Poco después de que saltase la noticia de que Maricarmen Abascal había fallecido, una de sus vecinas del edificio de Sainz de Baranda rebuscó en un cajón un pedazo de papel adhesivo para escribir unas líneas. Luego, se acercó a la puerta de la casa donde la mujer de 87 años había vivido las últimas siete décadas antes de ser desahuciada y lo pegó. “Descansa en paz, Maricarmen”, decía el pequeño cartel. Debajo de esa frase también había dibujado un corazón con rotulador negro. Sacó una foto para enviarla a unos familiares y regresó entre lágrimas a su casa. “Maricarmen ha perdido la vida luchando”, cuenta esta vecina, que pide no ser identificada.

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