De acuerdo con Hugo Casanova Cardiel, titular de la Coordinación de Reforma Institucional y Prospectiva Universitaria (CRIPU) e investigador del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación, ambos de la UNAM, esta casa de estudios, al igual que el resto de las instituciones de educación superior nacionales y extranjeras, se encuentra articulada con su espacio y tiempo.
“La Universidad Nacional está estrechamente relacionada con la realidad del país y con la realidad política del siglo XXI, lo cual la coloca en un nuevo marco. Es una institución que enfrenta un entorno social crecientemente complejo y una condición económica incierta, muy exigente. Requerimos hacer más con menos. Esto es algo que no podemos dejar de asumir.”
Para el titular de la CRIPU, la UNAM se desenvuelve en un escenario de extrema complejidad, donde, además, las nuevas tecnologías, entre las que destaca la Inteligencia Artificial, representan un reto muy importante tanto para el conocimiento como para las instituciones que están centradas en él.
“Naturalmente, esto no significa asumir escenarios inerciales, sino tratar de pensar en cómo la Universidad Nacional debe participar en la construcción de ese futuro, porque es una institución formadora del futuro nacional, no sólo en el sentido de la formación de sus profesionales, sino también en el de la construcción de conocimiento y de la ciudadanía que demanda el siglo XXI.”
Para Casanova Cardiel, el mayor reto que enfrenta la Universidad Nacional es responder a la exigencia asociada a lo que les toca hacer a los universitarios.
“O sea, tenemos que cumplir, de la mejor manera posible, nuestro encargo social, que es la formación de profesionales de alto nivel, la construcción de conocimiento y la difusión de la cultura en su más alta expresión.”
Asimismo, según el también investigador del IISUE, el mayor reto que enfrenta la UNAM en su articulación con la sociedad es colaborar en la formación de sujetos sociales que, en términos socioeconómicos, llegan a ella en condiciones muy asimétricas.
“En ese sentido, su papel consiste en aminorar estas asimetrías socioeconómicas y, mediante el saber, impulsar la emancipación de los individuos y la sociedad... Hoy tenemos la gran responsabilidad de participar en la construcción de la Universidad del futuro. Debemos pensar en ella, ya que coadyuvará al desarrollo de la nación mexicana”, concluye.
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