La fuerte presencia de las casas de apuestas en el fútbol brasileño quedó en medio de un enfrentamiento entre Luiz Inácio Lula da Silva y varios de los principales clubes del país. El presidente volvió a cuestionar al sector este martes durante su intervención ante la Asamblea General de la ONU.

Brasil no va a tolerar ese modelo de negocio que transforma el vicio en lucro, endeudando y destruyendo miles de hogares”, afirmó Lula en Nueva York. Sus palabras prolongaron una ofensiva que durante los últimos días provocó una reacción pública desde el fútbol brasileño.

El punto de conflicto está en las restricciones que analiza el gobierno. Según informaciones publicadas en Brasil, el Ejecutivo prepara medidas contra parte del negocio de las apuestas en línea, aunque todavía no existe una definición que implique la eliminación de las apuestas deportivas. Una de las alternativas estudiadas apunta específicamente a los casinos en línea.

Ante ese escenario, clubes como Flamengo, Palmeiras, Corinthians, Botafogo, Fluminense, Cruzeiro y Santos han defendido la continuidad del mercado regulado. Los equipos sostienen que las restricciones podrían afectar una fuente de ingresos que adquirió un peso importante dentro del fútbol profesional.

Si se acaba el mercado regulado, las apuestas no se acaban. El fútbol es el que se acaba”, plantearon los clubes al defender su postura. Su argumento es que limitar a las compañías autorizadas podría terminar favoreciendo a operadores que funcionan fuera del sistema regulado.

Las cifras ayudan a dimensionar esa relación económica. Durante 2025, 18 de los 20 clubes de la primera división brasileña tuvieron a empresas de apuestas como patrocinadores principales, aunque esa presencia disminuyó a 13 equipos durante 2026.

En conjunto, las compañías de apuestas destinaron durante 2025 alrededor de 223 millones de dólares al patrocinio de los 18 clubes brasileños de primera división mencionados en los antecedentes entregados, una cifra que permite explicar la resistencia de los equipos ante eventuales restricciones.

Lula ya había respondido directamente a esa defensa días antes. El mandatario rechazó la idea de que el fútbol dependa necesariamente de estos contratos y recordó que varios de los principales clubes brasileños consiguieron sus mayores logros mucho antes de la expansión de las casas de apuestas.

“El juego está hecho para que ellos ganen. Los equipos de fútbol no pueden querer que el pobre, que ya gasta dinero para ver el partido, pague autobús, pague metro, todavía tenga que jugar para complacer a los equipos”, sostuvo Lula.