerzo combinado entre distintos países, representaría lo que es capaz de hacer la humanidad más allá de los intereses nacionales.

A este lado de las nubes, otros candidatos al galardón son el primer ministro canadiense Mark Carney, los equipos de emergencia en Sudán, una institución defensora de la infancia en Ucrania y dos cortes internacionales. También se habla de Donald Trump, que ya tiene una medalla por ese premio en su haber, aunque no fuera a él al que se la otorgaron.

El tradicional juego de especulaciones sobre quién ganará el galardón cobra fuerza ante el anuncio que el Comité Nobel Noruego realizará el 9 de octubre en Oslo. El comité recibió 287 candidaturas para el premio de este año, de las cuales algo más de una cuarta parte corresponde a organizaciones.

En tanto símbolo de cooperación global, la Estación Espacial Internacional es una de las grandes contenedoras hoy para el Nobel de la Paz de este año. Haakon Gjerløw, director del Instituto de Investigación para la Paz de Oslo, afirmó para SBS que la Estación Internacional Espacial, y la organización que está detrás de ella constituye un singular símbolo de cooperación mundial en la conquista del espacio, “en un momento en que el multilateralismo se desmorona y muchos países se han replegado hacia intereses nacionales más estrechos en la Tierra”.

Hace sesenta años, en plena Guerra Fría, la Asamblea General de la ONU aprobó el texto del Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre (OST), fruto de la labor de diplomáticos estadounidenses y soviéticos. El tratado hizo por el espacio lo que la Carta de las Naciones Unidas, el derecho del mar y el Tratado Antártico habían hecho ya por la tierra firme, los océanos y los polos: estableció normas comunes que regulan la actuación de los Estados en esos ámbitos. La Estación forma parte de ese tratado.

La Estación Espacial Internacional (EEI) se acerca al final de su vida útil, previsto para principios de la década de 2030. En un momento en que el espacio está cada vez más congestionado y comercializado, existe el riesgo de que se convierta en escenario de militarización. Cabe esperar que un Premio Nobel de la Paz para la EEI fomente la colaboración pacífica con China y su estación espacial Tiangong, además de contribuir a la elaboración de protocolos adicionales para el OST.

Mark Carney durante su discurso de victoria en las elecciones legislativas canadienses. Foto: Archivo.

En medio de las controversias tarifarias entre Ottawa y Washington, puede que el primer ministro canadiense Mark Carney se lleve una victoria simbólica particularmente dolorosa sobre Donald Trump. Si algunos expertos en casas de apuestas y admiradores destacados están en lo cierto, el primer ministro canadiense podría cerrar el año habiendo obtenido el Premio Nobel de la Paz y el título de Persona del Año de la revista Time.

El lunes, Carney se convirtió brevemente en el favorito para el Nobel de la Paz de 2026 en Kalshi, una casa de apuestas o “mercado de predicción” con sede en Estados Unidos, cuando los operadores de la plataforma situaron sus probabilidades en un 14 %. Posteriormente, dichas probabilidades descendieron, lo que ilustra la naturaleza altamente especulativa de estas apuestas.

No existen pruebas públicas de que Carney figure en la lista restringida y confidencial del Comité Nobel para el galardón. Sin embargo, el revuelo en torno a la posible obtención de este prestigioso premio de la paz por parte del líder canadiense refleja el mensaje que ha impulsado su proyección pública: el lugar de las “potencias medias” como Canadá, en frente de las grandes potencias.

Sede de la Corte Penal Internacional, en La Haya.

La prensa internacional, y el Peace Research Institute de Oslo (PRIO), también mencionaron a dos instituciones “hermanas”: la Corte Internacional de Justicia, y la Corte Penal Internacional. La CPI ha sido objeto de controversia debido a las órdenes de detención emitidas recientemente contra líderes como el presidente ruso, Vladímir Putin, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.

Trump lleva tiempo criticando a la CPI y, en julio, el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, anunció una campaña para “desmantelar la amenaza que representa la Corte Penal Internacional para la soberanía estadounidense”.

Al respecto, en PRIO señalan: “El mantenimiento de un orden normativo reconocido internacionalmente, y en particular del derecho internacional, resulta crucial para prevenir y resolver conflictos en un mundo cada vez más polarizado. La Corte Internacional de Justicia (CIJ) y la Corte Penal Internacional (CPI) promueven la paz a través del derecho internacional, de manera análoga a los congresos por la paz destacados en el testamento de Alfred Nobel.”

Entre las candidaturas más comentadas se encuentra también el activista Mykola Kuleba y su organización, Save Ukraine, además de en paralelo premiar a Save the Children. Ambas iniciativas son relacionadas con el cuidado y rescate de niños en lugares en conflicto.

Mykola Kuleba, fundador y director de Save Ukraine, creó la organización en 2014, durante las primeras etapas del conflicto en el este de Ucrania y Crimea. Desde entonces, ha liderado importantes iniciativas para rescatar y apoyar a niños ucranianos secuestrados por Rusia, así como para ayudar a las familias desplazadas durante la guerra en curso. Su labor combina la acción humanitaria directa con una firme defensa de los derechos de la infancia.

Save the Children, en tanto, desempeña un papel fundamental a nivel mundial en la prevención y respuesta ante las seis violaciones graves identificadas por las Naciones Unidas contra la infancia en zonas de conflicto. Así, ha jugado un rol central en la ayuda humanitaria en Ucrania, Somalia, Sudán, entre otros países.