México ha flexibilizado parte de sus normas arancelarias en un intento por aliviar la contracción que sufre su joya exportadora: el sector automotriz. El Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha suspendido por cinco años el arancel del 10% que se aplicaba a las importaciones de partes y componentes destinadas al ensamblaje de vehículos, con el objetivo de atraer inversiones en nuevas líneas de producción, reducir costos de ensamblaje y fortalecer las cadenas de proveeduría, en momentos en que la industria atraviesa una contracción ante la presión arancelaria de Estados Unidos. Las exportaciones de automóviles mexicanos registraron su descenso más pronunciado del año en septiembre, con una caída del 12% anual, mientras que la producción se desplomó un 15%, según los datos oficiales. Las ventas internas aumentaron un 8%, amortiguando solo parcialmente el impacto en esta industria clave para la economía nacional.

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