En enero de 2024, el CEO de NotCo, Matías Muchnick, dijo a Pulso que ese año conseguirían que sus dos mayores operaciones, Argentina y Chile, fuesen rentables. A fines de ese mismo año, señalaba que su obligación era lograr el break even de su Ebitda (ingresos cubren costos) en el primer trimestre de 2025 y ser rentables en 2026. Pocos meses después, indicó a Bloomberg que la meta de rentabilidad se posponía para 2027.
Aunque su estado de resultados es privado, quienes conocen la compañía desde dentro aseguran que hasta ahora ninguna de esas proyecciones se ha cumplido. NotCo aún sigue con pérdidas.
Y apuntan a una razón principal: gastos al estilo de una multinacional consolidada, para una empresa que debía crecer de manera sostenible. Esto obligó al cambio de estrategia de hace dos años: abandonar su propósito inicial de ser una empresa tecnológica de alimentos, para pasar a ser una compañía de inteligencia artificial (IA) que ofrece su algoritmo, Giuseppe, para modificar los procesos de grandes transnacionales de consumo masivo.
Este escenario sería el que está detrás de sus últimos movimientos: la semana pasada anunció la venta de su negocio en Brasil, a menos de dos meses de su salida de Argentina y Uruguay.
Un exejecutivo de la firma lo resume así: “La venta de la tecnología es más rentable que el negocio de alimentos, cuya estrategia de ventas es mucho más compleja. El B2B (negocio de empresa a empresa) es más simple que el B2C (de empresa al consumidor final)”.
La historia explica
NotCo fue fundada en 2015 por los socios Matías Muchnick (ingeniero comercial), Karim Pichara (ingeniero en computación) y Pablo Zamora (biotecnólogo).
Los primeros años trabajó con el ímpetu de una startup que desarrolló una tecnología propia para fabricar alimentos asociados tradicionalmente a un origen animal, pero con un 100% de componentes vegetales. De allí surgieron la mayonesa o la hamburguesa plant-based.
En la medida que avanzaban sus desarrollos, fue sumando inversionistas. Entre 2019 y 2020 levantó cerca de US$120 millones, con una operación de poco más de 30 personas en un pequeño laboratorio en Macul, donde fuera de los fundadores, los profesionales eran en su mayoría recién salidos de la universidad. Contaban con una planta para fabricar su mayonesa, poco eficiente y de escasa capacidad, que debió ser cerrada para pasar a un modelo de maquila que opera hasta hoy: otra fábrica produce lo que la fórmula secreta establece. Así, empezó a hacerse conocida y a vender sus productos en Chile y Argentina.
En 2020, en plena pandemia, instalaron una oficina en Brasil y al año siguiente, cuando realizaron su mayor ronda de financiamiento, por US$235 millones, se instalaron en Argentina, México y Uruguay.
Y ese mismo 2021 dieron el gran el salto a EE.UU., con una sede en Nueva York, en el Soho.
En sus cuatro rondas de inversión, levantaron US$350 millones de fondos de capital de riesgo tan connotados como Kaszek Ventures o Tiger Global, que recolectaron platas de magnates como Jeff Bezos o Nicolás Szekasy.
La partida a EE.UU. fue, quizás, el inicio de un cisma en la compañía, dado que en los hechos se dividió el negocio entre las operaciones reales del día a día en Latinoamérica, que eran las que aportaban las ventas, de las del rudo mercado de Norteamérica. En ese momento, Chile representaba el 90% de la facturación, pero se depositaban muchas expectativas en el futuro de los grandes mercados regionales como Brasil, México y Argentina.
Sin embargo, los socios se jugaron por Estados Unidos. Contrataron ejecutivos senior, de alto costo. El más representativo fue Lucho López-May, un argentino ex Danone, que llevaba 25 años en Nueva York y que fue designado country manager.
El dinero dulce de los años de la pandemia es observado hoy como una de las semillas de los problemas posteriores. Tanto dinero para una empresa que requería ir quemando etapas y no crecer de un salto, provocó una aceleración de crecimiento que, al decir de algunos que vivieron el proceso, no se condecía con su origen ni con su propósito.
“Una oficina cara en Nueva York, con ejecutivos con sueldos de Nueva York, oficina en San Francisco, otra oficina en Sao Paulo en el mismo edificio donde habían grandes transnacionales, viajes en primera clase. Un gasto muy alto para una empresa con grandes perspectivas, pero que no ganaba plata”, recuerda un exejecutivo.
Entonces, la unidad norteamericana se sobreponderó: era el mercado más grande, donde estaban los inversionistas de las rondas y había que apostar el dinero allá.
Se hacía lo mismo que en el sur: una empresa de alimentos de consumo masivo intensiva en capital de trabajo y equipos, en el mercado más competitivo del mundo, donde debes tener un intermediario para entrar a los supermercados y los márgenes son más estrechos. Pero quienes estaban en la empresa en ese momento comentan que ese negocio tuvo una conducción errática y poco rentable, con ejecutivos sin experiencia en consumo masivo ni que hubiesen trabajado en los lanzamientos de los productos en América Latina.
Para un exejecutivo, el error no estuvo en ser demasiado ambiciosos, sino que en gastar de acuerdo al dinero con que se contaba, y no según el negocio que se tenía.
La operación regional creció en ventas -pasó de $200 millones mensuales en 2019, a $2 mil millones al mes en 2022-, pero ya los inversionistas y, por tanto, la dirección de la compañía, domiciliada en Estados Unidos, exigía mejores resultados.
Ya en ese momento la administración efectiva de la compañía, dividida entre Nueva York y San Francisco, no estaba en manos del CEO Matías Muchnick, sino que la había delegado en el argentino José Menéndez, quien llegó como chief operating officer en 2019 y en 2024 se le designó también presidente. Él, como buen financiero, lideró la presión sobre las unidades en Latinoamérica para generar dinero, reduciendo personal o salarios, mientras en EE.UU. se mantenía a vicepresidentes con elevados salarios. A tal nivel llegó esa tensión, que las cabezas de los países terminaron yéndose.
Cambio de rumbo
La tabla de salvación a la que se aferró NotCo fue su tecnología.
Mientras el negocio de consumo en EE.UU. o Brasil no despegaba, se convencieron de que lo que podía generar rentabilidad era su plataforma de IA. En 2022 hicieron una alianza con Kraft Heinz para que el gigante alimentario aprovechara ese desarrollo en productos veganos. El negocio funcionó, pues usaba poco personal y una tecnología ya probada, lo que abrió una línea de negocios en sí misma.
Además, la marca NotCo ya era conocida en América Latina y había alzado algo de vuelo en EE.UU., por lo que servía como una especie de sello de garantía para las multinacionales que querían desarrollar sus productos 100% de origen vegetal.
Ya en 2024, NotCo separó formalmente su negocio en dos divisiones: la deficitaria de productos alimenticios plant-based y la rentable: “Una especie de consultoría en IA soportada por la tecnología con soluciones tailor-made (hechas a la medida) del cliente”. O sea, NotCo no vende la tecnología, sino que la ofrece y el cliente (o empresa socia) debe incorporar a personal de NotCo para que haga los desarrollos.
De este modo, hoy su negocio NotCo AI tiene como clientes no sólo a Kraft Heinz, sino que a Pepsico, la confitera Mondelez, The Magnum Ice Cream, las chocolateras Barry Callebaut y Ferrero, y la mexicana Bimbo, los que incluso usan la expresión “Not” para asociar su producto a NotCo.
El difícil momento actual
El giro estratégico hacia la rentabilidad provocó que después de llegar a un máximo de cerca de 400 trabajadores, a fines de 2024 iniciara una serie de desvinculaciones que en Chile partió con el recorte del 11% de la plantilla, encabezada por su country manager Max Silva.
Con el tiempo, las salidas se intensificaron, ya sea por renuncias o por decisiones corporativas.
En ese proceso, a inicios de 2025, cerraron su oficina en Nueva York, encargaron la venta de sus productos en EE.UU. y Canadá a Kraft Heinz. Muchnick y Menéndez volvieron a Chile.
Según Pitchbook, NotCo vendió del orden de US$65 millones en 2025, un monto que todavía no le permite cubrir sus costos. Y según diversas fuentes, llegó a vender un máximo de cerca de US$100 millones en 2022. La mitad aproximada de lo que vende hoy provendría del negocio de la IA, que sería rentable, pues tiene un costo por proyecto del orden de los US$300 mil, dijeron dos fuentes. Este negocio lo comanda el socio fundador Karim Pichara -Chief Techology Officer- y Catriel Giuliano -Chief Research & Development Officer-, quien reemplazó al fundador Pablo Zamora cuando este dejó la empresa, en 2020.
La operación de consumo masivo no rinde lo suficiente. En marzo de 2026, sin comunicación oficial, cerraron su operación de consumo masivo y oficinas en México. En junio de este año, vendieron su negocio de alimentos NotCo en Argentina y Uruguay a Molinos Río de la Plata, del grupo Pérez Companc, lo que provocó la salida de su VP regional Matías Latugaye. Y a inicios de este mes, traspasaron su unidad en Brasil, que nunca despegó, a la empresa local Ferrara.
Consultados varios conocedores del negocio de NotCo coincidieron en que lo lógico es que también ponga a la venta su reducida operación en Chile, que hoy está al mando de quien fuese su gerenta de ventas, Carolina Pinto, y formada por profesionales junior, tanto en comercialización como en desarrollo.
La última ola ocurrió hace un mes y medio, cuando fueron despedidas 16 personas en Chile y EE.UU.. Pero no fueron cualquiera, sino quienes detentaban cargos ejecutivos -gerentes, gerentes senior y directores-, principalmente de sus áreas científica y culinaria, antes considerados el corazón del negocio por el propio Muchnick. Incluso salieron su histórico director de investigación y líder científico del laboratorio, Rodrigo Contreras, su cocinera jefe, Paula Pesse, y su directora de diseño, Trinidad Franco.
Un exejecutivo grafica que el laboratorio, ya descabezado, sólo se encarga de mantener lo que hay y no de innovación, que era su gran motor. “Pasamos de hacer 10 innovaciones de desarrollo al año a solo dos. El foco ya no es innovación, sino rentabiliizar todos los años de trabajo de haber desarrollado la IA. Se ha convertido en una empresa que busca resultados muy rápido y el desarrollo científico es de más largo plazo y más riesgo”, explica.
Al ser consultada la empresa, no se explaya en detalles respecto a su negocio de consumo masivo, sólo se centra en el de IA: “NotCo AI está en plena etapa de crecimiento, con más de 35 acuerdos comerciales y trabajando con 10 de las 15 compañías más grandes de la industria de alimentos. Es un muy buen momento, validado el rol y valor que tiene la tecnología para la industria. Estamos en fases avanzadas de deployment y ya con más del 70% de proyectos finalizados con éxito”, dijo Cecilia Pato, directora de Marketing y Comunicación de NotCo, desde Argentina.
La empresa ahora deberá sostenerse con los productos a los que les va mejor en su negocio de consumo masivo -leche, hamburguesa y mayonesa-, pero más con el de tecnología.
Sin embargo para los consultados, la IA, el negocio de moda en el mundo, no es la esencia de lo que motorizó a la marca NotCo. Por eso creen que NotCo es otra compañía. No es lo mismo. Ya not.
Matías Muchnick fue contactado para este reportaje, pero no respondió.





