La película chilena Hangar Rojo llegó a los cines nacionales este 1 de octubre con una historia que se interna en uno de los espacios menos abordados por el cine sobre la dictadura: lo ocurrido dentro de los recintos de la Fuerza Aérea durante los primeros años posteriores al golpe de Estado.

Dirigida por Juan Pablo Sallato, la historia está inspirada en Disparen a la bandada, la crónica autobiográfica de Fernando Villagrán sobre los crímenes cometidos al interior de esos recintos.

Filmada en blanco y negro, la película también pone su atención en la obediencia, la responsabilidad individual y las consecuencias de decidir no cumplir una orden.

En el centro de la historia está el capitán Silva, interpretado por Nicolás Zárate, un militar que debe enfrentar una orden de inteligencia relacionada con un recinto al que son trasladados presos políticos.

Sobre la construcción de su personaje, el dilema de la obediencia y la necesidad de volver sobre estas historias, conversamos con el protagonista de esta nueva película.

¿Qué fue lo primero que te llamó la atención de Hangar Rojo cuando recibiste el guion y qué te hizo querer interpretar a este personaje?

Nicolás Zarate: Me llamó mucho la atención lo bien narrado que estaba el viaje del personaje, ese nivel de tensión, angustia, de duda existencial, moral, me hizo de inmediato querer interpretarlo. Siento que entendí, en la primera lectura, la esencia del guion, esa sensación de presión, de opresión, de sofoco que me generó la primera lectura

¿Y cuánto investigaste sobre los hechos reales que están detrás de Disparen a la bandada antes de comenzar el rodaje?

Nicolás Zarate: Hubo un trabajo de investigación muy largo. Se trabajó con el libro, evidentemente, con audios que fueron un proceso de investigación del director con el guionista, audios de Jorge Silva. Trabajé con gente que lo conoció también, militares que fueron contemporáneos de él, que trabajaron con él, que fueron amigos de él. Hubo un trabajo investigativo grande

Yo igual trabajo también en el Teatro Ictus. Me ha tocado otras veces interpretar historias de esta época. Me había tocado interpretar también militares en otras ocasiones. Me tocó con Silvio Caiozzi en ...Y de pronto el amanecer. También tuve que investigar ese mundo militar y de esa época.

Ahora, ese personaje es completamente opuesto al de Jorge Silva. Pero hay una línea en común, que es este mundo militar que tiene que seguir las órdenes, que tiene una obediencia debida. Y en ese sentido es algo que se repite en el mundo militar.

Una de las ideas que atraviesa la película es hasta dónde llega la responsabilidad individual cuando alguien recibe una orden. ¿Cómo se construye desde la actuación el miedo de alguien que sabe que desobedecer también puede tener consecuencias para él?

Nicolás Zarate: ¿Cómo se construye el miedo? Yo creo que es una totalidad. Lo que se construye es intentar ponerse a uno en la situación. También tratar de hacer un gesto simbólico, que es no solo contar la historia del capitán Silva, sino que esto es algo que le pasó a muchos militares”.

Hay mucho que jugar con la propia vida, en el fondo. Con el hecho de hacer un acto un poco más metafórico, más simbólico, de lo que eso implica. Cuando la verdad no llega a alcanzarnos, uno tiene que trabajar también desde la metáfora en ese sentido. Y ponerse a uno mismo en esa situación. Aunque esa situación sea evidentemente ficticia, hay que hacer ese trabajo.

¿Cómo fue trabajar con Juan Pablo Sallato y qué indicaciones te dio para encontrar el tono del protagonista?

Nicolás Zarate: El trabajo con Juan Pablo fue maravilloso. Nos entendimos desde el primer momento. Entendíamos la película desde el mismo lugar. Pero esta, sobre todo esta película, fue una película muy dialogada, tanto con el director como con los otros departamentos, con la dirección de fotos, el arte. Entonces, en ese sentido, fue una película que pudimos conversar mucho entre todos.

Sobre todo con el director, evidentemente, que logró aunar un grupo humano que iba pensando en una misma idea, una misma idea estética, poética, política, y eso nos hizo mucho sentido. Yo creo que para eso ayudó también mucho que estuvimos tres semanas filmando en Mendoza y estábamos viviendo todos juntos en un hotel.

Entonces nos levantábamos y hablábamos de la película, tomábamos desayuno juntos y conversábamos acerca de lo que íbamos a hacer en el día. Entonces fue una película muy necesaria. En ese sentido, muy conversada y dialogada.

Hangar Rojo se enfoca en el mundo militar. ¿Cómo trabajaron los códigos, la disciplina, la manera de hablar y los gestos propios de ese ambiente?

Nicolás Zarate: Aparte de las entrevistas que tuve acá con militares de la época, en el set trabajábamos con Álvaro Bianchi, que fue nuestro coach militar en términos de disciplina, de manejo de armas, etc.

¿Y qué dificultades implica interpretar a un militar en una historia de estas características?

Nicolás Zarate: Yo creo que las dificultades, sobre todo más que las dificultades del trabajo o del mundo militar, son las dificultades humanas que genera una situación como esta. Creo que el conflicto mayor es tratar de encarnar y habitar ese espacio de la decisión, que es un espacio siempre angustiante, límite, violento, donde uno tiene que decidir si va hacia un lado o hacia otro.

Eso siempre implica una pérdida. Y eso yo creo que es de las cosas más conflictivas, más difíciles de interpretar.

La película ya pasó por distintos festivales y tú recibiste el premio a Mejor Actor en el Festival Internacional de Cine de Lima. ¿Qué significó ese reconocimiento para ti?

Nicolás Zarate: La película ha estado en muchos festivales. Lleva 19 premios ya. Los premios a actuación han estado en cuatro lugares: en Málaga, en Guadalajara, Uruguay y Lima. Y eso evidentemente ha sido un reconocimiento muy bello. Por lo menos en mi caso, en el caso de la actuación. Ha sido muy bonito ver el fruto que ha dado tanto trabajo. Y eso me tiene muy contento.

También me tiene muy contento que la película en todos sus departamentos haya tenido tantos premios. Esos 19 premios son entre foto, arte, sonido, montaje, dirección. Y eso me pone muy, muy contento.

Finalmente, han pasado más de cinco décadas desde los hechos que inspiran la película. ¿Por qué crees que todavía es necesario contar este tipo de historias?

Nicolás Zarate: Creo que siempre es necesario volver a mirar el pasado para entender el presente. Y en ese sentido esta película dialoga muy bien con el presente. Porque es una película que no habla solo de la dictadura. Que no habla solo de un tiempo pasado. Sino que habla de la decisión de un hombre frente a si se hace cargo de lo que está sucediendo. Si es parte de la barbarie o no.

Y en ese sentido esa dualidad, ese mundo de la decisión, del conflicto moral que eso acarrea, es algo humano. Entonces esta película en ese sentido es profundamente humana. Apela a hechos que son más allá de cualquier época. Por eso yo creo que ha tenido tan buen recibimiento en todos los festivales en los que ha estado.

Además creo que implica contar una historia que no es sabida. Contar esta historia que es de nuestro país, evidentemente, pero que también se vuelve muy universal. Porque es un tema humano que atraviesa las décadas, atraviesa la época, atraviesa los continentes. Creo que por eso es importante hacerla. Y es importante que la vea también la gente.