Miguel Borja convirtió el pasado sábado una jugada de fantasía en uno de los momentos más recordados del Clásico Nacional. Su chilena ante las Chivas que recordó a las de Hugo Sánchez, no solamente ayudó al América a empatar el partido, también volvió a poner sobre la mesa una parte poco conocida de la historia del delantero colombiano: ese remate espectacular lo comenzó a practicar desde sus primeros años en el futbol.
Borja nació en Tierralta, Córdoba, una región del norte de Colombia ubicada cerca de Santa Fe de Ralito. En medio de un entorno paramilitar, el futbol apareció como una vía para cambiar su destino. A los 17 años llegó a Futbol Paz, un proyecto en el que no solo encontró formación deportiva, sino también una oportunidad para dedicarse completamente al balón.
En una entrevista para ESPN, César Valencia, directivo de la institución, recuerda que cuando conoció al atacante, en 2010, Borja hacía enormes esfuerzos para acudir a entrenar.
Llegaba en bicicleta después de recorrer durante más de una hora el trayecto y, además, trabajaba en una ferretería cercana al lugar donde entrenaba. “Vivía muy lejos del sitio de entrenamiento y él venía en una bicicleta”, recordó Valencia en dicha entrevista
Aquella rutina terminaba por afectar su rendimiento, por lo que decidieron hablar con él y plantearle que dejara temporalmente el trabajo para concentrarse en el futbol.
La rutina de Borja
En Futbol Paz, la formación de Borja también incluyó un trabajo específico para mejorar sus recursos frente al arco. Entre los ejercicios estaba precisamente la chilena, una acción que el atacante colombiano terminó convirtiendo en una de sus estampas más llamativas.
“El primer gesto que hacíamos era acostarlo boca arriba y generar el movimiento de la ejecución de la chilena. Le tiramos el balón y él en el suelo hacía el gesto. Así estuvimos trabajando mucho tiempo, y luego en cuclillas, lo mismo en el gesto, y aprendiendo a caer con los brazos atrás. Y luego, un poquito más complicado, que era que le tiramos el balón y él ya hacía el gesto con caída”, añade.
El objetivo era que los futbolistas adquirieran una mayor variedad de recursos para definir. Borja pasó cerca de dos años realizando ese tipo de ejercicios, hasta convertir el movimiento en una herramienta más de su repertorio.



