Cito lo afirmado en Milenio, hoy martes 6 de octubre, por el madrileño de nacimiento Joaquín López-Dóriga. Destaco el origen del conocido periodista porque su comentario hace referencia a un próximo evento diplomático en la capital española, a la que seguramente aprecia bastante, aunque menos que la Ciudad de México. En la villa del oso y el madroño solo residió nueve de los 79 años que ha vivido —y vivirá muchos más—. Siete décadas las ha pasado en la gran Tenochtitlan.
Ha dicho López-Dóriga: “AUSENCIA. Aquí en Madrid confían en que la presidenta Sheinbaum asista a la Cumbre Iberoamericana el día 4 (de noviembre), pero no la veo. Va a China a APEC el 18 (también de noviembre). Y de perder Lula en Brasil, el 25 (de octubre), sería la solitaria de izquierda. Pero aún confían”.
Estoy de acuerdo con Joaquín: no veo a Sheinbaum en Madrid el 4 y el 5 de noviembre del presente año. No solo porque la presidenta estará dos semanas después en la reunión de APEC en Shenzhen, China. La razón principal la sugiere el colaborador de Milenio y Radio Fórmula: “De perder Lula en Brasil, el 25 (de octubre), sería la solitaria de izquierda” en la Cumbre Iberoamericana. No tendría la presidenta mexicana ningún problema en estar en la célebre minoría de uno —en lenguaje inclusivo sería minoría de una sola persona— de la que hablaron Gandhi y George Orwell. La frase que suele atribuirse a Gandhi resume bien la idea: “Aunque seas una minoría de uno, la verdad es la verdad”.
El problema no es debatir en una cumbre de 22 países iberoamericanos siendo Claudia Sheinbaum prácticamente la única gobernante latinoamericana de izquierda. El problema es que entre los líderes de derecha hay algunos no solo excesivamente ruidosos, sino dados al insulto, como Javier Milei, de Argentina; Abelardo de la Espriella, de Colombia, y Daniel Noboa, de Ecuador.
Si Lula perdiera la segunda vuelta de las elecciones de Brasil, algo que hoy parece muy probable, el representante de la gran nación sudamericana sería Flávio Bolsonaro, quien parece jugar en la misma liga de la estridencia y la mentada de madre de sus vecinos argentino, ecuatoriano y colombiano.
No tiene Claudia Sheinbaum por qué exponer a la investidura presidencial mexicana a que la insulten en los diálogos de la Cumbre Iberoamericana. Y, además, la ciudad natal de López-Dóriga está gobernada por Isabel Díaz Ayuso, una radical de derecha que no oculta su animadversión hacia la mandataria de nuestro país, lo que podría traducirse en protestas callejeras alentadas por sectores políticos cercanos al gobierno regional madrileño.
Y lo más lamentable para la izquierda en términos de la Cumbre Iberoamericana no es la posible derrota de Lula en Brasil, sino el adelanto electoral en España.
El presidente anfitrión, Pedro Sánchez, progresista, ha convocado elecciones anticipadas en un contexto de claro fortalecimiento de la derecha española. Es decir, Sánchez recibirá, con la guillotina electoral sobre su cabeza, a gobernantes convocados por su equipo diplomático. La Cumbre Iberoamericana será el motivo perfecto para que los partidos conservadores, PP y Vox, tiren a matar al debilitado presidente del gobierno, el único, en un escenario sin Lula, que podría tener coincidencias ideológicas y de programas sociales de gobierno con Sheinbaum.
Aun si Lula remontara y ganara, hay una realidad imposible de ignorar: el bolsonarismo está vivísimo y representa prácticamente a la mitad de Brasil. Así que tanto si Flávio Bolsonaro triunfara el 25 de octubre como si quedara en segundo lugar, la ultraderecha latinoamericana anunciaría que sigue creciendo y, por lo tanto, llegaría todavía más fortalecida y envalentonada a Madrid.
No hay la menor duda de que es a un Madrid polarizado, con un gobierno regional que detesta a la presidenta y con enorme fuerza de las derechas española y latinoamericana, a donde arribaría Claudia Sheinbaum si asistiera a la Cumbre Iberoamericana.
Con el ascenso de las derechas en Latinoamérica, las diferencias entre gobernantes han dejado en demasiadas ocasiones de procesarse mediante las reglas de la diplomacia. No lo digo solo por la vocación de argumentar con insultos de Milei o De la Espriella, sino también por la agresión violenta que la embajada de México sufrió en Ecuador por órdenes del presidente Noboa.
¿Por qué tendría Claudia que exponerse innecesariamente a la provocación y hasta a la ofensa? La presidenta de México no le teme al debate ni lo rehuye. Pero carece de sentido caer en una celada tan anunciada.
¿Quién debe representar a México en la Cumbre Iberoamericana? El canciller Roberto Velasco. Juventud y paciencia le sobran para resistir sin alterarse a esas ultraderechas.
Claudia tiene algo bastante más importante que hacer: acudir semanas después de la cumbre de Madrid a la reunión de APEC en China, donde se juega una parte fundamental del nuevo equilibrio económico mundial y donde la presidenta mexicana podría encontrarse con Xi Jinping, de China; Vladimir Putin, de Rusia, y Donald Trump, de Estados Unidos.
Mensaje al pueblo español
Encuentro opciones para hacer diplomacia con España sin necesidad de encerrarse dos días en Madrid con semejante reparto político de furibundos ultraconservadores.
Respetuosamente sugeriría a la presidenta Sheinbaum explicar directamente a la sociedad española las razones de su ausencia. ¿Cómo? Que conceda entrevistas a medios importantes de España. Hablo de El País, desde luego, cuya fuerza está en Madrid. Pero también —y con especial interés por el espíritu progresista de Cataluña, tan distinto al de buena parte de la sociedad madrileña— con La Vanguardia de Barcelona. Y añadiría un tercer medio: elDiario.es, de la capital española, un sitio de internet importante y claramente progresista.
Que Claudia hable con los tres medios. Que explique sus razones. Que deje perfectamente claro que México no desprecia a España ni a Iberoamérica. Que se disculpa con el monarca Felipe VI, quien merece el mayor respeto. Pero que, simplemente, precise que la presidenta de México tiene prioridades internacionales, como la de APEC en China. Y, por supuesto, que no está obligada a prestarse a un escenario particularmente hostil, en una ciudad convertida además en uno de los principales campos de batalla de la derecha y la ultraderecha españolas.
No se debe contribuir a un show de las derechas actuales, tan iracundas, que podrían, en su afán de golpear a la única mandataria latinoamericana de izquierda presente, terminar ensuciando la cumbre, algo que no merecen ni la sociedad española ni el rey.




