En los anaqueles de cualquier supermercado mexicano, una barra de mantequilla puede costar lo mismo que seis veces otra con el mismo peso, y nada en el empaque garantiza que la más cara sea, en efecto, la de mejor calidad.
Esa es justo la pregunta que un laboratorio federal se propuso responder al analizar decenas de productos que prometen untarse, derretirse y saber igual, aunque no todos cumplan con lo mínimo que la ley exige para llevar ese nombre.
El resultado dejó algunas sorpresas: una de las opciones más económicas del estudio resultó impecable en la mesa de pruebas, mientras que marcas con reputación internacional, de empaque elegante y precio considerablemente más alto, terminaron con advertencias en la etiqueta frontal.
La barra de 23 pesos que dejó atrás a las importadas de casi 150
Se trata de la Procuraduría Federal del Consumidor, que en la edición de julio de 2026 de su Revista del Consumidor publicó un estudio de calidad sobre mantequillas y margarinas elaborado por su Laboratorio Nacional de Protección al Consumidor.
La prueba abarcó 43 productos —26 mantequillas y 17 margarinas— de marcas que van de las más económicas hasta las de importación, evaluando contenido neto, tipo y cantidad de grasa butírica, agua, sodio, aporte energético, etiquetado y cumplimiento de la norma NMX-F-729-COFOCALEC-2013, que define qué puede llamarse mantequilla en México.
Entre las mantequillas sin sal —la categoría con mejor desempeño general— Chipilo, en su presentación de 90 gramos, se distinguió por no acumular un solo sello de advertencia: ni exceso de calorías, ni de grasas saturadas, ni de sodio, además de cumplir con el mínimo de 80 gramos de grasa láctea por cada 100 gramos que marca la norma.
Su precio de 22.97 pesos por envase (25.52 pesos por cada 100 gramos) la coloca entre las opciones más accesibles de toda la muestra.
La comparación con las marcas de gama alta resulta reveladora. Lurpak, de origen danés, cuesta 97.65 pesos por su presentación sin sal de 200 gramos —casi el doble por cada 100 gramos frente a Chipilo— y cuando se analizó su versión con sal, el laboratorio le detectó exceso de sodio; su mezcla con aceite de canola fue señalada, además, por no ajustarse a ningún estándar de calidad reconocido para mantequilla.
Président, otra firma de perfil gourmet, llegó a 123.37 pesos por 200 gramos sin sal, sin que ese precio se tradujera en una ventaja medible sobre las opciones nacionales. Ni siquiera recurrir a una marca económica es garantía automática: Great Value, pese a costar $53.00 por 225 gramos, sí recibió sellos por exceso de calorías y grasas saturadas.
El estudio también documentó un caso de incumplimiento directo: la versión "reducida en grasa, sin sal" de Gloria aportó apenas 60 gramos de grasa butírica por cada 100, por debajo del mínimo legal, por lo que Profeco concluyó que ese producto específico no puede comercializarse bajo la denominación "mantequilla".
El hallazgo confirma que el precio y el prestigio de una marca no siempre coinciden con el cumplimiento normativo, y que revisar la etiqueta frontal de advertencias sigue siendo, según la propia dependencia, el método más confiable para decidir qué llevarse al carrito.




