Desde la llegada de Andrés Manuel López Obrador, México ha logrado un avance decisivo que le permite, bajo una visión de transformación profunda, dar el salto necesario para posicionarse entre las economías más sólidas y competitivas del mundo. Ese principio rector es, por sí mismo, razón suficiente para que la presidenta Sheinbaum continúe operando con una perspectiva de largo alcance. En efecto, varios temas han mostrado un progreso notable gracias al trabajo de la mandataria y, de manera natural, al equipo multidisciplinario encabezado por Marcelo Ebrard. Él, recientemente, participó en uno de los foros internacionales más relevantes. Nos referimos al G20 y a los reacomodos geopolíticos que han marcado los últimos años. Frente a estos desafíos, México ha sabido adaptarse con rapidez para ubicarse en una posición estratégica.

Dada esa premisa —lo sabemos—, la delegación que acudió a Milwaukee, Estados Unidos, cumplió las expectativas de representarnos con el mejor nivel mostrado durante las reuniones. En los hechos, por ejemplo, la comitiva que encabezó Ebrard aprovechó al máximo cada encuentro con líderes del Departamento de Comercio. Se tomó la decisión, con las prioridades marcadas en la agenda, de atender temas pendientes, especialmente con la contraparte de nuestro vecino país. La principal referencia, convencidos de que se puede concretar, es continuar abriendo camino para firmar un acuerdo histórico en el T‑MEC. Antes de eso, con un andamiaje de planeación, nos comentan que se abordaron proyectos de inversión que muy pronto aterrizarían en suelo mexicano. Incluso podemos decir que estamos más que listos para que los mercados continúen diversificando las cadenas de valor.

Sobre la misión que tenían nuestros representantes —en esa cadena de oportunidades que se abrió luego de poder departir con personajes de primer nivel—, podemos decir que nos fue muy bien. En ese programa de prioridades que se estableció, era indispensable operar un diálogo con el encargado de la política comercial en Estados Unidos. Con ellos, específicamente como meta, nuestra delegación llevaba la clara consigna de abrir más los mercados con nuestro principal socio. La primordial referencia o punto de partida, sobra decir, es aspirar a continuar creciendo ahora que hay muchos aspectos que han cambiado la perspectiva. Uno de ellos, efectivamente, son los Polos de Desarrollo, así como la capacidad que hemos tenido para adaptarnos a los nuevos mecanismos de innovación.

Si nos fijamos con detenimiento y ponemos atención en los aspectos trascendentales del marco del G20, podemos darnos cuenta de que una de las conversaciones frontales se dio entre Marcelo Ebrard y Jamieson Greer. A medida que esos personajes fueron posicionándose en los reflectores, desde luego supimos que se fortalecieron los lazos diplomáticos. Hablamos de que se aprovechó al máximo cada minuto, más allá de que no fueron encuentros formales del T‑MEC. De hecho, ya corresponderá tener un encuentro oficial con ambas partes para hablar estrictamente de la firma del tratado comercial. Entonces, el telón de fondo, además de reivindicar esa posición crucial que jugamos en el G20, sirvió como palanca de impulso para ir tomando decisiones de lo que, a nuestro juicio, será un momento histórico. Por lo pronto —para tener muy en cuenta—, el G20 está repercutiendo positivamente al ser una maniobra que coadyuva a afianzarse con las superpotencias, pero también es un vehículo que logra conseguir mejor y mayor productividad con esos signos de armonización y voluntad de las partes.

El camino para ir decididamente por una mayor apertura comercial, no solo con Estados Unidos, sino con potencias de Europa, también fue otro punto medular que, a la postre, se convertirá en una palanca de propulsión y, por ende, en un motor para mejorar la calidad de vida. Lo que ha demostrado eso, hablando de impulso, es la determinación con la que caminan nuestros actores. Levantando esa bandera del progreso, nos hemos dado cuenta rápidamente: México selló alianzas estratégicas con otras naciones en el marco del G20. Con ese liderazgo que proyectan nuestros representantes, que es admirable y de primera, deducimos que la comitiva habrá de entregarle buenas cuentas a la presidenta en esa búsqueda de nuevas y mejores inversiones. Si algo nos ha caracterizado, así lo demuestran los datos, es la confianza que proyectamos. Sobra decir que los números hablan por sí solos: récord de inversiones en este primer semestre del año 2026. Con esa evidencia, siempre dispuestos a edificar más y mejores áreas de oportunidad, concluimos que el G20 significó un ganar y ganar.

Notas finales

Los testimonios que se han recolectado, efectivamente, recrudecieron la indignación generalizada, básicamente por los proyectos de infraestructura que buscan asentarse en Puebla capital. Ellos, por supuesto, no representan los preceptos de la Cuarta Transformación, sino intereses particulares. De hecho, Pepe Chedraui debe conocer la realidad histórica que implica un punto tan trascendental como la capital del estado. Entonces eso, más que una visión de desarrollo social, son proyectos personales que solo desmantelarían espacios que tienen reconocimiento oficial de la UNESCO. En pocas palabras, no se deben adoptar mecanismos a la ligera que solo obedecen a intereses personales más que a los colectivos.