Andrés Manuel López Obrador es como un refranero, un compendio de expresiones muy suyas. Una de ellas es que “su pecho no es bodega”, que dice casi siempre antes de soltar una crítica, una confesión o una descalificación. Eso significa: no guardarse nada. El detalle está en cuándo decir las cosas, contarlo todo, vaciar el pecho. En Pueblo, su último libro, un ensayo sobre la formación del Estado mexicano aderezado con sus memorias, el expresidente (2018-2024) lanza dardos a sus enemigos —políticos, empresarios, intelectuales y periodistas—, y revela algunas anécdotas que le vinculan a ellos, sobre todo encuentros y conversaciones. López Obrador (Tabasco, 72 años), fundador de Morena y referente de la izquierda mexicana, dirige duros calificativos a personajes de los que se ha distanciado —por ejemplo, el magnate Ricardo Salinas Pliego— a la vez que trata con gentileza a otros con los que mantiene cercanía tras años de tensiones —caso de Carlos Slim, otro empresario—.

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