Lo primero que hay que decir es que hizo un buen trabajo periodístico Irving Pineda, de TV Azteca. Honor a quien honor merece.
La motivación de su empresa no es precisamente la más ética. Las cosas como son: hasta Irving Pineda sabe que TV Azteca no ha financiado este y otros trabajos por un afán limpio y puro de buscar la verdad; tampoco lo ha hecho por la sola misión de informar. Y no tiene el menor sentido atribuir a esa televisora el afán de moralizar la vida pública de México.
Sabemos lo que ocurrió: Ricardo Salinas Pliego, dueño de TV Azteca, decidió convertirse en opositor después de haber sido durante años un empresario de medios —y de otros sectores— muy partidario del gobierno de López Obrador, como antes lo fue de los gobiernos del PRI y del PAN.
El señor Salinas Pliego claramente cambió su actitud cuando se le pidió cumplir con una obligación ciudadana: pagar impuestos. No quiso hacerlo y, por lo visto, esa fue la principal motivación de su transformación política.
El móvil podrá ser espurio, indigno y poco ético, pero el trabajo periodístico de Irving Pineda es correcto. Excelente, inclusive. Y no exagero.
El reportero de TV Azteca ubicó en Suiza a un personaje señalado desde hace tiempo por presuntos actos de corrupción durante el sexenio pasado: Jorge Amílcar Olán.
Antes de continuar diré que la 4T ha transformado para bien muchas cosas de la vida pública de México; sobre todo, ha logrado que disminuya la pobreza. Pero, ni hablar, no ha podido terminar con la corrupción, que viene de muy lejos, de muchísimo antes de López Obrador: la corrupción es una patente del PRI perfeccionada por el PAN y que la izquierda en el poder tendrá que erradicar para que el proyecto de transformación no naufrague.
Un ejemplo de esa corrupción histórica lo tenemos precisamente en la historia del propio Salinas Pliego. Conviene refrescar la memoria. La forma en que se hizo de TV Azteca fue mediante la privatización de la televisión pública.
Durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari se privatizó Imevisión —Instituto Mexicano de la Televisión—. Se licitó y ganó el grupo encabezado por Salinas Pliego, quien, como está documentado y él mismo reconoció, recibió un préstamo multimillonario en dólares de Raúl Salinas de Gortari, hermano del entonces presidente. Suciedad absoluta.
Quien tenga tejado de vidrio, que no tire piedras al del vecino. Le queda a la medida el dicho a Salinas Pliego. El suyo es el típico caso del comal que le dijo a la olla o del célebre burro que se ponía a cuestionar las orejas del vecino en el establo.
Y no sería la única acción cuestionable que podría documentarse del Tío Richie. Como también, desde luego, podrían documentarse muchas de una cantidad importante de empresarios de nuestro país. Está muy extendida la corrupción en México; fea cosa.
Tristemente, el presidente Andrés Manuel López Obrador no pudo controlar a su parentela y a los amigotes de sus hijos. Alguna vez me dijo Alfonso Martínez Domínguez, exgobernador de Nuevo León y político de relevancia nacional —sobre todo por su papel en los acontecimientos del famoso Jueves de Corpus—, que lo más difícil para un político era lidiar con las ambiciones de la familia.
Me lo dijo don Alfonso hace muchos años y nunca lo olvidé. Hoy lo recuerdo porque no pudo con sus hijos el querido, respetado, admirado, histórico Andrés Manuel.
Afortunadamente, no es algo en lo que esté fallando Claudia Sheinbaum. Estoy convencido de que la presidenta terminará su periodo como lo empezó: en una ejemplar medianía, como aquella de la que hablaba Benito Juárez.
Andrés Manuel no logró poner orden en algunas cosas en las que aparecieron involucrados sus hijos, al menos dos de ellos.
Jorge Amílcar Olán fue espiado. Es la verdad. Pero, carajo, si el espionaje es ilegal y condenable, en el caso de este personaje tan lamentable dio a conocer hechos que deben investigarse.
Imposible no recordar lo que Olán decía en grabaciones con otra persona cercana a la familia del expresidente acerca de la proveeduría de balasto para las obras ferroviarias construidas durante el sexenio pasado: “ya si se descarrila el tren es otro pedo”.
Eso es gravísimo.
Ahora Irving Pineda hizo su trabajo y encontró a Amílcar Olán en Lugano, en la Suiza italiana. Por lo que mostró el reportaje, Olán vive prácticamente encerrado en su vivienda. Durante una semana apenas salió unas cuantas veces: para sentarse en una banca a unos pocos metros de su casa a hablar por teléfono y, en una ocasión, para recoger a sus hijos en un colegio ubicado frente a la vivienda.
Para mí, semejante aislamiento solo puede ser producto de una profunda depresión. No pretendo hacer un diagnóstico psiquiátrico; es la impresión que me produce lo observado en el reportaje: un hombre prácticamente encerrado, sin camisa, tirado viendo la televisión, haciendo llamadas telefónicas y saliendo muy poco.
Es una vida triste, además, en uno de los lugares más caros y bellos del mundo, donde las propiedades cuestan muchísimo dinero.
¿Cuál es la situación migratoria de Amílcar Olán? La desconozco. El gobierno suizo deberá investigarlo, claro que sí.
Hay además un dato interesante aportado por el propio Irving Pineda y que yo desconocía: antes de los escándalos del sexenio pasado, Jorge Amílcar Olán se dedicaba a viajar a Suiza para comprar relojes y revenderlos en Tabasco.
Hay gente que hace eso. Es una actividad perfectamente legítima. Pero vender unos cuantos relojes en Tabasco difícilmente explica, por sí solo, una vida de grandes lujos en Lugano.
Así que la Fiscalía General de la República, esto es, Ernestina Godoy, tendría que abrir ya una carpeta de investigación.
El escándalo ya no lo para nadie. Independientemente de las motivaciones de quien generó la información, la noticia manda. Ricardo Salinas Pliego podrá tener sus propios intereses políticos, económicos y fiscales, y TV Azteca una línea editorial abiertamente opositora. Pero nada de eso invalida un trabajo periodístico bien realizado.
Irving Pineda hizo su trabajo. Ahora corresponde a las autoridades hacer el suyo.
López Obrador no merece lo que está pasando. Es un personaje de primer nivel en nuestra historia porque encabezó durante muchos años el movimiento social que finalmente llegó al gobierno en 2018.
Precisamente por eso, lo único que puede mantener intacta la credibilidad que muchos tenemos en la verticalidad y en la decencia de AMLO es una investigación a fondo de Amílcar Olán y de cualquier otro personaje involucrado en posibles actos de corrupción durante el pasado gobierno.
Sin proteger a nadie. Ahora sí que, caiga quien caiga.





