“Para que no se pueda abusar del poder es preciso que, por la disposición de las cosas, el poder frene al poder”.
Montesquieu, El espíritu de las leyes
Hay unos ausentes en el pleito que se traen Claudia Sheinbaum y Mauricio Kuri: los queretanos. Ellos eligieron al gobernador. Ellos necesitan policías preparados. Pero la discusión acabó girando alrededor de quién avisó a Palacio Nacional, quién recibió el oficio y quién debió pedir permiso para aspirar con poner una escuela de capacitación para agentes del orden. Los ciudadanos pueden esperar; primero hay que resolver quién manda…
Yo sí quiero que Kuri cumpla los requisitos. Todos. También quiero que la presidenta revise la información antes de repartir regaños. El gobernador de Querétaro no ocupa el cargo porque Claudia Sheinbaum se lo haya dado. No puede despedirlo porque le disguste su agenda. Federalismo le llaman...
El 2 de octubre, Kuri y el embajador estadounidense, Ronald Johnson, colocaron la primera piedra de una academia internacional de capacitación policial. Antes, el gobierno estatal notificó al canciller Roberto Velasco la visita del diplomático. El oficio, recibido por la SRE el 25 de septiembre, la describía como protocolaria y aclaraba que no establecía mecanismos directos de cooperación en seguridad o procuración de justicia. Hubo, además, representantes de Defensa, Guardia Nacional y FGR en el acto.
Así que la visita no era un secreto. Otra cosa es la autorización para la cooperación que prevé la academia: la Cancillería sostiene que el proyecto debe pasar por el Grupo de Alto Nivel de Seguridad. Avisar de una visita no autoriza todo lo que se anuncie durante ella. Pero tampoco permite hablar como si el gobierno federal hubiera estado completamente ajeno. Ese es el tamaño del asunto que había que aclarar.
Pero Palacio lo convirtió en regaño nacional. Y sus defensores añadieron el ingrediente de costumbre: entreguismo. Una primera piedra terminó cargando con el peso de toda la soberanía mexicana. ¡Qué resistencia la del cemento!
¿Qué entregó Kuri? ¿El mando de su policía? ¿El control de investigaciones? ¿Información reservada? Que lo expliquen. Una fotografía con el embajador no demuestra ninguna de esas cosas. La capacitación merece revisión; la acusación de haber vendido la patria necesita algo más que entusiasmo por condenar al panista.
El martes, la propia presidenta habló de nueve proyectos de cooperación de Querétaro con agencias estadounidenses aprobados por el gobierno federal. La academia, dijo, no estaba entre ellos. Perfecto: aclaremos qué falta para que este proyecto en comento pase a formar parte de esa lista. La colaboración existía antes del escándalo. Lo que se discute es una autorización, no el descubrimiento de una conspiración internacional.
Si Sheinbaum no conocía del aviso, que pregunte a su equipo dónde se atoró. Si lo conocía y le pareció insuficiente, que explique qué información faltaba.
¿Incompetencia o ganas de armar pleito? No lo sé. Lo que sí sé es que el gobierno federal también debe responder por lo que recibe, por lo que revisa y por lo que le comunica a la primer mandataria. El desorden de Palacio no puede convertirse automáticamente en culpa del gobernador.
Y aquí aparece lo más revelador: para algunos defensores de la presidenta, ni siquiera bastaba con que el gobierno local acudiera a informar a las dependencias federales. Kuri tenía que consultarla personalmente. Pedirle su parecer. Obtener su bendición. Como si la SRE fuera un buzón decorativo y la verdadera autorización se expidiera en audiencia presidencial… Tantos años de denunciar el presidencialismo priista para acabar extrañándolo con semejante devoción.
Ahora resulta que un gobernador puede tener atribuciones, presupuesto y mandato de sus ciudadanos, pero todavía debe averiguar si a la presidenta le parece oportuno que los use…
Hay una trampa en esa forma de gobernar: a los estados se les exige responder por la inseguridad, pero se les mira con sospecha cuando buscan ayuda para enfrentarla. Mucha autonomía para cargar con el fracaso; poca para intentar un acierto. ¡Uy! Y si el gobernador es de oposición, hasta la iniciativa viene con agravante.
No necesito volverme defensora de Kuri para rechazar esa lógica. Me basta recordar para quién trabaja. Debe rendir cuentas a los queretanos y cumplir la ley, aunque eso incomode a su partido o a cualquier otra fuerza política.
Por cierto, la presidenta debiera hacer lo mismo con todos nosotros, los mexicanos, aunque eso incomode a sus aduladores.
Por eso la pregunta útil sigue esperando: ¿esta academia prepararía mejor a los policías? ¿Con qué programas, bajo qué controles y con qué resultados? Si hay requisitos normativos pendientes, que se cumplan. Si el proyecto tiene riesgos, que se expliquen. Ese trabajo le corresponde al gobierno federal, sí. Pero convertir cada desacuerdo en una sospecha de deslealtad es otra cosa y eso le corresponde a la propaganda.
México necesita gobernadores capaces de resolver problemas. Un poder central que exige iniciativa y castiga cualquier iniciativa ajena enseña una lección bastante miserable: más vale esperar instrucciones que arriesgarse a destacar.
Doña Claudia, los gobernadores no son sus empleados. Y los ciudadanos no votamos para convertirnos en espectadores de su relación con ellos. Mientras la presidencia exige explicaciones y Kuri exhibe oficios, el policía sigue necesitando preparación.
El agente de seguridad sí que es empleado del Estado. A ver si, entre tanto jefe ofendido, alguien se ocupa de darle herramientas para trabajar.





