SEÑOR DIRECTOR:

El aluvión ocurrido en Las Condes tras las intensas lluvias invita a analizar sus causas. Además de las precipitaciones concentradas en poco tiempo y una isoterma cero elevada, es necesario considerar cómo los incendios afectan el suelo. En enero de 2026, cerca de 1.000 hectáreas de los cerros de San Carlos de Apoquindo fueron afectadas por un incendio. La pérdida de vegetación y raíces que estabilizan el terreno puede aumentar su vulnerabilidad a la erosión y las remociones en masa.

También debe considerarse la hidrofobia del suelo, que puede aparecer tras incendios importantes y períodos prolongados de sequía. El terreno puede volverse repelente al agua, reducir su infiltración y favorecer la escorrentía. Ante lluvias intensas, el agua desciende por las laderas y arrastra sedimentos hacia zonas urbanas. Aunque se planificaron obras de contención y mitigación, no fueron implementadas a tiempo. La prevención debe considerar las amenazas meteorológicas, las características de las laderas y los efectos de los incendios.

No podemos atribuir estos episodios exclusivamente al cambio climático. Es fundamental monitorear los suelos quemados, evaluar su capacidad de infiltración e identificar las zonas de mayor riesgo. Esta información debe orientar las medidas de mitigación.

Proteger a las comunidades junto a los cerros de Santiago exige comprender cómo interactúan las lluvias, el terreno y los incendios. Es necesario anticiparse y ejecutar medidas antes de una nueva emergencia.

Catalina Marshall

Académica e investigadora

Esc. de Arquitectura, U. Finis Terrae