Esta semana, en un episodio que parece salido de una serie de ficción, un agente de inteligencia artificial (IA) creado por OpenAI buscó (y encontró) vías alternativas y no autorizadas para completar la tarea que se le había encomendado: recabar información sobre el gasto público en medicamentos en Australia. El sistema terminó accediendo sin autorización a archivos no públicos de un portal del sistema de salud del país. Aunque no hay indicios de que se hayan vulnerado datos personales, el incidente se ha convertido en el primero en ser reportado contra un organismo gubernamental y, con ello, también en un cuento con moraleja para el resto de los países que despliegan la herramienta. Eso incluye a México.

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