En la Ciudad de México, 40.2% de la población de 12 años y más se declaró soltera en 2025, frente a 37.2% registrado en 2020, mientras que la proporción de personas casadas bajó de 29.9% a 26.2% en el mismo periodo, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

La cifra abre una pregunta: ¿encontrar pareja se ha vuelto más difícil o las personas son ahora más selectivas al decidir con quién relacionarse?

Perla Leal, académica de la Licenciatura en Psicología de la Universidad Iberoamericana, explicó en un comunicado que detrás del aumento de la soltería existen cambios importantes en la manera en que hombres y mujeres construyen sus proyectos de vida, además de una mayor diversidad de criterios para elegir pareja.

Aclaró que el dato del Inegi debe leerse con cuidado, pues “soltera” corresponde a una categoría de situación conyugal y no necesariamente significa que cuatro de cada 10 capitalinos carezcan de una relación afectiva.

Durante décadas, agregó, el matrimonio ocupó un lugar central entre las expectativas sociales, particularmente para las mujeres. Sin embargo, su incorporación al mercado laboral y una mayor autonomía económica han permitido que formar una pareja deje de ser indispensable para cubrir necesidades materiales.

Al mismo tiempo, los proyectos personales se han diversificado y adquirido mayor peso. Esto, precisa, no significa que la familia haya perdido importancia, sino que compartir la vida con alguien ya no necesariamente constituye el objetivo alrededor del cual deben organizarse el resto de las decisiones.

También han aumentado los criterios para elegir pareja. Compatibilidad, valores, objetivos personales, expectativas profesionales, atracción física y proyectos de vida forman parte de una lista cada vez más amplia.

El problema, advirtió Leal, comienza cuando esos estándares se vuelven tan rígidos que prácticamente ninguna persona consigue cumplirlos.

En esos casos, considera necesario preguntarse si realmente se realiza una selección cuidadosa o si los filtros sirven para evitar la vulnerabilidad, la responsabilidad y las dificultades que inevitablemente implica construir una relación.

Una señal de alerta puede aparecer cuando alguien considera que absolutamente nadie cumple sus expectativas o descarta de manera constante a posibles parejas por defectos mínimos.

La académica explicó que esa conducta puede relacionarse, en algunos casos, con formas evitativas de vinculación, aunque advierte que no debe recurrirse al autodiagnóstico ni etiquetar a otras personas sin una valoración profesional.

Redes sociales elevan expectativas

A los nuevos estándares para elegir pareja se suma la exposición permanente a imágenes difundidas en redes sociales.

Leal explicó que plataformas como Instagram muestran diariamente cuerpos seleccionados, editados o preparados para aparecer frente a una cámara, lo que puede generar expectativas poco realistas cuando esas imágenes se utilizan como referencia para evaluar a las personas de la vida cotidiana.

“Estamos basándonos en idealizaciones”, afirmó la especialista al referirse a figuras extremadamente musculosas o delgadas promovidas en redes sociales.

Si una persona decide que únicamente se relacionará con alguien parecido a esos modelos, añade, disminuyen sus posibilidades de conocer a personas reales, cuyos cuerpos, pensamientos y emociones son distintos.

Por ello, propuso observar elementos adicionales a la apariencia física: cómo piensa la otra persona, cuáles son sus valores, hacia dónde dirige su vida y qué tan compatibles resultan sus objetivos.

La atracción física importa, puntualiza, pero representa sólo uno de los componentes de una relación.

Leal retomó además una de las ideas desarrolladas por el psiquiatra Aaron T. Beck en el libro Con el amor no basta: enamorarse no elimina por sí mismo las diferencias, los conflictos ni los esfuerzos necesarios para mantener una relación.

La académica indicó que los vínculos sustentados únicamente en características cambiantes, como el atractivo físico o sexual, pueden enfrentar mayores dificultades cuando esas condiciones se modifican.

En contraste, compartir valores y objetivos, además de desarrollar capacidad de adaptación, ofrece otros elementos para mantener una relación a largo plazo.

Soltería no es sinónimo de soledad

Leal también distinguió entre estar soltero y sentirse solo.

Explicó que existen personas que experimentan malestar por la falta de vínculos, pero también quienes viven lo que denomina “solitud”: permanecer sin pareja y sentirse tranquilos, satisfechos y plenos con esa condición.

Una persona puede encontrar bienestar en sus amistades, familia, proyectos profesionales y actividades individuales sin considerar la ausencia de pareja como una carencia.

Y si posteriormente inicia una relación, ésta puede integrarse a una vida que ya tenía objetivos y significado propios.

Así, detrás del 40.2% de capitalinos que se declararon solteros existen situaciones muy distintas: personas que buscan una relación, otras que han decidido postergarla, algunas que establecen filtros cada vez más exigentes y quienes simplemente no consideran indispensable tener pareja.

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