Esta semana me registré para participar en el proceso interno de Morena por el Distrito 10 de Miguel Hidalgo.
Y hacerlo me llevó inevitablemente a pensar en mi propia historia, en lo que me trajo hasta aquí y también en algunos de los cuestionamientos que me han acompañado desde que decidí entrar a la política.
Soy María Teresa Ealy.
Sé perfectamente de dónde vengo. Nací con privilegios, he tenido oportunidades que millones de mexicanas no tienen y sería absurdo negarlo.
Estoy profundamente orgullosa de mi familia, de mi historia y de mi apellido.
Pero hubo algo que cambió para siempre mi manera de entender el mundo: ni con todo el privilegio en el que nací pude encontrar justicia cuando la necesité.
Eso me marcó.
Porque si para mí fue difícil teniendo educación, herramientas, acompañamiento y posibilidades, ¿qué pasa con una mujer que no tiene nada de eso? ¿Con quien no puede pagar una abogada? ¿Con quien tiene miedo? ¿Con quien denuncia y nadie la escucha?
Ahí entendí que mi privilegio no tenía que convertirse en culpa. Tenía que convertirse en responsabilidad.
Por eso decidí defender a mujeres víctimas de violencia. Por eso fundé una organización para acompañarlas. Y por eso también entré a la política.
Sí. Soy una Ealy. Soy mujer. Soy joven. Soy de izquierda.
¿Y?
Contradictorio habría sido conocer la injusticia y elegir la comodidad.
También soy una cara nueva en Miguel Hidalgo. Y lejos de incomodarme, me parece una ventaja.
Porque la gente está cansada de una política donde cambian las elecciones, cambian los años, cambian los discursos, pero aparecen los mismos nombres buscando el siguiente cargo.
Eso no siempre es experiencia. A veces es simplemente permanencia. Y conviene dejar de confundirlas.
La experiencia debe servir para producir resultados, no para justificar candidaturas eternas.
Haber estado antes no significa que te toque volver.
Esa es una de las peores costumbres de la vieja política: convertir los cargos públicos en una especie de sistema de antigüedad.
“Ya fui esto, ahora me toca aquello”, “Ya goberné, ahora quiero regresar”, “Yo llevo más años”.
¿Y?, ¿dónde están los resultados?
A quienes llegamos nos preguntan si estamos preparados.
Perfecto.
Pregunten. Exijan. Revisen nuestro trabajo.
Pero a quienes quieren regresar habría que hacerles una pregunta todavía más sencilla: ¿qué hicieron cuando ya tuvieron la oportunidad?
Porque una cosa es tener experiencia y otra muy distinta vivir eternamente de ella.
Antes de pedir otra oportunidad hay que explicar la anterior.
¿Qué cambiaste?, ¿qué resolviste?, ¿qué dejaste?, ¿para qué quieres volver?
Una alcaldía no es patrimonio político. Una candidatura no se aparta. Y ningún territorio debería convertirse en el lugar al que alguien cree que puede regresar cada vez que necesita su siguiente cargo.
Miguel Hidalgo no es un hueso.
Es una alcaldía de mujeres y hombres que merecen resultados. Y nadie debería sentirse dueño de ella.
Eso también me incluye a mí.
Hoy soy diputada federal. Mañana, si quiero asumir otra responsabilidad, quiero que me pregunten qué hice con la que tengo.
No cuántos años llevo. No qué cargos he ocupado.
Qué resultados entregué.
Porque el currículum de un político no debería medirse por la cantidad de cargos que acumula, sino por lo que dejó después de ocuparlos.
Por eso levanté la mano por el Distrito 10.
No porque crea que me pertenece. No porque alguien me haya dicho que “ya me toca”. Y mucho menos porque piense que mi apellido me da derecho a algo.
Levanté la mano porque he trabajado y porque creo que una nueva generación tiene derecho a competir sin pedir permiso a quienes llevan años esperando volver.
No necesitamos que nos cedan el turno. Porque el turno tampoco es suyo.
Estoy dispuesta a que comparen.
Trabajo con trabajo. Territorio con territorio. Resultados con resultados.
Pero con la misma vara.
A quienes llegamos, pregúntenos qué queremos hacer. A quienes quieren regresar, pregúntenles qué hicieron cuando estuvieron.
Porque la renovación no significa jubilar a nadie por su edad.
Significa algo mucho más incómodo: entender que ningún político es indispensable.
Ni yo. Ni nadie.
Miguel Hidalgo no necesita dueños. Tampoco necesita candidaturas recicladas por costumbre.
Necesita resultados. Necesita competencia. Y necesita nuevas generaciones dispuestas a demostrar que hay otra manera de hacer política.
Yo sé de dónde vengo.
No reniego de mi apellido. No me avergüenzo de mis privilegios.
Elegí convertirlos en responsabilidad.
Y tampoco me avergüenza ser una cara nueva.
Me preocuparía mucho más convertirme algún día en una cara de siempre que sigue buscando dónde acomodarse después.
Porque también hay que saber entender los tiempos.
Hay momentos para llegar. Hay momentos para gobernar. Y también hay momentos para saber cuándo tu tiempo ya pasó.
María Teresa Ealy Díaz, Diputada Federal de la LXVI Legislatura.
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