En el cine mexicano, Pedro Infante podía ser carpintero, charro, policía, mecánico, vagabundo y hasta millonario sin perder el cariño del público. En la política nacional, hay quienes imaginan que Omar García Harfuch podría tener una carrera semejante; aunque todavía no termina de interpretar su papel como Secretario de Seguridad, ya hay quienes lo ven como galán, ídolo de multitudes y hasta presidente en el 2030.

El primero en organizarle abiertamente el casting presidencial fue Manuel Velasco, coordinador del Partido Verde en el Senado, quien no sólo se conformó con comparar al secretario con Pedrito Infante, sino que abrió la posibilidad de que su partido lo respaldara para la Presidencia. Para darle rigor histórico a semejante análisis cinematográfico, recordó que su abuelo, Manuel Velasco Suárez, atendió al cantante después del avionazo y lo operó. De manera que entre una intervención quirúrgica de mediados del siglo pasado y una candidatura que todavía no existe, el senador encontró una conexión familiar que ni los mejores guionistas de la Época de Oro se habrían atrevido a escribir.

Lo del Verde tampoco debería sorprender a nadie, porque ese partido lleva décadas protagonizando su propia versión de A toda máquina, siempre dispuesto a acelerar detrás del vehículo que encabece la carrera. Son tan ecológicos que reciclan sus principios cada sexenio. Su verdadera especialidad no es proteger especies en peligro de extinción, sino tener Un rincón cerca del cielo, jugando con quien pueda garantizar su supervivencia. Parecería que Velasco está apartando asiento en primera fila, por si la peli resulta un éxito de taquilla.

La presidenta Claudia Sheinbaum calificó las declaraciones de simple grilla. Lo curioso es que dentro de Morena, y ahora también dentro de sus aliados, el tiempo transcurre de manera distinta al calendario de la gente, pues para 2027 se inventaron una Escuela de vagabundos con coordinadores de la Defensa de la Transformación con candidatos que no son candidatos, hacen campaña sin hacer campaña y buscan votos que oficialmente todavía no pueden solicitar.

A Harfuch tantos aplausos podrían terminar por convertirlo en la oveja negra del gabinete. Primero fue la DEA, cuyo director lo calificó de socio confiable y buen amigo de Estados Unidos, un reconocimiento que, entre los sectores más radicales y nacionalistas de Morena, equivale a recibir una felicitación de la CIA en plena asamblea revolucionaria. Después llegó Velasco entonándole Amorcito corazón y ofreciéndole una Historia de amor presidencial, como si ignorara que en la política los elogios prematuros suelen ser munición para Los gavilanes, que sólo esperan el momento de lanzarse sobre quien se atreva a volar más alto.

Antes de llegar a Palacio Nacional, el secretario tendría que protagonizar varias películas. En Dos tipos de cuidado deberá aprender a compartir créditos con Marcelo Ebrard, mientras decide si le conviene convertirse en Pepe el Toro y subirse al ring, o interpretar a Tizoc, hablando poco y mirando lejos. Un riesgo de moverse demasiado pronto es terminar en Nosotros los pobres, llorando en la última escena mientras otro se queda con el papel estelar. A diferencia del Cine de Oro, donde los galanes morían jóvenes y se volvían leyenda, en la política mexicana lo único que muere prematuramente son los proyectos que alguien aplaudió demasiado pronto.

Además, en las producciones morenistas nadie tiene demasiado claro quién escribe el guion. Por lo que más que uno puede pecar de ser El inocente creyéndose el elegido, cuando la realidad es que ya hay Cartas marcadas.