La discusión sobre pensiones suele quedarse atrapada en una falsa dicotomía: o se habla de jubilaciones, o se habla de crecimiento, vivienda y mercados financieros. Pero estos asuntos están íntimamente conectados. Un país que destruye o debilita su ahorro de largo plazo no sólo compromete las pensiones futuras: también encarece el crédito hipotecario, restringe el financiamiento de las empresas y reduce su capacidad de invertir, innovar y crear empleo.

La reciente reforma al mercado de capitales presentada por el gobierno ofrece una oportunidad para volver a mirar esa relación de conjunto. Su objetivo de estimular el ahorro, ampliar el financiamiento empresarial y facilitar el acceso a la vivienda apunta en una dirección correcta.

El sistema de AFP forma parte esencial de esa ecuación. Durante décadas, los fondos de pensiones ayudaron a desarrollar el mercado de bonos, a financiar empresas, infraestructura y vivienda, y a crear una base de ahorro interno que hizo posible acceder a crédito de largo plazo. Las AFP son inversionistas institucionales de gran escala, con horizontes de varias décadas, y requieren un mercado profundo, diversificado y líquido para invertir bien los recursos de los trabajadores.

Por eso, la reforma puede tener efectos positivos para las pensiones. Más emisores, bonos y vehículos de inversión para empresas de distintos tamaños, junto con una mayor presencia de inversionistas extranjeros y reglas más ágiles para movilizar capital, pueden ampliar las alternativas disponibles para las carteras previsionales. Una economía con más proyectos rentables y mejor acceso al financiamiento ofrece, en principio, mejores oportunidades de diversificación y de rentabilidad ajustada por riesgo.

También es relevante la autorización propuesta para que las AFP puedan realizar operaciones REPO y REPO inversas: instrumentos de liquidez transitoria respaldados por activos de alta liquidez y bajo riesgo. Bajo límites prudenciales y restricciones sobre el uso de los recursos y las garantías, pueden ayudar a gestionar mejor la liquidez del ahorro previsional.

El vínculo entre esta reforma y la vivienda merece especial atención. La creación del Fondo Nacional para la Vivienda (FONAVI) podría ampliar la liquidez y la capacidad de financiamiento hipotecario, liberando espacio en los bancos para otorgar nuevos préstamos, apoyando así a quienes buscan financiar su primera vivienda (de hasta UF 6.000, unos US$ 265 mil). Asimismo, la nueva cuenta de Ahorro Voluntario para la Vivienda (AVV) puede ayudar a las familias a reunir el pie necesario de 10%: 7% aportado por la persona y 3% por el Estado.

Este diseño permite abordar conjuntamente dos necesidades de largo plazo de las familias: acceder a una vivienda y contar con protección económica en la vejez. La vivienda propia y una pensión suficiente no compiten entre sí: ambas dependen de mecanismos de ahorro y financiamiento sostenibles. La reforma apunta correctamente a facilitar el pie mediante un aporte estatal que complementa el ahorro personal y a crear condiciones para un crédito hipotecario más accesible. A la vez, contribuye a fortalecer las condiciones para invertir y administrar adecuadamente el ahorro previsional.

La propuesta también requiere mejoras y cautela. Por ejemplo, el FONAVI debe operar con una evaluación rigurosa del riesgo fiscal y con incentivos adecuados para que los bancos mantengan estándares exigentes al originar créditos. El proyecto avanza en esa dirección al exigir que las entidades originadoras absorban una primera parte de las eventuales pérdidas; la discusión legislativa debiera asegurar que esa retención de riesgo sea efectiva y suficiente. Finalmente, también podría evaluarse que los actuales ahorradores de APV puedan destinar parte de esos recursos al pie de su primera vivienda sin perder sus incentivos tributarios, bajo requisitos estrictos.

Chile necesita volver a valorar el ahorro de largo plazo. Mejores pensiones, más vivienda y más inversión no son objetivos rivales: son partes de una misma estrategia de desarrollo. La reforma abre una oportunidad valiosa para reconstruir y fortalecer el círculo virtuoso entre ahorro, inversión, mercado de capitales y bienestar de los trabajadores y sus familias.

Por Manuel Tabilo, Gerente de Estudios de FIAP