Desde hace meses, y con gran aceptación entre la población, Morena ha ido adoptando una estrategia de organización para los procesos electorales que se avecinan. Podemos decir que es un antecedente que, por el volumen de la encomienda, ayuda a trabajar muchos aspectos inherentes a un proceso democrático. Hablamos de la coordinación de la defensa del voto que, a la postre, se convertirá en el candidato oficial del partido guinda. Ellos, ahora que aconteció la encuesta, han manifestado que se encuentran decididos a caminar con el inmenso compromiso que la sociedad les ha dado para representarlos. Al ser una tarea que demanda capacidad y oficio, tomando el ejemplo de otros procesos, vemos que esta dinámica será determinante para mover las piezas del ajedrez. Por eso mismo se lleva a cabo con mucho tiempo de anticipación, a sabiendas de la influencia que esto puede generar en el electorado. Al igual que eso, como suele suceder, también se deben corregir las fracturas y calmar la turbulencia que llame poderosamente la atención.

Quienes han recibido esa condecoración, efectivamente, saben de la enorme capacidad que se requiere para maniobrar la unidad. Como miembros activos del proyecto de transformación —si queremos llamarlo el bastón de mando—, los coordinadores tienen la encomienda de seguir abriendo camino a través de asambleas y reuniones constantes con la población. Es una dinámica que ha dado buenos resultados porque los protagonistas reúnen información, propuestas y demandas de la gente para fortalecer las políticas públicas. Calculando que son muchísimas, en definitiva, todo este tiempo ayuda a contemplar otras líneas de trabajo, no para improvisar, sino para actuar. De hecho, la oposición está maniobrando algo similar para contrarrestar el enorme terreno que le ha ganado la izquierda. Es algo que se veía venir, principalmente emulando las mismas connotaciones de coordinador.

Desde luego que todo esto, siendo sinceros, no esconde el verdadero propósito con el que se nombran estas comisiones con mucho tiempo de antelación. Además de la organización, en esa lista de prioridades está cautivar a una sociedad que, en muchos casos, está confundida o indecisa. A ellos, en esa disputa álgida, hay que convencerlos promoviendo estrategias de participación. Precisamente ahí Morena ha demostrado tener mayor sapiencia para departir con los distintos sectores sociales, mayormente cuando los perfiles salen a territorio a encontrarse con ellos. Siendo una dinámica flexible, pero sobre todo efectiva, el PAN intenta irrumpir con la misma fuerza. El problema para Acción Nacional, que se hizo crónico, fue la desatención y el descuido con la gente. Podemos decir que ellos, desde una perspectiva de subestimación, siempre se han rehusado a caminar a ras de tierra. Hoy lo hacen a medias; sin embargo, eso no es ninguna garantía de que tendrán alguna conexión o empatía.

Podemos decir que uno de los elementos que ha llevado al panismo al fracaso es la nula identificación que existe entre proyecto y ciudadanía. En cambio, como un asunto crucial, Andrés Manuel López Obrador nos enseñó que ese dinamismo de estar cerca de la ciudadanía es la mejor estrategia porque no solo estás escuchando, sino que atenderás, por los compromisos pactados, cada una de las demandas que broten del colectivo. Al ser una fórmula infalible, efectivamente, la oposición se encargó de emular y atender una dinámica similar. La enorme diferencia, ha quedado probado, es que los panistas son más personas de escritorio que de territorio. En Chihuahua y Querétaro, donde todo apunta a que serán Marco Bonilla y Felifer Macías, veremos algo similar y, por ende, quedarán atrapados en el discurso. Ambos, en efecto, privilegiarán más las estrategias de comunicación porque simple y sencillamente no están acostumbrados a caminar ni mucho menos a asolearse.

En algún momento —lo recuerdo como si fuera hoy— Ricardo Anaya trató de recorrer el país a ras de tierra cuando fue abanderado a la presidencia. Al igual, con una estrategia similar, puso en marcha conferencias diarias para tratar de meterse en los temas de la agenda pública. No cabe la menor duda de que el panista fue en busca de la misma dinámica que siempre aplicó AMLO en territorio. El problema para Anaya, al no estar acostumbrado, es que no aguantó ese ritmo que se requiere para ir a las comunidades más alejadas. Paralelamente, sin energías, suspendió las ruedas de prensa simple y sencillamente porque no puede sustituir lo que tiene un arraigo preponderante. De paso podemos decir que el PAN, emulando esa emprendedora acción, copia a Morena la connotación de coordinadores.

Concluimos que el PAN, completamente sin brújula, está perdido en un abismo o, de plano, en un laberinto que no se le ve salida porque, desde hace décadas, se distanció del pueblo. Caso contrario, aprovechando al máximo la energía de convivencia con la sociedad, Morena supo canalizar ese sentir. Se organizó y planeó una estrategia. Eso, en definitiva, el grueso de la población lo percibe, pero a su vez lo distingue para dar su voto de confianza al proyecto de la 4T. La clave está en la presencia constante, que rara vez pone en práctica un panismo que está, por donde lo veamos, totalmente desdibujado.