SEÑOR DIRECTOR:

Los preocupantes resultados de la prueba PISA 2026 exigen una reflexión que trascienda la contingencia y apunte a las raíces del estancamiento en los aprendizajes. No podemos ignorar el profundo impacto que la irrupción desregulada de la IA y las RRSS está provocando en las capacidades atencionales y cognitivas de niños, niñas y jóvenes. Ante este escenario, la familia no puede ser un actor pasivo.

Si concebimos la formación desde la centralidad de la persona y una mirada integral que une, de manera indisociable, el desarrollo intelectual con el florecimiento humano, entonces entendemos que la tecnología, si bien ofrece un potencial inédito, hoy compite agresivamente por la atención que requiere la lectura profunda y el pensamiento crítico. El hogar debe consolidarse como el primer espacio de acompañamiento y discernimiento ético.

Los datos internacionales confirman que el rendimiento escolar mejora sustancialmente cuando existe una implicación familiar activa, rica en diálogo y vínculos afectivos sólidos. Abordar esta crisis educativa requiere una alianza profunda entre la escuela y el hogar. Frente a los riesgos de la fragmentación digital, el camino es propiciar entornos virtuales positivos y recuperar el valor del encuentro reflexivo en los hogares. Solo a través de esta corresponsabilidad lograremos orientar a las nuevas generaciones hacia un desarrollo integral, guiado por valores propios que se adquieren en la socialización primaria.

Natalia Salas Guzmán

Decana de la Fac. de Educación y Ciencias Sociales, U. Finis Terrae