Pahuatlán, Pue.— Los ocho se fueron a Nuevo Laredo, Tamaulipas, para trabajar en una taquería. En ese entonces, hace cuatro años, tenían entre 15 y 27 años y ninguno de ellos imaginó lo que pasaría, menos sus familias.
Para los originarios del municipio de Pahuatlán, Puebla, de las comunidades otomíes de San Pablito y Xochimilco, el viaje representaba la oportunidad de ahorrar para mandar dinero a sus familias, comprar un terreno y construir una casa, cruzar a Estados Unidos o simplemente vislumbrar un futuro lejos de donde nacieron; pero ninguno de aquellos planes se concretó.
Los ocho jóvenes fueron desaparecidos entre el 19 y 20 de septiembre de 2022 cuando sujetos armados irrumpieron en la taquería Los Vales —lugar donde trabajaban—, llevándose también a otros dos trabajadores y al dueño del negocio.
“El día 19 de septiembre me marcó para decirme que me había enviado algo de dinero”, recuerda Luisa Victoriano, madre de Julián Antonio Ricaño Victoriano, de 15 años.
“Al día siguiente, cuando fui a sacar el dinero, le marqué de vuelta, pero ya no me contestó. Me duele porque no sé nada y ya pasó mucho tiempo. Era mi niño chiquito. No importa si es peligroso buscarlo. Lo voy a seguir haciendo porque lo único que yo quiero es encontrar a mi hijo”, expresa.
Los nombres de los otros siete jóvenes desaparecidos en Tamaulipas son: Juan Eduardo Lechuga Aguacuata, de 20 años; Rudygael Lechuga Aguacuata, de 22; Ezequiel Hernández López, de 24; Ronaldo Mendoza Mendoza, de 16; Edgardo Mendoza Mateo, de 19; Alejandro Brasil Mateo, de 27, y Juan Luis Macario Ventura, de 18 años.
“No es igual cuando un hijo se muere y lo sepultas en la tierra, ahí ya sabes a dónde ir a verlo. Pero estos pobres jóvenes no sabemos dónde están, y eso es lo que nos preocupa, porque no sabemos si viven o no viven, o si los tratan bien donde sea que estén”, expresa el señor Maximino Hernández, padre de Ezequiel.
A los pocos meses de la desaparición, las familias de los ocho jóvenes crearon el Colectivo 20 de Septiembre para buscarlos. El colectivo está también integrado por Flora Valerio, sicóloga y traductora, y Leobardo Lechuga, defensor de derechos humanos en la región de Pahuatlán.
Actualmente, viajan cada dos meses a Ciudad Victoria, Tamaulipas, para establecer mesas de trabajo y búsquedas en campo junto a la fiscalía estatal y la Comisión de Búsqueda de Tamaulipas.
“Desde que lo perdí me enfermé”, cuenta Martina Mendoza, madre de Ronaldo. “Dejé de escuchar su voz y desde entonces cargo con un dolor que muchas veces nadie ve”.
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