En el transcurso de la búsqueda de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa la lista de ausencias se amplió.
Durante los 12 años que han pasado desde la noche del 26 y la madrugada del 27 septiembre de 2014 —cuando los estudiantes de la normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa fueron secuestrados y asesinados—, a la fecha la lista de luto ha crecido.
Esta es la lista de madres y padres vinculados a las víctimas de Ayotzinapa que murieron buscando a los estudiantes. Que caminaron montañas y bajaron y subieron agrestes barrancas; que recorrieron calles de ciudades; que gritaron en marchas, hasta quedarse sin voz, que resistieron plantones, que soportaron el cansancio, el frío, el sol. Noches de espera a la intemperie que parecían interminables.
Son quienes estuvieron en cientos, en miles de reuniones en sencillas oficinas y faustuosos palacios con autoridades de tres gobiernos. Escucharon informes, promesas, compromisos, explicaciones, palabras de supuestos avances, pistas de dónde podría haber terminado sus hijos y muchas esperanzas. Volvieron una y otra vez a preguntar por sus hijos. Y otra vez. Y otra vez no les dijeron dónde estaban sus hijos. Aún no se sabe.
Preguntaron por sus hijos. Exigieron respuestas. Señalaron nombres, lugares, fechas. Siguieron cada pista -falsa o verdadera-, que conocieron. Cada indicio. Recorrieron brechas dónde intuían podrían estar sus hijos. También cuevas, cañadas. Cansados de tocar puertas en busca de respuestas siguieron.
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Y después de tanto tiempo, de todas esas marchas, de todas esas reuniones infructuosas, de todos esos kilómetros recorridos y de todas esas veces que volvieron a preguntar, murieron sin saber dónde están sus hijos.
Ocho de los progenitores de los jóvenes estudiantes desaparecidos hace 12 años han muerto. Se fueron luchando, pero sin saber dónde quedaron sus hijos.
Minerva Bello Guerrero, madre de Everardo Rodríguez Bello, murió en 2018. Ese mismo año falleció Tomás Ramírez Jiménez, padre de Julio César Ramírez Nava, uno de los estudiantes asesinados durante los ataques de Iguala. En 2021 murieron Saúl Bruno García, padre de Saúl Bruno Rosario, y Bernardo Campos Cantor, padre de José Ángel Campos Cantor. En 2022 falleció Ezequiel Mora Chora, padre de Alexander Mora Venancio. En 2025 murieron Donato Abarca Beltrán, padre de Luis Ángel Abarca Carrillo, y Genoveva Sánchez Peralta, madre de Israel Caballero Sánchez. En agosto de 2026 murió Francisco Rodríguez Morales, padre de Everardo Rodríguez Bello.
Entre el grupo de padres fallecidos en estos 12 años, sobresale el caso de los padres del normalista Everardo Rodríguez Bello. Madre y padre fallecieron en este contexto.
Estos son los progenitores de los normalistas
Minerva Bello Guerrero fue la primera del grupo de progenitores que falleció. Ocurrió en febrero de 2018.
El más reciente fallecimiento del grupo de padres de los 43 normalista fue Francisco Rodríguez Morales, murió el 21 de agosto de 2026, en la comunidad de Omeapa, municipio de Tixtla, Guerrero.
Everardo Rodríguez Bello, originario de San Juan Omeapa, en el municipio de Tixtla, Guerrero, tenía 19 años cuando desapareció con 42 de sus compañeros. Por su parecido con el cantante Kalimba, sus amigos lo llamaban igual que al artista o simplemente Kali.
Everardo, el normalista que ya no tiene padres que lo busquen; tenía una estrecha amistad con Jhosivani Guerrero de la Cruz, también del grupo de normalistas desaparecidos hace 12 años. Jhosivani es uno de los tres estudiantes identificados gracias a un resto ósea encontrado en la Barranca de la Carnicería, a 800 metros del basurero de Cocula.
Doña Minerva se integró de forma inmediata a las brigadas de búsqueda terrestre y a las caravanas de denuncia internacional tras la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa.
A los pocos años del suceso, su salud comenzó a deteriorarse gravemente a causa de un padecimiento de cáncer. La combinación del dolor emocional derivado de la ausencia de su hijo y la falta de tratamientos especializados en la región donde vivía aceleró su estado crítico, hasta que llegó la muerte el 4 de febrero de 2018. En su honor se nombró el Centro de Derechos Humanos Minerva Bello, organización civil que brinda acompañamiento jurídico y psicosocial a familias de personas desaparecidas en el estado de Guerrero.
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Francisco Rodríguez Morales, conocido afectuosamente como Don Pancho, era el esposo de Minerva Bello Guerrero y padre de Everardo Rodríguez Bello.
Después de la muerte de doña Minerva en 2018, don Pancho asumió la representación integral de su núcleo familiar en las asambleas del grupo de padres de los normalistas. Durante ocho años adicionales, mantuvo la promesa de no cesar en la búsqueda de Everardo, sosteniendo reuniones con autoridades federales e internacionales. Durante las primeras horas del 21 de agosto de 2026, a los 60 años de edad, falleció en su domicilio en la comunidad de Omeapa, Tixtla, por fallas orgánicas crónicas. Su muerte consumó la condición de orfandad biológica en la ausencia para su hijo Everardo Rodríguez Bello.
La lista tiene una particularidad dolorosa: no todos perdieron a un hijo desaparecido. Tomás Ramírez era padre de Julio César Ramírez Nava, quien fue asesinado durante los ataques la noche del 26 de septiembre y madrugada del 27 de hace doce años.
Por eso, cuando se habla de los ocho progenitores fallecidos, resulta más preciso referirse a ellos como padres y madres vinculados a las víctimas de Ayotzinapa y a la lucha por verdad y justicia.
En agosto de 2021, Saúl Bruno Rosario, que también era conocido como Saúl Bruno García, padre del normalista Saúl Bruno García, era originario del municipio de Ayutla de los Libres.
Don Bruno era campesino. Después de los hechos de hace doce años, su participación entre los padres de los desaparecidos destacó por su activismo en los recorridos de búsqueda en brechas y parajes agrestes de la sierra guerrerense.
El padre de Saúl padecía diabetes mellitus, enfermedad que se descompensó de manera severa a raíz de la tensión emocional ininterrumpida y la interrupción de sus controles médicos durante la fase más crítica de la pandemia de covid-19. Después de sufrir fallas metabólicas multisistémicas, falleció en agosto de 2021 sin recibir respuestas institucionales verídicas.
Ese mismo 2021, pero el 3 de septiembre murió Bernardo Campos Cantor, conocido dentro de la comunidad de la Normal Rural Isidro Burgos como Tío Pin.
Don Bernado fue el padre del estudiante desaparecido José Ángel Campos Santos. Campos Cantor, campesino y trabajador de la construcción originario de Tixtla, dedicó siete años a recorrer comisarías, barrancas y fosas clandestinas.
En septiembre de 2021, su organismo, físicamente mermado por extensas jornadas de movilización y episodios depresivos, colapsó tras contraer covid-19. Falleció en Chilpancingo debido a insuficiencia respiratoria aguda, dejando un testimonio constante de resistencia.
Ezequiel Mora Chora fue el padre de Alexander Mora Venancio, el primer normalista cuyos restos óseos (un fragmento de tobillo-diente) fueron identificados formalmente en diciembre de 2014 por el laboratorio de la Universidad de Innsbruck.
Pese a dicha identificación parcial, Don Ezequiel rehusó desvincularse de la exigencia colectiva y continuó marchando para demandar la presentación de los otros 42 compañeros de su hijo.
La noche del 28 de agosto de 2022, tras culminar una jornada de protesta en el municipio de Iguala, sufrió un paro cardíaco fulminante en el hotel donde fueron a descansar el grupo de padres de los normalistas, falleciendo de manera instantánea a los ocho años de la desaparición de Alexander.
Donato Abarca Beltrán era originario de la comunidad de Jalapa, municipio de Cuautepec, y padre del normalista desaparecido Luis Ángel Abarca Carrillo. Mientras su esposa e hijos asumieron la vocería pública en las marchas nacionales, Donato se refugió en el trabajo agrícola para sostener la economía familiar, cargando en privado con el impacto psíquico de la ausencia.
Esta contención del duelo derivó en un rápido deterioro vascular. La mañana del 29 de mayo de 2025, mientras dormía en las instalaciones de la Normal Rural de Ayotzinapa para participar en una movilización hacia la Ciudad de México, sufrió un paro cardiorrespiratorio fatal.
Genoveva Sánchez Peralta, nacida en Atliaca, municipio de Tixtla, era la madre del estudiante desaparecido Israel Caballero Sánchez.
Doña Genoveva representó durante más de once años la tenacidad de las madres campesinas de la región del centro del estado de Guerrero, enfrentando de manera paralela la escasez de recursos económicos y el desgaste de su sistema inmunológico.
Su salud decayó progresivamente a causa de afecciones vasculares y gastrointestinales asociadas al estrés postraumático no atendido. Murió el 4 de diciembre de 2025, convirtiéndose en la segunda madre del movimiento en fallecer sin encontrar a su hijo.
Estos ocho progenitores de los estudiantes de la normal Rural Isidro Burcos no alcanzó a ver cerrado el capítulo de su vida: Ayotzinapa.




