Ya suman más de 800 firmas de personas de la cadena del libro —autores, profesores, artistas y editores— que respaldan la petición para desinvitar a la escritora argentina Ariana Harwicz del Festival Internacional de Arte, Literatura y Humanidades CULTUR_ALH de Granada, al señalar que la autora niega el genocidio de Palestina.
La carta muestra su apoyo a la petición de la Red Universitaria por Palestina de Granada, quienes protestaron en contra de la participación de Harwicz. A ellos se habían sumado con un posicionamiento los escritores Rita Laura Segato, Lina Meruane, Sabina Urraca, Gabriela Wiener, María Fernanda Ampuero, Brenda Navarro, Silvia Federici y Ángelo Néstore.
“No vamos a dejar solas a las personas que se posicionan contra el genocidio del pueblo palestino perpetrado por Israel y contra la violencia ejercida por su ejército y sus colonos sobre los habitantes de Gaza y Cisjordania”, se lee en la misiva firmada por escritoras como Cristina Rivera Garza, Lydia Cacho, Camila Sosa Villada y Dahlia de la Cerda.
Provenientes de Argentina, Chile, Colombia, México, Perú, Ecuador, Uruguay, Cuba, España, Italia, Noruega, Reino Unido, Brasil y más, los firmantes dicen respaldar la protesta pacífica en contra del genocidio palestino y la negación de este hecho.
Los firmantes aseguran que no se trata de un acto de censura ni antisemitismo, como lo han hecho ver la Universidad de Granada o los firmantes de una carta en defensa de Harwicz.
“Criticar el sionismo no equivale a atacar a las personas judías ni a todas las israelíes. Combatir el antisemitismo y oponerse al sionismo tampoco son posiciones mutuamente excluyentes. Defender al pueblo palestino no equivale a atacar a las personas judías. (…) Creemos que no: criticar no es censurar, protestar no es censurar”, se lee en el documento que fue titulado “Posicionamiento colectivo por Palestina: el negacionismo fuera de los espacios literarios”.
Los firmantes señalan que de ser el caso, no aceptarían la negación del Holocausto y que en eventos literarios esa postura no sería presentada como una opinión plural. “vemos por qué tendríamos que aplicar un estándar ético distinto cuando hablamos del sufrimiento del pueblo palestino”, cuestionan.
“Pedimos que escuchen las demandas del movimiento palestino y de las organizaciones que trabajan por sus derechos. Pedimos que no castiguen profesionalmente a autorxs, trabajadorxs culturales, académicxs o estudiantes por posicionarse públicamente. Pedimos que no conviertan automáticamente la crítica al sionismo y a las posiciones sionistas en una acusación de antisemitismo. Pedimos que no utilicen la “libertad de expresión” como argumento para exigir que autorxs, lectorxs y trabajadorxs culturales compartamos espacios con discursos negacionistas o justificatorios de la violencia contra el pueblo palestino. Y pedimos que las instituciones culturales entiendan que sus decisiones también son políticas y, como tales, pueden ser cuestionadas y boicoteadas”, afirman.
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