Desde Estados Unidos -país en el que reside-, el escritor y analista internacional Moisés Naím desdramatiza la iniciativa “Escudo de las Américas” al que Chile adhirió esta semana.

El escritor nacido en Venezuela asegura que el objetivo de Donald Trump es “llevar al hemisferio a una situación de hegemonía compartida y de colaboración”. Pero duda de su eficiencia. Más bien, asegura que es una más de las iniciativas grandilocuentes del presidente de EE.UU., cuyo fruto -afirma- es más bien efectista.

“Más que inofensiva, la veo como irritante, como una distracción. Son distracciones, son populismo internacional, global”, asevera.

Sin embargo, el también Premio Ortega y Gasset cree que Chile hizo bien al adherir, “pero entendiendo que es más para mantener vínculos abiertos, para que le tomen las llamadas desde el Pentágono y desde la Casa Blanca”. De lo contrario, arriesgaba “entrar en el libro negro de Trump”.

¿Cuál es el objetivo de la iniciativa de Estados Unidos del Escudo de las Américas?

Es tratar de llevar este lado del hemisferio a una situación de hegemonía compartida y de colaboración. Yo creo que estos son tiempos de alianzas, colaboraciones, pero es muy difícil ser aliado de Trump. Esta conversación va a ser muy diferente después de las elecciones de medio término en noviembre, porque todas las encuestas indican que los republicanos van a perder el control del Senado y el control de la Cámara de Diputados, entonces eso les da la oportunidad de contener, revertir, sabotear, las iniciativas de Trump.

¿Entonces no se sabe qué tiempo de vida va a tener?

Lo que no sabemos es cómo le va a ir, en qué consiste esa colaboración. Ellos tienen grandes planes, pero este es un presidente que es aspiracional. O sea, muchas de las cosas que él tira son aspiraciones que tiene y cree que porque él las diga desde la Casa Blanca se van a cumplir. Hay una larga lista de cosas que él ha dicho que va a hacer y que ha intentado hacer y que las tiene que abandonar o terminan en otra cosa. Las tarifas son un ejemplo de eso.

¿Esta iniciativa responde realmente a una preocupación de la administración Trump por el crimen organizado o es solo una excusa para aumentar su presencia o influencia en la región?

Creo que a Trump se lo vendieron como ambas cosas, por ejemplo, la guerra en el Caribe, donde los aviones y toda la artillería de la Marina de Estados Unidos estaba desplegada con el portaaviones más grande del mundo en las aguas del Caribe y lo que tenía del otro lado eran unas lanchas rápidas, motores llenos de cocaína. Eso se ha terminado, pero eso no quiere decir que se ha acabado el tráfico, se está yendo por otros linderos. Eso es típico de muchas de las aspiraciones que ha tenido Trump en sus comunicaciones, como en su descripción de lo que está haciendo. Siempre son grandiosas, no tienen precedentes, son inéditas. Y luego, cuando uno ve lo que está haciendo están enmarañadas. Musk, que hizo el intento de reducir la burocracia del Estado, eso fue una catástrofe; el intento de disminuir lo que hace el gobierno de Estados Unidos con sus múltiples agencias, cerrándolas completamente sin preguntar nada y teniendo que volver a a abrir a los seis meses porque hay una necesidad desesperada. Además de la parte ideológica y de la parte política, hay una parte de ineptitud en todo esto. Lo que caracteriza a la presidencia de Trump no son solamente los planes insólitos, sino la ineptitud de lograrlos, incluyendo aquellos que a ellos les interesa mucho y que son prioritarios. Por ejemplo, el de migración. Si uno hace la disección de las iniciativas Trump, vas a encontrar que el patrón es siempre el mismo. Un gran anuncio muy enfático, muy novedoso, de retador. La reacción perpleja de sus opositores y al poco tiempo el fracaso.

¿El Escudo de las Américas podría correr la misma suerte?

Pregúntamelo después de noviembre. Yo creo que sí. Para que funcione, tiene que tener no solo el apoyo del Ejecutivo y ser un plan del Presidente Trump, también necesita al Congreso, tanto las dos cámaras. Y eso le va a costar mucho conseguirlo.

¿Cuánto consenso interno hay en la administración Trump frente a esta iniciativa?

Mucha de la gente que trabaja ahí sabe que está haciendo lo incorrecto. Por ejemplo, hacer lo que se hizo con el tema de la inmigración. No hay duda de que es necesario ponerle mayores límites a la inmigración ilegal, en todo eso hay consenso, pero el problema es cuando lo trata de convertir en realidad y crea monstruos burocráticos, políticos, policiales y militares que son difíciles de tolerar.

Esta iniciativa tiene asociada también la Coalición contra los Carteles. ¿Se trata de un mismo mecanismo?

Ellos pueden hacer el intento de coordinación, pero no hay nada que indique que lo tengamos. Es muy difícil luchar contra el narcotráfico si no tienes a los grandes países del hemisferio de tu lado: México, Brasil y Argentina. Cuando tú hablas de hacer una alianza de este hemisferio, para que sea creíble, tiene que tener a los tres grandes países, que cada uno de ellos es un porcentaje importantísimo de la actividad económica, política, institucionalidad, la diplomacia, etcétera, requiere de estos países gigantescos. Ya hay un avance respecto a contener el crecimiento de los narcotraficantes en México, porque también la presidenta Claudia Sheinbaum está en esta onda. Pero están lejos de hacer lo que hace falta para mantener un modelo sostenible de fronteras y de narcotraficantes.

¿Ambas iniciativas plantean desde su punto de vista una cesión de soberanía por parte de los países que lo adhieren?

La soberanía hay que definirla en estos tiempos. Claramente, los límites territoriales deben ser respetados, cosa que no se ha hecho. Estos tiempos llevan requerimientos de hacer cosas que no tienen precedentes, esto podría ser algo de eso, pero, repito, son una alianza de países menores.

Eso implica que el poder de Estados Unidos no tiene contrapesos en esta alianza...

No tiene contrapeso y Estados Unidos no tiene interés. Yo vivo en Washington y me muevo en estos círculos de política pública, internacional, de economía, y nadie le está dedicando tiempo al tema de la iniciativa de la alianza contra los carteles. ¿Cuántas lanchas mataron cerca de las aguas de Ecuador? ¿A cuántos marineros o cuántos traficantes ilícitos? Eso está funcionando. Ellos han hecho reuniones recientemente con Marco Rubio y otros, donde se ha adherido el presidente nuevo de Colombia; también está muy activado con esto el presidente de Ecuador, de Bolivia, Venezuela, pero por razones de otra conversación. Tú y yo le hemos dedicado en esta breve conversación más de lo que típicamente un alto funcionario de Estados Unidos ocupa. Esto no es una prioridad. De nuevo, es más la aspiración y la promesa, la expectativa y el mal manejo, antes que una efectiva conversación sobre políticas internacionales y alianzas.

¿Es una cuestión más efectista que real?

Sí. Y no genera interés en el gobierno. Debe haber algunos burócratas respetados en alguna oficina haciendo planes y la presentación de PowerPoint de eso, pero son muy pocos. En cambio, vas a encontrar un gran número de funcionarios de alto nivel dispuestos a conversar acerca de cuál es el futuro de la administración Trump, en particular cómo se deshace de estas guerras en las que se han inmiscuido en Irán.

Desde ese punto de vista, ¿ve entonces en la administración Trump una real preocupación por América Latina?

Hay varios de sus ministros y él que están activados. En el caso de Venezuela, está activado Marco Rubio, también el ministro de Energía, junto con el de Agricultura. Luego están los otros presidentes que tienen buena relación inicial, como el nuevo presidente de Colombia. Con Chile están tratando de desarrollarla. Chile fue muy inteligente durante décadas. Me acuerdo de Alejandro Foxley, que era ministro de Relaciones Exteriores y también fue ministro de Economía, diciendo que Chile tenía que ser un país que podía tener muchas alianzas simultáneas, no tiene por qué casarse con una. Yo creo que el Presidente Kast está haciendo lo correcto en aceptar la iniciativa de Trump, pero entendiendo que es más para mantener vínculos abiertos, que le tomen las llamadas desde el Pentágono y desde la Casa Blanca.

¿Chile tenía reales posibilidades de no adherir al Escudo de las Américas?

Si quería entrar en el libro negro de Trump, sí. Si ponía obstáculos y decía que no, sí. Lo vimos con sus alianzas, por ejemplo, en Italia. Él llegó a tener una alianza con la primera ministra Giorgia Meloni muy cercana, y después, cuando ella renunció a aceptar su imposición, cayó en su lista de malos amigos, y eso ha seguido escalando. Lo mismo con Macron. Hay varios presidentes del mundo que se hicieron originalmente muy amigos de Trump, solo para después encontrarse en un distanciamiento.

¿Qué consecuencias puede tener para un país pequeño, como Chile, el hecho de que su presidente entre en esta lista negra?

Bueno, depende de cuál es la estructura de la relación económica de ese país y la relación de todo tipo. Por ejemplo, para enfrentar con éxito el narcotráfico necesitas formar parte de una alianza. Los narcotraficantes son, por necesidad y definición, de naturaleza transnacional. Las fronteras son pocos problemas para ellos, en cambio, son muchos problemas para los gobiernos, que son locales, nacionales; los narcotraficantes son globales.

¿No haber adherido habría tenido una repercusión en la negociación que el gobierno está llevando adelante por los aranceles con Estados Unidos?

Claro, pero también eso lo hemos visto como pájaros de un solo día. O sea, yo creo, le repito, que con Trump hay que estar de acuerdo con todo, aunque sea difícil, puesto que no se va a llevar a cabo. Pero ya te digo, en la lista de temas en la agenda del Presidente Trump o del Presidente Kast, estoy seguro de que el Escudo de las Américas no va a cambiar drásticamente las cosas.

Trump ha hablado de establecer la doctrina “Donroe” en América Latina...

Esa es otra cosa en la cual los analistas pueden perder mucho tiempo. Ahí no va a pasar nada. Ya te repito, piensa en la doctrina “Donroe”, antes y después de las elecciones de mediano término. Las elecciones de mediano término van a acabar con una cantidad de iniciativas que no tienen apoyo y que fueron impuestas simplemente por el poder que tiene Trump en su segunda presidencia.

¿El tema de los aranceles también es algo que puede llegar a su término con las elecciones de medio término?

Sí, pero el principal tema que va a estar actuando para manejar mejor lo de los aranceles es la inflación.

Y, por lo tanto, ¿tanto la inflación como las elecciones llevarían a que el gobierno tome un camino distinto respecto de los aranceles?

Bueno, no el gobierno. Vamos a ver quiénes llegan al Congreso. Va a haber diputados y senadores sin cuya anuencia no se va a poder hacer mucho. Entonces, Trump va a tener que salir a buscar aliados y ofrecer cosas a cambio.

Se plantea que el alza de aranceles se instaló en Estados Unidos y que es compartido por todo el arco político. No cambiaría con una elección...

No. Ya está empezando a cambiar y hay casos radicales. El caso de lo que hizo Trump con Canadá, por ejemplo, en términos de aranceles. Nadie supone que la política de aranceles que se impuso en Canadá por parte de Trump sea sostenible en el tiempo.

¿Cómo ve al gobierno chileno en el ecosistema de gobiernos de derecha que existen actualmente en América Latina?

Hay que reconocer que ha habido elecciones en toda América Latina que han empujado a los países a la derecha. Muchos de ellos no son empujados a la derecha, sino a las cosas prácticas: cómo hacer que haya electricidad, agua, salud, crecimiento económico, salarios adecuados. Pero no son muy parecidos, lleva a malas apreciaciones el pensar que ahora hay algo así como un cartel de los gobiernos de derecha. Cada uno de ellos tiene circunstancias y retos importantísimos. Los retos de Chile, comparados con los de Bolivia, comparados con los de Venezuela, son demasiados. Y bueno, vamos a ver qué pasa también con las elecciones en Brasil. Si Lula es reelecto o no, va a haber un cambio directo en el tema de los aranceles y de las relaciones económicas entre Brasil y Estados Unidos, donde el Escudo de las Américas va a tener un rol nulo.

¿Y cómo ve al Presidente Kast respecto de pares de la región, como Javier Milei, Rodrigo Paz, Keiko Fujimori?

Sí, es muy distinto en su visión del mundo y en muchas cosas. Yo creo que las circunstancias que los unen son muy válidas y legítimas, y es bueno que haya esa integración. El problema está cuando interfieren a otros actores y otras instancias, y transforman lo que podría ser una buena estrategia de integración latinoamericana en una lista de iniciativas mal pensadas y peor empleadas.

¿Ve un giro proamericano, proestadounidense por parte del gobierno de José Antonio Kast?

Yo creo que sí, pero no lo pondría como una entrega de Kast, que entrega su país al imperio del Norte. Eso no es así.

¿Chile ha mostrado carácter ante las presiones de Estados Unidos, en especial del embajador?

Creo que esas cosas se descifran por sí solas. Dentro de poco tiempo nadie sabrá quién es este embajador.