La música argentina -y continental- está de luto. Alos 81 años murió Piero, uno de los nombres históricos del catálogo trasandino y la voz tras himnos de esta parte del mundo como Mi viejo -eterna dedicatoria a los padres- y Para el pueblo lo que es del pueblo. En su patrimonio creativo se inscriben la mezcla de trova, rock, cantautoría y canción social.

“Es un buen tipo mi viejo, que anda solo y esperando. Tiene la tristeza larga, de tanto venir andando”, susurraba en Mi viejo, en una forma de interpretar que se convirtió en inmortal.

Los medios argentinos, como La Nación de Buenos Aires, confirman la noticia y dicen que el músico se encontraba internado desde hacía unos días en el Hospital Italiano y el deceso se produjo en la mañana de este miércoles 7 de octubre.

Con el nombre de Piero Antonio Franco De Benedictis, obtuvo también fama en Chile a partir de los años 70, gracias a sus letras de acento íntimo y social, y su manera de cantar serena, pacífica, casi sin modular demasiado.

“Letras con tono social explícito en la voz de un veinteañero que apenas abría la boca de generosa dentadura para lanzarlas como dardos”, define el diario La Nación.

Como resultado, su actitud le costó el exilio, entre 1976 y 1981 (la mayor parte del tiempo que duró la última dictadura militar). A su regreso, sus canciones no tuvieron el mismo filo combativo, pero extendieron un mensaje con peso testimonial y aguda mirada de nuestros tiempos. En esa órbita, siempre fue un referente, hasta los días actuales.

Su historia

Su derrotero en los años 60 comenzó como el de muchos artistas que por esos años despegaban en la música: imitando ídolos de otras latitudes y uniéndose a cofradías de músicos que daban sus primeros pasos.

En 1965 grabó los sencillos El cachivache y Rosa, Rosita (temas en boga de Roberto Carlos), y en 1965, La sombrilla. Por esos mismos años empezó a realizar presentaciones en vivo en diferentes sitios nocturnos de Buenos Aires, junto a artistas reconocidos como Leo Dan, Neil Sedaka, Palito Ortega, Maribel Marcel, Lalo Fransen y Chico Novarro.

Eso sí, Piero no se sentía cómodo. Anhelaba que su obra tuviera otro espesor, no tan melódico, mucho más social, poético y profundo. Un cronista más que un simple imitador de modos foráneos.

En 1968, por medio de amigos en común, conoció al escritor José Tcherkaski, quien se desempeñaba como periodista en la revista Siete Días. A partir de ese momento integraron una fórmula creativa para componer canciones, pero el éxito le llegó con una pieza que Tcherkaski había compuesto muchos años atrás: Mi viejo. Éste fue el título el que lo consagraría nacional e internacionalmente. Su boleto a la inmortalidad.

Posteriormente vinieron otras grandes composiciones como No te vayas por favor y Tengo la piel cansada de la tarde.

Pero hacia los años 60, cuando la agitación social y política empezaba a sacudir a las naciones del cono sur, el cantautor encontró su verdadera vocación: las narrativas de corte más consciente.

En 1972 lanzó el disco Coplas de mi país y en 1973 Para el pueblo lo que es del pueblo; propuestas con las que Piero se acercaba a la canción de protesta referida a la violencia de Estado, la persecución política y las dictaduras militares. Temas como como los que dan nombre a ambos discos, Que se vayan ellos, Los americanos y Las cosas que pasan se convirtieron en himnos de las protestas sociales, sobre todo en su natal Argentina.

En 1976, tras el golpe de Estado, decidió abandonar Argentina y refugiarse en España durante casi cuatro años, en la provincia de Guadalajara, en el municipio de Utande, donde encontró un viejo Molino que se convirtió en su hogar.

Tras el retorno de la democracia en Argentina, se vinculó al rock de moda y a la banda Prema, donde también acarició los contornos del jazz. Llenó dos veces el estadio Obras y participó del festival B.A. Rock, donde se cruzó con algunos insignes de esos años.

También compuso la canción Señora Violencia e Hijos, la que fue incluida en el disco Contracrisis de Pedro y Pablo, pioneros del rock argentino que estaban volviendo a los escenarios en 1982. La canción estaba dedicada a Margaret Thatcher y a denunciar las duras consecuencias de la Guerra de las Malvinas.

Su relación con Chile

Su nombre siguió resonando con fuerza en los 90 y los 2000. A Chile, con el regreso de la democracia, también vino varias veces. Por ejemplo, participó del evento que en 1990 celebró la llegada de Patricio Aylwin a La Moneda, en el Estadio Nacional, frente a eufóricas 60 mil personas.

Eso sí, su primera etapa chilena fue a comienzos de los 70. Estuvo en el Festival de Viña de 1970, para después regresar en 1972.

La dictadura de Augusto Pinochet, naturalmente, no lo tuvo en el país. Regresó en diciembre de 1988 después de 15 años de ausencia, con conciertos en La Tortuga de Talcahuano y en el Estadio Santa Laura de Santiago. De hecho, de este último salió el disco Piero en Chile, 15 años después.

En 1998 participó en el evento Con Allende Siempre, en Santiago, y también actuó en el Estadio Chile; en 2002 volvió al Festival de Viña como jurado; en 2008 dio un concierto en el Teatro Oriente; y en 2009 regresó nuevamente al Festival de Viña, esta vez como presidente del jurado internacional. Su huella seguía siendo relevante.