El Día Mundial de las Noticias nos invita a reflexionar sobre un pilar fundamental de la democracia, el derecho a estar informadas e informados con la verdad. En un ecosistema donde la sobreinformación satura nuestras pantallas, mantenernos informadas e informados a través de fuentes confiables no es un lujo, sino una necesidad vital para tomar decisiones libres y conscientes sobre nuestro entorno.
Los medios de comunicación tradicionales y digitales con rigor periodístico juegan un rol insustituible en esta tarea. Su papel va más allá de narrar los hechos, actúan como contrapeso del poder, investigan la corrupción y dan voz a las ciudadanas y los ciudadanos que no la tienen. Frente al caos informativo, el periodismo profesional ofrece contexto, verificación y responsabilidad, elementos que ninguna tecnología puede automatizar por completo.
El panorama actual está profundamente transformado por el impacto de las redes sociales. Si bien estas plataformas han democratizado el acceso a la información y permitido que cualquier persona exprese sus ideas en tiempo real, también se han convertido en el principal vector para la propagación de la desinformación. Los algoritmos, diseñados para capturar nuestra atención a través de la emoción y la controversia, a menudo priorizan el escándalo por encima de la veracidad.
Es aquí donde radica nuestra mayor batalla colectiva, acabar con las noticias falsas (fake news) es una responsabilidad de todas y todos. La desinformación erosiona la confianza en las instituciones, polariza a las sociedades y destruye el tejido social. Combatirla exige un esfuerzo compartido donde las periodistas y los periodistas deben elevar sus estándares de verificación, las plataformas tecnológicas tienen que asumir su rol editorial y la ciudadanía debe adoptar un rol activo y crítico. Antes de hacer un clic que replique el engaño, tenemos el deber de dudar, verificar la fuente y contrastar los datos.
Al mismo tiempo, nos urge un cambio profundo en nuestra forma de consumir y difundir información, necesitamos con urgencia compartir también buenas noticias, porque lo positivo también es noticia. Entre tantas crisis, desastres y contenidos alarmistas que inundan las redes, las historias de solidaridad, los avances científicos, los logros comunitarios y las soluciones a los problemas cotidianos quedan invisibilizados.
Visibilizar el impacto positivo nos devuelve la esperanza, contrarresta el desánimo colectivo y demuestra que el periodismo también sirve para inspirar y construir.
Juntas y juntos impulsemos la defensa de la verdad y la difusión de lo bueno, que es la única vacuna eficaz contra la pandemia de la mentira.
Jennifer Islas. Política y conferencista.
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