Con una de las más meteóricas carreras en la vida pública de las mujeres en México, Luisa María Alcalde Luján tiene pendiente todavía, sin embargo, la prueba de las urnas.
Porque si bien la dos veces secretaria de Estado, exdirigente del partido en el poder y actual titular de la Consejería Jurídica de la Presidencia de la República inició su trayectoria en la Cámara de Diputados hace 14 años, a ésta llegó por la vía de una lista plurinominal, ruta que descalificó siendo dirigente nacional de Morena.
“La gente no está de acuerdo con que haya una lista de gente privilegiada, definida por los dirigentes que no salen a territorio, que no pide el voto. Son listas que se utilizan para encubrir actos de corrupción”.
Esas fueron las palabras de Luisa María Alcalde cuando, en el verano de 2025, promovió la fallida reforma electoral que buscaba eliminar a los legisladores de representación proporcional, de los que ella formó parte.
Y es que la ahora funcionaria de Palacio Nacional ocupó el lugar número 1 de la lista plurinominal de Movimiento Ciudadano de la cuarta circunscripción electoral, a petición de Andrés Manuel López Obrador.
Como parte de los acuerdos que hizo con Dante Delgado, líder de MC, el entonces candidato presidencial del PRD, el tabasqueño le pidió una curul para Bertha Luján Uranga. Quería cumplirle la promesa de llevarla al Congreso.
Pero la extesorera del gobierno capitalino no tenía en ese momento su domicilio electoral en la Ciudad de México. Ante ese tropiezo, empeñado en cubrir la deuda de gratitud con su colaboradora, López Obrador le propuso que fuera su hija Luisa María quien ocupara la pluri.
La consejera jurídica de la Presidencia ha contado en entrevistas que fue su madre quien le comunicó que AMLO quería hablar con ella, en las oficinas de San Luis Potosí, en la colonia Roma.
La primera invitación del líder político a la también hija del abogado laboral Arturo Alcalde Justiniani fue para que participara en el área juvenil de Movimiento de Regeneración Nacional, creado a finales de 2011.
Luisa María se convirtió en la figura de un spot de esa organización, al protagonizar una escena en la que abordaba un autobús que portaba la imagen y el nombre de Morena.
Debido a que en sus primeros tres años esa asociación política estaba gestionando el registro como partido —lo cual consiguió en 2014—, los allegados a su fundador participaron en las elecciones de 2012 bajo las siglas del PRD, PT y MC.
De manera que, a sus 25 años, después de cursar un posgrado en la Universidad de California, en Berkeley, Estados Unidos, Luisa María Alcalde Luján llegó al Palacio Legislativo de San Lázaro.
Muy pronto, la integrante de la bancada naranja, coordinada por Ricardo Monreal Ávila, se destacó por sus pronunciamientos en contra del sindicalismo oficialista y el outsourcing, temas con los que estaba familiarizada.
Y es que la llamada legislatura del Pacto por México (2012-2015) inició con una reforma laboral que PAN y PRI avalaron, antes de que rindiera protesta el presidente Enrique Peña Nieto.
Nacida el 24 de agosto de 1987 en la Ciudad de México, la segunda hija de los reconocidos activistas del Frente Auténtico del Trabajo (FAT) estudió su licenciatura en la Facultad de Derecho de la UNAM.
Pese a que confesaba que a ella le habría gustado ser cineasta, pero que su padre la convenció de seguir su misma carrera, la diputada Alcalde Luján aprendió a disfrutar la tribuna parlamentaria.
En esa 62 legislatura cobraron relevancia mediática los llamados de la joven a regular la subcontratación (outsourcing), un hecho que se consiguió a mitad del mandato del presidente López Obrador, cuando ella era titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social.
Quienes la conocieron en San Lázaro, en los pasillos de las oficinas de la bancada naranja, la recuerdan como una joven altanera que se negaba a saludar al dirigente nacional de MC y mal educada con la gente de servicio, recordando el escándalo que armó porque, dijo, se le había perdido una lujosa pluma.
Aseguran los funcionarios parlamentarios que trataron con ella que su trato distante con la gente sencilla contrastaba entonces con su retórica política en favor de la igualdad y en contra de las injusticias.
Son críticas que se diluyen frente a los elogios que durante su sexenio le hizo el presidente López Obrador a su primera secretaria del Trabajo y al programa de Jóvenes Construyendo el futuro, consistente en becas económicas para personas de entre 18 y 29 años empleados en instituciones públicas y privadas.
Si bien el programa fue cuestionado por organizaciones de la sociedad civil por supuestas anomalías y subejercicios, y trascendió en la prensa en varias ocasiones que la titular del Trabajo sería reemplazada, el mandatario la premió en junio de 2023 con la Secretaría de Gobernación en el momento en que Adán Augusto López se fue a la campaña como precandidato presidencial.
En varias ocasiones, López Obrador dijo sentirse muy orgulloso del desempeño de Luisa María Alcalde Luján. “Es una profesional, una muy buena servidora pública, con mucha experiencia, pero, sobre todo, sensible y honesta”, declaró al designarla como titular de la SEGOB, la más joven en ese cargo en el que estuvo 16 meses.
La afinidad de la morenista con el fundador de la autoproclamada cuarta transformación es tal que, a diferencia de los otros tres secretarios de Gobernación que ha habido desde 2018 que cuidaron la investidura del cargo evitando mensajes partidistas al reunirse con legisladores de otras fuerzas políticas, ella no desaprovechó la tribuna del Congreso para exaltar la gestión de López Obrador.
Y es que una de las mayores fortalezas de la consejera jurídica es a la vez su mayor debilidad: busca representar la parte radical y pura de la 4T, en tanto siempre se ha definido como morenista y de izquierda, una adscripción que asumió en el seno familiar y que siendo preparatoriana la involucraron en la resistencia perredista por el desafuero contra López Obrador.
Pero a diferencia de su padre, reconocido en el gremio de los abogados laborales por su capacidad de defensa de trabajadores independientes y de construir acuerdos en beneficio de las partes, Luisa María Alcalde no desplegó hasta ahora cualidades del tradicional oficio político que reclama la formulación de consensos y la capacidad de diálogo con diversos actores de la vida pública.
Por el contrario, bajo la bandera de una pureza ideológica, como presidenta de Morena tropezó por sus malos modos con las dirigencias del PVEM y del Partido del Trabajo, al ningunearlos en su rechazo a la reforma electoral.
En febrero de este año, Luisa María Alcalde pretendió imponerle a los verdes y petistas las dos medidas que la hicieron inviable: recortar a la mitad el financiamiento público a los partidos y desaparecer la representación plurinominal.
Según trascendió, la dirigente partidista les habría dicho a los aliados “¿Ustedes quién se creen?”, cuando ellos exigían ajustes que les permitieran acompañar la iniciativa en el Congreso.
Las conversaciones se rompieron, la reforma se cayó y junto con ella la presidencia de Luisa María Alcalde Luján en Morena quedó herida, cuando apenas llevaba en el cargo 18 meses y al que llegó con el inicio del actual sexenio.
Del año y medio en que encabezó al partido en el poder queda como escena sobresaliente su defensa a Andrés López Beltrán, secretario morenista de Organización durante el mismo lapso.
Cuando el hijo del expresidente regresó de su controvertido viaje a Japón, Luisa María abrió los micrófonos del
podcast de Morena para que se inconformara con las críticas y con quienes le llamaban Andy regateándole el orgullo del apellido de su padre. Ella lamentó que él recibiera un juicio mediático “injusto y exagerado”.
En mayo de este año, ante su inminente salida del partido, Alcalde Luján cometió lo que en el sistema política mexicano siempre se ha considerado un error: poner en duda si aceptaba el ofrecimiento presidencial de encabezar la Consejería Jurídica. “Deme un ratito para pensarlo, ya la buscaré para poder plantearle mi decisión”, contó ella misma que le había respondido a la mandataria.
Unas horas después rectificó y anunció que se sentía honrada de asumir tan alta encomienda, desde la cual, sin embargo, su principal acto público ha sido la de difundir una lista de periodistas y críticos al gobierno a quienes acusó de ser parte de “un ecosistema de amplificación digital”.
Los cuestionamientos a ese manejo de la consejera jurídica de Palacio Nacional en la conferencia que se hacía los miércoles con el nombre de “Derecho de réplica” fue tal que el futuro de ese ejercicio —ahora suspendido— es incierto, como también lo es la ruta política que seguirá para ella.
Y es que, dentro de unos meses, la funcionaria de la Presidencia de la República dará a luz de su segundo hijo, por lo que tomará una obligada licencia laboral.
Ese recesó coincidirá con la definición de las candidaturas para alcaldías y diputaciones federales que se disputarán en 2027, una aduana imprescindible para una política de trayectoria meteórica y a la que sólo le falta ganar un cargo de elección popular sin la ayuda de la lista pl




