Brandon McNulty se vistió de arcoíris y Montreal terminó siendo territorio estadounidense. Pero para México este Mundial también deja razones para sentir orgullo.

La Selección Mexicana cumplió. Corrió con dignidad, asumió su responsabilidad y acompañó hasta donde fue posible a un Isaac del Toro que volvió a demostrar que ya pertenece a la élite del ciclismo mundial.

Durante 273,4 kilómetros, el Torito estuvo fuerte, atento y metido en la carrera. Quizá le faltó descifrar mejor algunos movimientos, particularmente la manera de correr de Remco Evenepoel, pero nunca le faltaron piernas ni valentía para medirse con los mejores.

Y eso también forma parte del aprendizaje.

Un Campeonato Mundial no siempre lo gana el ciclista más fuerte individualmente. Muchas veces lo conquista quien tiene piernas, inteligencia y, sobre todo, un equipo capaz de colocar varias piezas en el momento decisivo.

Estados Unidos hizo exactamente eso.

McNulty terminó campeón, Quinn Simmons fue cuarto y Matteo Jorgenson octavo. Tres estadounidenses entre los diez primeros hablan de una selección que entendió cómo debía correr un Mundial abierto y supo aprovechar la fuerza colectiva.

Bélgica, en cambio, fue perdiendo presencia en las últimas vueltas. Wout van Aert y Remco Evenepoel no pudieron imponer el dominio que muchos esperábamos. Francia mantuvo a Paul Seixas a la expectativa, economizando esfuerzos durante buena parte de la carrera, pero al final tampoco tuvo las piernas necesarias para disputar el arcoíris al sufrir los estragos de la distancia y acalambrarse.

México jugó sus cartas con lo que tenía.

Y aquí está la reflexión que nos deja Montreal: no podemos exigirle a Isaac del Toro que haga solo lo que las grandes potencias realizan con cinco, seis o siete corredores de nivel WorldTour.

Isaac estuvo ahí. Dio la cara. Se midió sin complejos ante los mejores y confirmó que México tiene nuevamente un ciclista capaz de ser protagonista en un Campeonato Mundial.

Hoy el arcoíris pertenece a Brandon McNulty y Estados Unidos puede celebrar una extraordinaria actuación colectiva.

Pero México también puede regresar orgulloso.

Porque más allá del resultado final, Montreal nos confirmó algo quizá todavía más importante: Isaac del Toro ya no llega a los grandes campeonatos para ver qué puede hacer. Llega para competir de frente con los mejores del mundo.

Y eso, para el ciclismo mexicano, ya representa un enorme paso hacia adelante.