La maquinaria electoral guinda avanza con la fuerza de la marca del partido, los programas sociales que benefician a 35 millones de personas y la popularidad presidencial.

Del otro lado del ring, Acción Nacional reivindicó el miércoles a su expresidente Felipe Calderón, quien acudió al Foro América Libre, desatando la furia de la peor cara de la 4T que, por conducto de sus bastiones de choque, descabezaron su estatua, tirada en el suelo desde meses atrás en el ahora llamado Centro Cultural Los Pinos.

La escena es tan grotesca como ilustrativa de lo que están dispuestos a hacer las huestes de un movimiento en el que no se perdona que su villano favorito haga vida pública, en un acto en el que además el dirigente nacional de los panistas, Jorge Romero, señala que “en México existe un pacto entre quienes lo gobiernan y el crimen organizado”.

Ese mismo día, mientras los análisis destacaban que la presidenta Claudia Sheinbaum había logrado imprimir su fuerza en los futuros candidatos a gobernadores, definidos el martes, el expresidente Andrés Manuel López Obrador difundió un video con motivo de su nuevo libro.

Esta aparición se dio en una semana con nuevos señalamientos de autoridades de Estados Unidos de narcopolítica en México contra funcionarios morenistas, y como antesala de la confirmación que el jueves difundió su hijo Andrés López Beltrán de que buscará ser diputado federal por Tabasco por elección directa, como candidato de mayoría.

Más allá de las especulaciones sobre el peso del expresidente y de la presidenta Claudia Sheinbaum en el reparto de las postulaciones, el pragmatismo de la maquinaria guinda priorizó el dedazo de la mayoría de sus gobernadores y premió su alianza con el PVEM, desdeñando al PT.

Pero también en la oposición comenzó a cocinarse una coalición de facto, el miércoles, entre el dirigente del PAN y su homólogo del PRI, Alejandro Moreno, en el informe del alcalde Adrián de la Garza, futuro candidato al gobierno de Nuevo León, con amplias posibilidades, pues le ganó en 2024 a Mariana Rodríguez, esposa del gobernador Samuel García; y en 2021 dejó muy atrás a la abanderada morenista Clara Luz Flores, que habrá de repetir en la boleta, con el hándicap de que ni el PVEM quiere ir con ella y amaga con postular en solitario a Waldo Fernández.

Un día antes, Jorge Romero asistió al informe del alcalde de San Luis Potosí, Enrique Galindo, quien se perfila para contender por la gubernatura con la senadora del PVEM Ruth González Silva, esposa del gobernador Ricardo Gallardo.

Esa alianza en favor de alcaldes destacados que llegaron al cargo por ambos logos se estaría buscando en la dirigencia panista en Zacatecas, con Miguel Varela y en Colima para Riult Rivera.

Hay casos como Nayarit y Tlaxcala, donde, pese a los malos resultados de Morena –al grado que los gobernadores Miguel Ángel Navarro y Lorena Cuéllar no pudieron empujar a sus delfines– la oposición carece de opciones que le den la batalla.

Si bien la tlaxcalteca morenista Ana Lilia Rivera destacó como presidenta del Senado, su compañera del PVEM, la nayarita Jasmine Bugarín no pareciera tener buenos reflejos, a juzgar por el tropiezo en que metió al gobierno y a su coalición, convirtiéndose en la primera aspirante con doble nacionalidad, justo mientras se aprobaba la reforma para prohibirla en candidatos a gobiernos federal y estatales. Un perro oso.

Poco futuro se espera para la oposición en Guerrero y Baja California, donde los pleitos entre morenistas persisten y, en el caso de la cachanilla Julieta Ramírez, pesan en su contra la filtración de que le suspendieron la visa americana, como a su exjefa y examiga, la gobernadora Marina Ávila, emproblemada como pocos por los señalamientos de Estados Unidos por supuesto nexos malandros.

Lo mismo sucede con Michoacán y Campeche, donde la oposición carece, por lo pronto, de perfiles visibles competitivos, aun cuando poco tiene la 4T qué presumir en esos estados. Los prospectos viables estarían en Movimiento Ciudadano, con Grecia Quiroz y Eliseo Fernández.

Y aunque Acción Nacional en Querétaro y Aguascalientes con gobernadores destacados en su operación política, Mauricio Kuri y Tere Jiménez, no deberán confiarse porque en la disputa electoral siempre puede haber sorpresas.

En Baja California Sur, el diputado del PVEM Manuel Cota, hijo del exgobernador de igual nombre y cercano a López Obrador, competirá con el legislador panista Francisco Pancho Pelayo Covarrubias, a quien la dirigencia de Romero le tiene mucha fe.

Las cosas se complican para el PAN en Sonora, donde el alcalde de Hermosillo, Antonio Astiazarán Gutiérrez, tendrá que competir con la maquinaria de Morena que llevará a las urnas a Lorenia Valles, y con Donaldo Colosio de MC, quien podría captar el voto duro priista, al margen de lo que determine la dirigencia de Alito.

Y donde los panistas lucen más que confiados es en Chihuahua, con el alcalde de la capital, Marco Bonilla, una vez que en Morena batearon a la popular Andrea Chávez y optaron por el exazul Cruz Pérez Cuéllar, una definición que ilustra muy bien el enfrentamiento entre maquinaria guinda y personajes de la oposición a la que, como diría la senadora Carolina Viggiano, secretaria general del PRI, prefieren que les digan prianistas y no narcocandidatos