No son tantos los artistas que logran que su mero nombre de pila los designe e identifique, menos que aún que resuma un estilo y un mensaje. Piero Antonio De Benedictis fue uno de ellos. En Argentina, el nombre Piero bastaba para representar a un cantante de imagen sacerdotal, de voz pausada y guitarra colgada, de cabello rizado y anteojos, el intérprete de un puñado de canciones cuyo corazón podría definirse como una consigna hippy de los años setenta: paz, amor y protesta social. A los 81 años, Piero murió este miércoles en Buenos Aires.

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