México está envejeciendo más rápido de lo previsto, lo que obliga a repensar su escenario económico de largo plazo. Según las proyecciones oficiales, la edad mediana de los mexicanos ha aumentado de 29 a 32 años, mientras que la cantidad de nacimientos ha descendido, una combinación que permite anticipar una generación con una fuerza laboral reducida y, por ende, una base más estrecha de contribuyentes para sostener el crecimiento económico, las pensiones y los sistemas de cuidados del futuro.

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