El nuevo disco de Denisse Malebrán, “Amor en la niebla”, nació solo, o al menos la cantante no estaba planeando un nuevo álbum cuando comenzó a escribir estas canciones.
Se trata del decimocuarto álbum de su carrera y el sexto en su senda como solista. Alejada de su faceta como vocalista de Saiko, la cantante esta vez se volcó a sus raíces y abrazó la música latinoamericana, esa que escuchaba cuando era una niña y su madre junto a sus abuelos cantaban en su casa.
En una conversación con La Cuarta, la compositora entregó detalles sobre el proceso de creación de su nuevo álbum -el segundo que lanza este año-, sus recuerdos de infancia ligados a la música y el especial momento que vivió con Inti-Illimani Histórico, el que cataloga como “una de las cosas más bonitas” de su carrera.
La cantante relata que no había planeó “Amor en la niebla”, sino que solamente comenzó a componer canciones y se las mostró a Piero Duhart -vocalista de De Saloon-, quien la incitó a grabar estos temas que iban surgiendo.
“Es una historia larga, pero creo que la mejor forma de contarla es decir que cuando tú te mantienes siempre activo, cuando te detienes, pasan cosas”, asegura al diario pop.
Por aquel entonces, Saiko se tomó un descanso durante el invierno tras una gira en México. “Yo soy súper inquieta creativamente, pero habíamos sacado dos singles con la banda durante el año, había sacado yo un disco en marzo (Corazón Salvaje), entonces obviamente no estaba en mis planes el otro disco. Pero me puse a trabajar en una canción nueva, que era un feat de Saiko con De Saloon. Estaba en ese proceso, buscando cosas, cuando le empecé a mandar más canciones a Piero, pero no se las mandaba con ningún objetivo”, recuerda Denisse.
“Hablamos de un libro que él me había regalado y le decía ‘respecto a esa parte del libro, esta canción me recuerda a eso’ y se la mandaba. Entonces me dijo: “Qué lindas las canciones’. De alguna manera, es como ese cariñito que a veces necesita uno en la vida en que alguien te dice ‘está precioso, ¿por qué no lo haces?’. Yo le decía: ‘No, acabo de sacar un disco, con Saiko esto no tiene nada que ver’. Me dijo: ‘Grábalo igual, hazlo igual, ahí ves tú en el futuro cuándo vas a sentir que esto tiene que ver la luz’”, relata.
La artista aprovechó el invierno para empezar a desarrollar este proyecto, pero aclara que “fue sin pensar un disco”. Comenzó a trabajar con Nacho Barriento, guitarrista de Saiko, quien ahora se convirtió “en mi compañero de trabajo y el productor”.
“Empezamos a grabarlas de manera así tal como está, natural. Es como un disco nació solo, por eso digo que yo no lo concebí de manera tan racional. Fue muy bonito lo que pasó, porque el Piero iba a escuchar y me decía: ‘Déjenlo así, no le hagan nada’. Como que en el fondo no necesita arreglo, no necesita más producción que esto, el disco es así. Y confié, confié en los dos, confié en Nacho y Piero en que lo que estaba haciendo era suficiente, era muy bonito y me convencieron, porque la Denise compositora de 15 discos para atrás, sigue siendo muy insegura”, confiesa Malebrán.
En medio de las sesiones, también invitó a Nacho Hernández, un acordeonista que conocía desde niña porque el músico había tocado en el conjunto folclórico de su madre.
Y así decidió lanzarlo en primavera, porque -según sus palabras- “es como la flor que se abre”. “Decidí sacarlo el primer día de primavera, aunque todos me dijeron ‘tú estás loca, cómo vas a sacar otro disco de nuevo’. Pero bueno, era como tenía que ser y siento que la historia es esa, es muy sencilla, no tiene mayor explicación que esa”, añade.

-Mencionas a tu madre, porque también habías dicho que este disco hay historia relacionada a tus orígenes maternos. ¿Qué recuerdas de tu vida inspiraron estas nuevas canciones?
-Uno siempre es un complemento de la formación que te dio tu familia y también lo que uno va desarrollando en la vida. Pero a veces uno se olvida de dónde viene o se olvida de cómo partió esta historia. Y este disco un poco cuenta eso, cómo partió mi historia. Mi historia partió escuchando cantar a mi mamá de chica y a mis abuelos. En mi casa todos cantaban bien, por tanto, para mí cantar era algo muy natural, nunca fue algo especial. Entonces yo crecí rodeada de música, pero no cualquier música, porque yo me daba cuenta que el resto de mis compañeras cantaban las canciones que sonaban en su casa, pero en mi casa siempre sonó folklore porque mi mamá escuchaba cueca, tonada y chamamé y todo eso, todo el año, digamos. Y en mi casa se ensayaba.
“Yo tenía de alguna manera en mi ADN esto por ahí, mezclado. Por supuesto que cuando empecé a hacer música yo, dije ‘yo me voy a alejar lo más posible de esto’. Porque es lo que hace un adolescente, separarse un poco de la figura de la madre. Uno como que quiere tomar un camino distante también para poder diferenciarse. Pero creo que el folclor vivía dentro mío igual y de alguna manera se fue mezclando con todo lo demás. Porque no es un disco folclórico. Yo no hago folclor, yo no soy folclorista, yo soy una compositora de música popular, pero atraje estos sonidos de una manera muy espontánea. Yo no me senté y dije ‘voy a componer un bossanova’, no fue así. No dije ‘esta canción va a ser un tango’. Yo la compuse, después Piero me dijo: ‘Qué lindo el tango’. Yo hasta ese momento no le había puesto un título. Entonces creo que funcionó así. Y eso es mi madre, atrayéndome a ese lugar, y está mi tía también, que es la portada del disco con mi mamá, llevándome de vuelta a Viluco. Yo soy súper urbana, según lo que yo entiendo, pero algo me pasa con el campo, que cada vez que iba sentía que yo también era parte de eso”.
-Hablabas sobre la música que escuchabas en tu casa y que se escuchaba folclore todo el año. ¿Qué relación existe entre la música que escuchabas de niña y la que hoy compones?
-Ha sido todo un camino, un camino de exploración, porque cuando yo me tuve que definir en los 90, yo quería demostrarle al mundo que yo escuchaba Cocteau Twins, Depeche Mode, que yo era súper mega alternativa. Y me quedé sentada en un lugar en donde me fue bien, porque finalmente la música de Saiko se hizo popular y atrajo un público que consumía la misma música. Un sonido que yo soñaba con hacer, que tuve la suerte de poder desarrollar y que le fuera bien más encima, porque Saiko igual hace música rara, entendiendo cuál es la música popular en Chile. Entonces dije: ‘Chuta, esto es, voy a seguir siempre haciendo música pop rock’. Pero no es la única música que escucho y eso es evidente. Siempre he escuchado todo tipo de música. A mí me encanta el bolero, siempre lo escuché porque mi abuelo tocaba bolero en guitarra con mi abuela paterna, y los domingos para mí era un concierto. Siempre para mí lo natural era que se tocara guitarra y se cantara. En el fondo, algo que para el resto es excepcional, para mí era lo natural, entonces yo nunca lo vi así. Pero ahora, grande ya, entiendo que tuve que devolverme hasta allá para poder mirarme a mí misma también.
“Entonces creo que más allá de lo cool que quiere hacer uno, porque uno cacha mucho de una música o porque finalmente yo atraje un sonido y un tipo de letra en una era en donde no había mujeres componiendo este tipo de música, esa es una parte de mí. Pero yo tengo otras partes también que son mucho más sensibles. En este disco se nota que escucho a Sabrina, a Drexler, que soy muy fan del Pato Manns, quien para mí es el mejor letrista que ha existido en este país junto con la Violeta (Parra). Entonces, como que yo soy tan fan de él que no me atrevía a hacer la música que él hacía. Es como el pánico de no querer ser penca al lado del que tú admiras. Pero al final, a mis 50 años, igual salió Patricio Manns en mi música. Amo las historias. Bueno, todas mis canciones son un poco llevadas hacia ese lugar, porque si lo piensas “Lo que mereces” también es una historia. Creo que es una forma de escribir que está muy relacionada a este tipo de música, pero que la gente no lo asocia porque tiene otra sonoridad".
-Tienes una extensa carrera en la música con Saiko, que es un sonido bastante diferente, como lo mencionas. Ahora te volcaste a la música latinoamericana. ¿Para ti qué significan estos sonidos, este tipo de música?
-Significa un atrevimiento de mi parte. Primero porque yo nunca me metí en ese mundo, en términos de que lo acústico para mí era algo que le pertenecía a otros. Yo creo que uno como músico es muy respetuoso de los estilos, o por lo menos yo. Yo nunca me atreví a hacer otra música que no fuera la que yo sé hacer. Siempre lo digo, yo soy una cantora, yo soy una cancionista, yo sé hacer canciones, es mi oficio, yo sé componer. Y sé más o menos qué tipo de canción, porque ya lo han descubierto en estos 30 años de carrera, digamos desde Saiko a Maleza y de Maleza hasta ahora. Pero yo nunca me había atrevido a entrar en lo latinoamericano porque no sabía tocarlo.
“Yo soy fanática de Tom Jobim, es mi compositor favorito. El bossanova es algo que a mí me atrapó de una manera, igual que este disco, iba pasando y me enamoré nomás. Decía: ‘Bueno, alguna vez lo voy a intentar, me voy a atrever’. Y me atreví. Lo mismo me pasa con las otras canciones donde logro hacer un juegos entre el acordeón y la guitarra. Y siento que la canción es así, no necesité prender ningún computador, ni ningún teclado en este disco. Entonces estoy súper enamorada de esto y por supuesto que quiero defenderlo así. Quiero tocar en este formato acústico porque es algo que siempre admiré”.
“El año 2010 tuve una oportunidad única e irrepetible en la historia, en que me invitaron a la celebración del bicentenario de Chile en Italia, cuando Chile cumplió 200 años. Tuve la oportunidad de cantar con el Inti-Illimani Histórico, con la orquesta San Carlo de Nápoles, que es una de las mejores orquestas del mundo, en las ruinas de Pompeya. Siempre cuando me preguntaban ‘qué es lo más grandioso que has hecho en tu vida’, nunca me he acordado de un concierto mío, siempre ha sido ese momento. Es como estar aquí en este mundo por y para la música. Haber estado en ese momento ahí, interpretando parte del ‘Canto para una semilla’, para mí debe ser de las cosas más bonitas que me han pasado. Y ahí está lo latinoamericano mío, ahí está ese enamoramiento que yo tuve con el ‘Canto para una semilla’ y con la música del Inti, que para mí es la música más preciosa que se hace en Chile. Entonces siempre estuve mirando hacia allá, no es como que algo que apareció en mi vida. Tuve la oportunidad de hacer una gira con ellos cantando el ‘Canto para una semilla’ y de verdad que ha sido una de las cosas más lindas que me ha pasado. Y todo, obviamente, como son mis historias muy atravesadas del sacrificio, porque mi hija menor tenía tres meses, que yo andaba en Europa de gira con ella con tres meses, porque yo siempre le di pechuga. A mis tres hijas las crié así, como un koala arriba mío. Nadie se enteró, a nadie le importó, pero para mí sigue siendo uno de los momentos más lindos de mi carrera.

-Mencionas a tu hija, igual quizás se refleja en tu propia historia, crecer rodeada de música
-Yo creo que mis tres hijas han vivido toda su vida siendo cómplices de mis delitos, digo yo, porque son las primeras en escuchar mis canciones. Yo compongo en la casa, yo no voy al estudio a trabajar, siempre compongo sola y estoy todo el día tocando una canción. Creo que ellas claramente se han empapado de esto y el proceso debe ser muy raro para ellas explicarlo hacia afuera, porque la gente cree que los músicos andamos tocando siempre y eso no es así. Para mí es mi trabajo, pero lamentablemente para ellas ese trabajo yo no lo puedo cortar, no es como que yo vaya a la oficina, vuelva y dejo de serlo.
“Yo crecí en un espacio en un espacio en donde la música no tenía ninguna utilidad más que ser linda, porque en mi familia nunca nadie vivió la música. Yo soy la primera que vivo de la música. Sin embargo, la música siempre fue protagonista de los mejores momentos, ya sea porque nos juntábamos todos los domingos en la casa de mi abuelo y se armaban estos conciertos de mesa o porque mi mamá andaba con su conjunto folclórico tocando con todos sus trajes típicos. Pero mi mamá no vivía de eso, ni nadie de ellos vivía de eso. Veían la música como un camino. Es como un arcoíris, como una forma de llevar algo hermoso.
“Yo creo que en eso tuve mucha suerte, porque me enseñaron algo distinto a lo que yo veo hoy en día, donde la mayoría está esperando hacer música para lo otro, ser famoso, tener muchos seguidores o ser noticia porque todos quieren saber de ti. Y yo, todo lo contrario, tuve esta otra visión más romántica. Y por eso quizás me atreví también a hacer música más rara, porque en otras circunstancias quizás mi único objetivo hubiese sido solamente que me fuera bien y a lo mejor hubiese terminado cantado forzosamente otro tipo de música. Yo conozco a mucha gente que hace cumbia, por ejemplo, o que hace balada, pero que en realidad siempre soñó con ser rockero”.
-Ahora mencionas que te atreviste a dar este paso, a mostrar este otro lado de ti, que le gusta la música latinoamericana, que no siempre va a ser como la Denise que nosotros vinculamos a Saiko.
-Es como sacarse un poco el glamour. No es la Denise Malebrán que uno ve siempre arriba de un escenario, una rockstar, digamos, vestida y maquillada como rockstar. Es una faceta distinta, mucho más natural. Pero al mismo tiempo yo ya había marcado eso. Lo marqué cuando yo me fui a Saiko y saqué un disco como Maleza, donde, por supuesto, me eché la mayoría de mi público encima. Yo ya me había divorciado de mí misma. También salí en el disco sin nada, sin maquillaje. Y fue un golpe duro, siento yo, para mi público, porque ellos querían seguir viendo a la otra. La verdad que las personas no somos un personaje, somos distintas personas, todos. Uno va a trabajar con una ropa, se junta con los amigos con otra y en la casa anda de otra forma. Y yo creo que en general los artistas tenemos la libertad de querer ser como queramos ser, independiente de lo que el resto espera. O por lo menos un artista honesto. A mí me parece sospechoso un artista que siempre se ve bien. Como que ya pasas a ser un personaje.
“Más que atreverme ahora a ser más natural, que yo lo había hecho, en esta oportunidad me atreví a dejar sencillamente las canciones como nacieron. Hay un antes y un después, porque aquí sale todo el protagonismo a la voz, a la letra principalmente, a las historias detrás de este de este disco. Y que el sonido fuera el sonido que pudiese tocar en cualquier lugar. Este es un disco que yo todas las canciones las podría tocar aquí en el living de mi casa, en un bar en Valdivia o en Puerto Montt o en Valparaíso, o podría estar también en un festival con muchas personas. Hay muchos artistas que defienden su música así, que decir, Manuel García, que es un artista que le va increíblemente bien y hace giras con guitarra. Entonces creo que hay público que le gusta escuchar música así. Y ese fue mi atrevimiento, de decir: ‘Yo también hago música así’.
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-En redes sociales mostraste que presentaste este disco en vivo. ¿Cómo fue esa experiencia?
-Hoy en día, yo estoy vieja ya, no sé cómo se lanzan los discos y me dijeron: ‘Ahora los discos se lanzan así, uno va a un lugar, se junta con amigos y toca un par de canciones’. Dije: ‘Hagámoslo’. Pero en realidad fue como una especie de bautizo, más que nada, nos juntamos en un lugar precioso que se llama El Jardín de las Delicias, y todo que ver con la portada del disco, los temas. Altafonte, que es mi distribuidora, presentó este disco de una manera muy sencilla y lo terminé tocando, pero unos temas no más.
“Estaba muy nerviosa, muy nerviosa. Te diría que me tiritaban las manos. Me tiritaban las manos y no podía tocar. De hecho, me equivoqué caleta. Afortunadamente, era algo para los amigos y para la familia, era pura gente cercana. Y fue muy emocionante, porque sentía que era muy bien como entendido lo que estaba pasando. Estaba hablando desde mi intimidad más profunda, y le estaba hablando a gente que me quiere mucho. No había el riesgo de que dijeran: ‘¿Qué es esta cuestión?. Fue muy bonito como primera vez, digo yo, es como cuando la intimidad de la primera vez con alguien. Es como ‘me voy a mostrar, pero me mostrar de una manera muy tímida’. Y bueno, quedé fascinada, obviamente, ya tengo algunas presentaciones agendadas a partir de esto, pero creo que fue una muy bonita primera vez. Incluso fueron amigas mías que nunca van a verme porque están criando. Yo tengo amigas que partieron la maternidad más tarde, entonces mi hijo es muy chiquitito y fueron, y estaban mis hijas, estaban mis amigos. Bueno, fue el Piero también acá cantar, no, fue muy lindo, muy lindo".
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