El lunes pasado tuve la oportunidad de ser testigo del cierre de las operaciones conjuntas entre elementos del Ejército mexicano con sus homólogos estadunidenses en Santa Gertrudis, en Chihuahua. Allí, además del famoso rancho ecuestre están las instalaciones de la Quinta Zona Área Militar y se encuentra también el Centro Nacional de Adiestramiento. Allí estuvieron 139 elementos del ejército estadunidense y 518 de la Defensa mexicana.
La verdad fue un ejercicio impactante por la presencia de tropas de infantería, de fusileros paracaidistas, de aerotransportadas, de helicópteros de combate, ejercicios realizados además con fuego real. El objetivo del operativo, en los enormes terrenos del centro de adiestramiento, era la toma de un poblado ocupado por hipotéticos adversarios, con apoyo en los cerros colindantes, para detener a dos de sus líderes que se escondían en una iglesia. Por uno de los flancos del pueblo penetraron fuerzas estadunidenses, por los otros soldados mexicanos, y luego de un proceso de ocupación casa por casa, llegaron fuerzas aerotransportadas que ingresaron en forma relámpago, en medio del enfrentamiento, a la iglesia y detuvieron a los dos objetivos, al tiempo que en los cerros cercanos descendían los fusileros paracaidistas.
Es lo más cercano que puede existir a un operativo real para detener, por ejemplo, a un líder del crimen organizado, y se realizó con estrictas medidas de coordinación, luego de varios días de trabajo conjunto de las dos fuerzas militares. El operativo fue supervisado por varios de los principales mandos militares mexicanos y estadunidenses, entre ellos el jefe del nuevo comando hemisférico de América, que une el Comando Norte y el Sur, el general Joseph Ryan.
No son ejercicios para implementar operativos conjuntos en territorio nacional, eso queda claro para los mandos de las dos fuerzas militares, son para establecer coordinación humana, material, de comunicaciones y armamento con el fin de preservar la seguridad de la región de América del Norte, con espacios soberanos bien delimitados entre los dos países. Pero esos mecanismos de colaboración, como me decía un oficial estadunidense, son fundamentales que se realicen de esta forma para establecer no sólo conocimiento y contactos institucionales, sino también para generar confianza personal mutua, y ése es uno de los éxitos de estos operativos, que se vienen desarrollando, alternativamente en bases militares de cada uno de los dos países, desde 2022.
Hace algunos años, una operación de entrenamiento conjunta de estas características era impensable. La distancia y la desconfianza en el ámbito militar era norma. Desde 2016 comenzó a cambiar esa dinámica y en los últimos años la diplomacia militar, la relación entre ambos ejércitos trabajando en forma conjunta en varios ámbitos y particularmente en el Comando Norte ha permitido, más allá de las vicisitudes diplomáticas, establecer mecanismos inéditos de colaboración militar.
Eso se ha reflejado en operativos espejo que se han realizado entre los dos países, como el que se ha implementado en nuestra frontera norte y que ha reducido drásticamente la migración ilegal, o más recientemente el de lucha contra drones utilizados por el crimen organizado. Existe un vasto intercambio de inteligencia e información en temas de seguridad y ha habido visitas constantes de los mandos de la secretaría de la Defensa Nacional y Marina a Estados Unidos y de mandos militares de ese país a México.
En este espacio hemos dicho que la diplomacia militar está un paso adelante, o varios, respecto a la diplomacia civil en la relación con Estados Unidos. Eso obedece a muchas razones, pero la principal es que las Fuerzas Armadas de los dos países están integradas por profesionales, son manejadas por hombres, y cada vez más mujeres, que han tenido muchos años, décadas, de carrera, que trascienden las coyunturas sexenales en nuestro caso o de los cambios de cada cuatro años en la Unión Americana.
La seguridad regional exige estos mecanismos de colaboración militar y los mismos son una constante en la actualidad. Después, en las declaraciones de los políticos de uno u otro lado de la frontera, se pueden decir muchas cosas, pero al final la que se impone es la realidad. Y ésa es la que me tocó ver, la semana próxima lo mostraré en televisión, en Santa Gertrudis, en Chihuahua, con las operaciones de entrenamiento conjunto de los ejércitos de México y Estados Unidos.
Quizás por eso, según la última encuesta de la OCDE, México es el país con mayor confianza en sus Fuerzas Armadas, sólo por detrás de Finlandia y Noruega, con 76% de confianza, muy por encima de, por ejemplo, los partidos políticos, con 35% o del propio gobierno, con 55 por ciento.
LA SOLEDAD DEL RANCHO
El expresidente López Obrador decidió reaparecer el mismo día en que se cumplen dos años del inicio de gobierno de Claudia Sheinbaum. Habló largo, dio malas clases de historia, mintió descaradamente, dio la lucha contra sus molinos de viento y al final presentó un libro que repite lo que hemos escuchado una y otra vez a lo largo de los años. Lo hace cuando sus hijos, su entorno más cercano, sus excolaboradores están marcados por la sospecha y las investigaciones de corrupción y relaciones con el crimen organizado. Ni una palabra de los 200 mil muertos y 130 mil desaparecidos durante su gobierno, de la corrupción, de Andy, Olán y Adán. Me recordó, una vez más, a aquel coronel que no tenía quien le escribiera, del que nos hablaba Gabriel García Márquez.




