La insolvencia en Chile ya no parece responder únicamente al perfil de personas sin empleo o con ingresos informales. Un análisis de más de 1.900 procedimientos concursales revela que el grupo más frecuente corresponde a trabajadores dependientes, con sueldo formal y acceso al crédito. De hecho, el 84% de las personas analizadas acredita sus ingresos mediante liquidaciones de sueldo.
El estudio, elaborado por el abogado especializado en deudas e insolvencia Ricardo Puelma, consideró 1.404 renegociaciones y más de 500 liquidaciones realizadas entre octubre de 2024 y septiembre de 2026. Los resultados muestran que entre quienes declaran una profesión, el 70% de los casos de renegociación y el 62% de las liquidaciones corresponde a profesionales universitarios. Ingeniería concentra el 28% de los casos, seguida por pedagogía, medicina y enfermería.
El escenario coincide con un fuerte aumento de las renegociaciones ante la Superintendencia de Insolvencia y Reemprendimiento (Superir). Entre enero y agosto de 2026 se registraron 5.496 procedimientos, un 124% más que en el mismo período de 2025, y el 84,7% correspondió a trabajadores dependientes.
Para Puelma, el problema no necesariamente está relacionado con la falta de trabajo, sino con el nivel de endeudamiento acumulado. “No es gente que dejó de trabajar; es gente que trabaja todos los meses para pagar deudas que crecieron más rápido que su sueldo”, explica.
La deuda mediana en los procesos de renegociación alcanza los $58,8 millones. Entre quienes no poseen inmuebles, llega a $29,2 millones, mientras que en personas con propiedades asciende a $107,6 millones, incluyendo el saldo hipotecario. En los procesos de liquidación, en tanto, la deuda mediana llega a $50 millones.
Uno de los principales problemas aparece en la acumulación de distintos tipos de crédito. La tarjeta de crédito es el producto que primero deja de pagarse en el 62% de los casos, seguida por los créditos de consumo, con 38%. Además, un 41% de las personas analizadas mantiene al menos un crédito con una caja de compensación y uno de cada seis tiene dos o más.
Entre las principales señales de alerta identificadas aparecen pagar gastos cotidianos en cuotas, solicitar un crédito para cubrir otra deuda y recurrir a una caja de compensación para llegar a fin de mes. El especialista plantea que “el momento de pedir ayuda es cuando ya no puedes pagar la cuota sin pedir dinero nuevo”, idealmente antes de realizar una primera repactación.
La renegociación ante la Superintendencia es gratuita, no requiere entregar bienes ni contar con un abogado y, según las cifras citadas en el análisis, registra una tasa de éxito superior al 98% desde la reforma de 2023. Para Puelma, recurrir a esta alternativa no debería entenderse como un fracaso: “Pedir ayuda no es reconocer un fracaso; es dejar de financiar uno”.





