Las mujeres microemprendedoras en Chile no solo enfrentan mayores dificultades para acceder a financiamiento, educación y redes de apoyo. Incluso cuando logran acceder a estos recursos, obtienen menores beneficios económicos que los hombres. Esa es la principal conclusión de un estudio desarrollado por los académicos de Universidad de Las Américas, Rodolfo Lauterbach y Daniel Durán, publicado en la revista especializada Eurasian Business Review.
La investigación analizó información de la Sexta Encuesta de Microemprendimiento (EME6), correspondiente a 2019, que considera a 7.340 microemprendedores del país, de los cuales 2.968 son mujeres y 4.372 hombres. Los resultados muestran que los negocios liderados por mujeres registran ingresos netos anuales entre aproximadamente $1,7 millones y $3 millones inferiores a los obtenidos por sus pares masculinos.
Las barreras que persisten incluso con iguales oportunidades
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que la brecha no puede explicarse únicamente por diferencias en educación, financiamiento, características personales o condiciones de los negocios.
Mediante una metodología conocida como descomposición Oaxaca-Blinder, los investigadores estimaron que cerca del 75% de esta diferencia de ingresos se relaciona con que hombres y mujeres obtienen retornos distintos a partir de recursos y características similares. Solo una proporción menor responde a diferencias en las oportunidades efectivamente disponibles para cada grupo.
En términos simples, incluso cuando las mujeres cuentan con educación, financiamiento o experiencia comparable a la de los hombres, estos factores tienden a traducirse en menores ingresos para sus negocios.
“El estudio muestra que no basta con ampliar el acceso a determinados recursos. También es necesario comprender por qué esos recursos generan resultados distintos entre hombres y mujeres”, explica Lauterbach.

Mismos recursos, distintos resultados
La educación constituye uno de los ejemplos más evidentes detectados por la investigación. Si bien niveles educacionales más altos se asocian con mayores ingresos para todos los emprendedores, el efecto es significativamente más fuerte entre los hombres.
“Una licenciatura, y especialmente estudios de magíster o doctorado, se asocian con aumentos de ingresos considerablemente mayores entre los hombres”, señala Lauterbach.

Algo similar ocurre con el acceso al crédito. Mientras el financiamiento bancario tiene un impacto positivo y estadísticamente significativo sobre los ingresos de los hombres, en el caso de las mujeres el retorno estimado resulta menor.
A ello se suman otros factores estructurales, como las responsabilidades de cuidado, el menor acceso a redes empresariales y ciertas normas culturales que siguen condicionando las oportunidades disponibles para las mujeres en el mundo de los negocios.
No todos los sectores ofrecen las mismas oportunidades
El estudio detectó además una importante concentración de mujeres en sectores como comercio, manufactura y servicios, mientras que los hombres presentan una mayor participación en actividades como construcción, transporte y agricultura.
Según Durán, esta distribución puede contribuir a la brecha porque los distintos sectores ofrecen oportunidades muy diferentes de crecimiento, productividad y generación de ingresos. Sin embargo, precisa que no explica completamente el fenómeno.
“La diferencia de ingresos entre hombres y mujeres persiste incluso después de controlar por sector económico”, afirma.

Por lo mismo, sostiene que promover una mayor participación femenina en sectores de mayores ingresos puede ser parte de la solución, pero no resolverá por sí sola el problema.
“Para ampliar su participación en actividades innovadoras y de alto crecimiento se pueden combinar capacitación técnica, acceso a financiamiento, mentorías y redes empresariales, junto con incentivos para ingresar a áreas vinculadas a STEM”, explica.
A su juicio, el objetivo no debe ser dirigir a las mujeres hacia determinadas industrias, sino ampliar efectivamente las alternativas entre las que pueden elegir y competir en igualdad de condiciones.
Las claves para reducir la brecha
Los investigadores coinciden en que las políticas públicas y las estrategias de apoyo al emprendimiento femenino deben dar un paso adicional.
“Existe una doble desventaja”, explica Durán. “Las mujeres enfrentan mayores obstáculos para acceder a ciertos recursos y, además, cuando acceden a ellos, obtienen menores retornos económicos”.
Por ello, plantea que las soluciones deben combinar fortalecimiento de capacidades con mejoras en el entorno institucional. Entre ellas menciona financiamiento más inclusivo, programas de mentoría, fortalecimiento de redes empresariales, capacitación técnica y mecanismos que faciliten transformar educación y capital en crecimiento efectivo de los negocios.
Lauterbach coincide y plantea que el desafío es avanzar desde una lógica centrada exclusivamente en la igualdad de acceso hacia una mirada enfocada también en la igualdad de resultados.
“En financiamiento, por ejemplo, no solo importa que las mujeres accedan al crédito, sino también las condiciones, los montos y las posibilidades reales de utilizar esos recursos para aumentar la escala y productividad de sus negocios. Lo mismo ocurre con la educación: el desafío es que esas competencias puedan traducirse efectivamente en acceso a mercados, redes, clientes y oportunidades de crecimiento”, concluye.





