"Un pacto entre los que fueron, los que están y los que vendrán". Bajo esta idea, el patrimonio familiar deja de entenderse únicamente como un conjunto de bienes que cambia de manos y comienza a verse como una responsabilidad que conecta generaciones.
Cada septiembre, el Mes del Testamento vuelve a poner la sucesión en la conversación pública. Las campañas informativas, jornadas y beneficios notariales buscan que más personas den un paso indispensable: establecer jurídicamente qué ocurrirá con sus bienes.
Pero septiembre no debería ser relevante únicamente para quienes aprovecharán estas facilidades para hacer su testamento. También debería serlo para quienes ya tienen uno. Especialmente cuando detrás de ese documento existen empresas, inversiones, inmuebles, estructuras patrimoniales, intereses en diferentes países o varias generaciones involucradas.
Cada generación ocupa una posición diferente dentro de ese pacto. Los que fueron construyeron empresas, tomaron riesgos, acumularon conocimiento y sentaron parte de las bases del patrimonio. Los que están reciben esas decisiones, pero también tienen la responsabilidad de administrarlas, cuestionarlas y transformarlas. Los que vendrán recibirán las consecuencias de lo que la generación actual decida hacer o dejar de hacer. Por eso, la sucesión no comienza cuando se abre un testamento.
En México, 36 % de las empresas familiares identifica la sucesión y la transición generacional entre sus principales desafíos estructurales de largo plazo, mientras apenas 25 % reporta un alto nivel de confianza en la preparación de la siguiente generación.
"El testamento es indispensable, pero el legado no cabe completo en un documento. Hay conocimiento, responsabilidades, criterios y valores que necesitan transmitirse mientras las generaciones todavía pueden sentarse a conversar", señala Leon Harari, presidente y cofundador de Axxets.
Las familias patrimoniales han avanzado considerablemente en profesionalizar la administración de su riqueza. Existen comités de inversión, especialistas externos, estructuras corporativas, procesos para evaluar riesgos y tecnología capaz de consolidar activos mantenidos en distintas instituciones.
Es precisamente en este punto donde un Multifamily Office puede adquirir relevancia. Una de las conversaciones más importantes dentro del pacto generacional consiste en separar propiedad, gestión y gobernanza.
La sucesión, entonces, no debería consistir en replicar automáticamente el modelo de la generación anterior.
Cuando varias generaciones, empresas y activos conviven dentro de un mismo patrimonio, las reglas para tomar decisiones pueden adquirir tanta importancia como los propios bienes.
Un MultiFamily Office puede ayudar a ordenar esta complejidad y coordinarla con los especialistas legales, fiscales y financieros de la familia. Dependiendo de las necesidades de cada patrimonio, también pueden establecerse consejos familiares, comités, protocolos y otros mecanismos de gobierno que permitan convertir acuerdos implícitos en reglas comprensibles para las distintas generaciones.
A diferencia de una casa de bolsa o empresa de gestión de inversiones, la Family Office trabaja directamente para la familia; no tiene intereses ni vínculos con otras entidades.
En el caso de Axxets, su servicio de Family Office contempla gestión patrimonial, consolidación y conciliación de inversiones, acompañamiento a negocios familiares y planificación estratégica, además de planificación patrimonial y sucesoria. La firma plantea expresamente como uno de sus objetivos facilitar una transferencia fluida de riqueza entre generaciones.




